El índice de producción industrial del Indec registró una caída del -5,0% m/m (serie desestacionalizada) y -4,9% a/a en julio. En lo que va del año acumula una baja de -3,3%. En julio volvió a los niveles de junio de 2024, en pleno piso de la recesión, y ya lleva dos años de estancamiento. Respecto a noviembre de 2023 se encuentra por debajo 9,1%.
La industria vuelve al piso de la recesiónLa recesión industrial es generalizada: de las 16 divisiones del IPI-INDEC, 12 cayeron en los últimos doce meses y apenas 2 se ubican por encima del promedio de 2023. Encabezan el retroceso maquinaria y equipo (-39,6%), textiles (-38,7%) y otros equipos (-35%); vehículos automotores y autopartes cae -21%. Son, en su mayoría, ramas intensivas en empleo y ligadas a la construcción y al consumo de bienes durables.
Crédito, dólar y costos: la tormenta perfectaEl Gobierno subestima el factor cambiario como causante de la caída sectorial y atribuye la parálisis a una «reconversión productiva» y al estancamiento del crédito, que empezó a frenarse en la segunda mitad de 2025 y todavía no repunta. El endurecimiento de las tasas de 2025 encareció el financiamiento, deterioró las carteras bancarias y llevó a los bancos a racionar el crédito, con un impacto parejo sobre empresas y familias: la mora de las empresas pasó de 0,7% en diciembre de 2024 a 3,5% en junio de 2026.
A esto se suman otros frentes: el tipo de cambio bajo, la apertura económica, la sobreoferta de productos chinos, la presión impositiva, la caída de la demanda doméstica y la suba de costos.
Así, el salario industrial en dólares corrientes volvió a los niveles de noviembre de 2023 (previo al salto devaluatorio de diciembre del 118%) y, en términos reales, está apenas por debajo del pico de diciembre de 2017, aunque en poder adquisitivo cayó con fuerza (16,0%). Frente a Brasil, nuestro principal socio comercial, los salarios en dólares son 2,5 veces más altos, por encima del promedio de los últimos 30 años y en niveles similares a los de 2013, 2017 y 2023 según los registros oficiales.
El costo de la energía para grandes usuarios industriales también tocó un pico histórico: el costo energético mayorista está 240% por encima del vigente en la Convertibilidad y 40% por encima del que regía con Macri.
Capacidad ociosa e impuestos que castigan la competitividadPor otro lado, a muchas firmas operar a escalas tan bajas castiga la productividad, porque aumenta la incidencia de los costos fijos: en julio, la capacidad de utilización industrial que reporta el INDEC fue del 59,1% una de las más bajas de toda la serie para ese mes, con 5 de las 12 ramas con una utilización por debajo de la mitad de su capacidad.
A esto se suma una carga impositiva altamente distorsiva: Argentina recauda 7% del PBI en impuestos al comercio exterior, transacciones financieras, ingresos brutos y sellos, siete veces más que la OCDE (1% del PBI) y casi el cuádruple que la región (2% del PBI). Son impuestos que golpean directamente la competitividad y la productividad de las firmas.
El único dato que podría leerse como positivo —el crecimiento de 40,5% de las manufacturas de origen industrial (MOI) en dos años— hay que tomarlo con pinzas: más de la mitad corresponde a oro y litio, y sumado a las exportaciones de pickups y otros objetos valiosos explican el 80% del aumento. El resto de los sectores industriales apenas aporta el 20% restante.
Inversión y empleo industrial, en mínimosLa crisis también se ve en las horas trabajadas por los asalariados registrados. Tras el freno de la recuperación de la segunda mitad de 2024 —previo al shock electoral y a la posterior suba de tasas—, ya en el primer trimestre de 2025 el sector anotó una baja de -1,6% i.a. Un año después, en el primer trimestre de 2026, la caída se profundizó a -4,8% i.a. en la industria, muy por encima del -3,1% del conjunto del sector privado. El empleo formal viene mostrando un deterioro persistente.
La inversión en maquinaria y equipos se ubicó en el primer trimestre en 3,9% del PIB, el nivel más bajo de toda la serie que arranca en 2004. A nivel agregado, la inversión fue de 14,4% del PIB, cerca de los mínimos históricos. Sin formación bruta de capital fija por encima del nivel de depreciación no hay crecimiento del stock de capital ni crecimiento futuro: para eso, Argentina necesitaría sostener tasas de inversión de al menos 18%-20% del PIB, el piso estimado para no descapitalizarse.
Sin estrategia productiva, el riesgo de perder capacidadesEl Presidente, en un discurso reciente, puso como ejemplo a seguir a la industria textil italiana, que se reconvirtió hacia segmentos de mayor calidad para competir con Asia. Es un caso interesante, pero omitió señalar que detrás hubo un fuertísimo impulso estatal para transformar la cadena productiva, elevar los estándares de calidad e insertarse internacionalmente. Lo mismo con Australia, otro ejemplo citado por el Gobierno, donde el Estado orquestó planes de transformación sectorial de varios años. En Argentina prácticamente no hay ninguna política de ese tipo a gran escala.
Como señala Bernardo Kosacoff: «Argentina no se puede dar el lujo de perder activos que llevó décadas construir. Hay capacidades de competencia, equipos de ingenieros, capacidades empresariales que, si no les das respuestas, en el mediano plazo hacen que la macro no sea sustentable.» Sin una estrategia productiva —aunque, como dice el actual secretario de Coordinación Productiva, Pablo Lavigne, «no hay mejor política industrial que no tenerla»— y sin una macroeconomía que acompañe, es difícil que la industria entre en un círculo virtuoso de crecimiento, orientación exportadora y mayor productividad.
De seguir así, el impacto fiscal será creciente: un tercio de la recaudación de IVA proviene de la industria, frente a apenas 3,9% del agro y 3,6% de la minería, sectores que —por más dinamismo que muestren— difícilmente puedan compensar su caída). Parafraseando a Carlos Pellegrini «Sin industria no hay nación», difícilmente hay macro virtuosa con semejante perdida de capacidades.
