De Messi a Cristiano Ronaldo: los futbolistas que son dueños de un club

De Messi a Cristiano Ronaldo: los futbolistas que son dueños de un club

El avance de Lionel Messi como empresario del fútbol refleja una tendencia que dejó de ser una rareza dentro de la industria. La compra del Eldense amplía su presencia en España después de la adquisición de la Cornellà en abril, un paso que lo posiciona dentro de un nuevo mapa de poder en el negocio global del deporte. Sin embargo, lejos de ser un movimiento aislado, forma parte de una estrategia más amplia que también incluye su vínculo con Leones FC, impulsado por su entorno familiar, y su sociedad con Luis Suárez en Deportivo LSM, en Uruguay.

La operación por el Eldense todavía está pendiente de la autorización del Consejo Superior de Deportes (CSD). El club, que compite en la Segunda División española, presentó la llegada del argentino como el inicio de un proyecto a largo plazo para impulsar su crecimiento deportivo, institucional y social. El comunicado no detalló el precio de la compra ni los compromisos de inversión.

Este giro responde a un fenómeno cada vez más visible: los futbolistas ya no solo protagonizan el espectáculo, también buscan controlarlo. El crecimiento del fútbol como industria global, donde los clubes funcionan como marcas, plataformas de contenido y activos financieros, abrió oportunidades para que las figuras aprovechen su imagen, sus contactos y su conocimiento del deporte en proyectos que pueden continuar después del retiro. En ese escenario, Messi empieza a involucrarse en la gestión, la inversión y la construcción de un legado empresarial propio.



Lionel Messi y David Beckham en el Inter Miami. (AP)

Messi no está solo. En Europa y otras ligas, múltiples estrellas, muchas aún en actividad, avanzaron en la misma dirección. Kylian Mbappé, por ejemplo, se convirtió en accionista mayoritario del SM Caen, con la intención de modernizar su estructura y potenciar el desarrollo de juveniles. Vinícius Júnior hizo lo propio al adquirir una participación mayoritaria en el FC Alverca, con foco en la formación de talento entre Portugal y Brasil. 

También Luka Modrić se sumó a esta lógica con una inversión en el Swansea City, mientras que N’Golo Kanté apostó por el control total del Royal Excelsior Virton para reestructurarlo desde sus bases. Los casos muestran que no existe un único modelo. Algunos futbolistas adquieren el control, otros ingresan como socios minoritarios y otros se integran a grupos inversores.



A esta ola se suman movimientos más recientes que consolidan la tendencia. Cristiano Ronaldo avanzó con la compra del 25% del Almería a través de CR7 Sports Investments, una nueva filial creada dentro de su estructura empresarial CR7 S.A. para canalizar inversiones deportivas, además de ampliar su participación en el Al-Nassr, el club donde juega actualmente. 

Entre las incorporaciones más recientes aparece Alexandre Pato, quien se sumó como inversor y director al proyecto de Sports Alpha Capital, el grupo que adquirió el 70% de Northampton Town Ventures Limited, la sociedad vinculada al club de la cuarta división inglesa. Su participación amplía la lista de exjugadores que buscan continuar dentro de la industria desde la propiedad y la gestión.

Otros futbolistas optaron por participaciones minoritarias. Thibaut Courtois ingresó al proyecto del Le Mans FC mediante su vehículo de inversión NXTPLAY, mientras que Juan Mata se convirtió en accionista de San Diego FC. Estas inversiones permiten acompañar el crecimiento de una institución sin asumir necesariamente su control ni la administración cotidiana.



En paralelo, los ex futbolistas también marcaron el camino y hoy funcionan como referencia. David Beckham fue uno de los impulsores del Inter Miami, junto a sus socios, y convirtió a la franquicia en un proyecto de alcance internacional. El club también contempla la incorporación de Messi a su propiedad después de su etapa como jugador, según explicó públicamente Jorge Mas.

Gerard Piqué transformó al FC Andorra bajo una lógica empresarial moderna, mientras que Mesut Özil forma parte de un grupo de inversionistas que posee acciones en el Necaxa y Zlatan Ibrahimović generó fuerte repercusión en Suecia al involucrarse con el Hammarby IF. Cada caso combina de manera diferente el aporte financiero, la imagen del ex jugador y su intervención en las decisiones del club.



 En Sudamérica, Ronaldo Nazário también fue uno de los grandes protagonistas de esta tendencia con sus inversiones en Cruzeiro y Real Valladolid, aunque posteriormente se desprendió de ambos proyectos. Vendió su participación en Cruzeiro en 2024 y anunció la venta de su paquete mayoritario en Valladolid a un grupo inversor norteamericano en mayo de 2025. Su recorrido muestra que estas inversiones también pueden incluir una etapa de salida y cambio de propietarios.

También aparecen casos con impronta propia, como el de Héctor Bellerín, que invirtió en el Forest Green Rovers con un modelo centrado en la sostenibilidad ambiental, o el de Cesc Fàbregas, que pasó de accionista a entrenador del Como 1907 y lideró su crecimiento deportivo. 

Incluso figuras como Didier Drogba y Paolo Maldini incursionaron en proyectos propios en Estados Unidos con Phoenix Rising FC y Miami FC (NASL) respectivamente, ampliando el mapa de inversiones futbolísticas. Sus antecedentes amplían un mapa que abarca clubes tradicionales, instituciones del ascenso y equipos creados para competir en mercados en expansión.



Gerard Piqué en su llegada al Andorra. (@fcandorra)

La participación de futbolistas como propietarios suma algo más que dinero. Su reconocimiento puede atraer sponsors, ampliar audiencias y abrir mercados para la venta de productos oficiales. Sin embargo, convertir esa atención en ingresos sostenidos exige una estructura de gestión, una estrategia comercial y resultados deportivos que acompañen el proyecto.

La inversión también implica riesgos. Los propietarios deben afrontar gastos operativos, contratos, infraestructura y necesidades de financiamiento. La imagen de una estrella puede aumentar la visibilidad de un club, pero su crecimiento depende de cómo se administren esos recursos y de la capacidad para sostener el desarrollo más allá del impacto inicial.



Por eso, la compra del Eldense representa un nuevo paso en la expansión empresarial de Messi y un ejemplo de la creciente participación de futbolistas en la propiedad de clubes. Después de invertir en una institución formativa como el Cornellà, el argentino suma un equipo profesional y un desafío de mayor dimensión deportiva y económica.

Con 39 años y mientras continúa jugando en Inter Miami, Messi empieza a construir el futuro que había anticipado: desarrollar instituciones, dar oportunidades a jóvenes y permanecer vinculado al fútbol desde otro lugar. El desafío será transformar el alcance mundial de su nombre en crecimiento sostenido para los clubes con los que se involucra.

Ronaldo, campeón del mundo con Brasil en Estados Unidos ’94 y Corea-Japón 2002, fue propietario de Cruzeiro y Real Valladolid antes de vender sus participaciones. (AP)