La reelección de Javier Milei parece estar asegurada… para el mercado. La percepción generalizada entre los inversores financieros en torno a que el gobierno libertario tendrá otros cuatro años más de gestión subyace tanto en la relativa calma del dólar como en la suba de los bonos y la caída del riesgo país.
No obstante, a contramano del optimismo del mercado, buena parte de la sociedad exhibe claras señales de fatiga ante bolsillos cada vez más flacos. El interrogante es cuál de esos dos mundos contrapuestos terminará predominando sobre el otro en los próximos meses dado que eso determinará, entre otras cuestiones, la intensidad de la demanda de dólares en la previa de las elecciones presidenciales del año próximo y la evolución tanto del consumo como de la actividad económica.
«La pregunta sería ¿puede ganar el oficialismo con este bolsillo, sin un boom de consumo y con una economía real magra?, y la respuesta es: creo que sí», dijo a El Economista Elisabet Bacigalupo, responsable del equipo macroeconómico de Abeceb. «A priori, el oficialismo no necesita llegar a las elecciones con una economía exuberante, aunque sí necesitaría llegar con una secuencia un poco más convincente, con la inflación bajando, con el dólar más o menos estable, con la actividad mejorando un poquito: la clave está más en la pendiente que en el nivel», agregó.
Esos requerimientos modestos para ganar la elección del año próximo están ligados en buena parte a la debilidad –y dispersión- que presenta hasta ahora la oposición. Bajo esas condiciones, en la City la sensación predominante es que habrá otro mandato de Milei. Según un informe publicado la semana pasada por Adcap, actualmente el mercado parece estar descontando una probabilidad cercana al 83% de reelección en los precios de los bonos soberanos en dólares.
Sin embargo, esa percepción generalizada empieza a ser desafiada incluso por economistas que, aún con duros cuestionamientos, comparten los trazos gruesos del programa económico.
«Por primera vez en 40 años, difiero de la probabilidad que mis clientes le dan a la reelección: ellos ven una certeza altísima; yo veo una transición muy compleja», dijo el economista Miguel Ángel Broda hace unos días en una entrevista. «La reelección del presidente depende de que el resto de la economía -no la parte que crece- crezca 2% de acá en adelante. ¿Va a crecer ese 2%? Lo veo difícil, porque los motores están muy averiados», agregó.
La gran pregunta es si el esquema económico está en condiciones de entregar al menos un alivio a la sociedad o si el programa ya ingresó en una encerrona que, sin cambios, solo tiene más ajuste por delante. Por de pronto, el panorama para la vida cotidiana de buena parte de la sociedad es sombrío. Los ingresos siguen corriendo detrás de los precios: entre enero y mayo, los salarios del sector privado registrado acumularon una suba del 12,3% y los del sector público, del 13,7%, ambos por debajo de la inflación del 14,7% en ese período. Esa caída de los ingresos reales se agrega a la registrada a lo largo de 2025.
El descenso sostenido del poder adquisitivo, en un contexto de aumento de los gastos fijos y de creciente precarización del empleo, viene impulsando la morosidad a niveles record. La irregularidad en los créditos bancarios a las familias saltó del 2,5% en octubre de 2024 al 12,3% en mayo pasado, mientras que en las fintech y billeteras virtuales pasó del 7,3% al 29,6% en el mismo período.
Esos impactos directos sobre el día a día de buena parte de la sociedad se vienen reflejando cada vez con mayor nitidez en los estudios de opinión pública.
En los mercados financieros sorprendió el resultado del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella correspondiente a julio. Ese indicador cayó 6,5% con respecto al mes anterior y el promedio descendió al nivel más bajo de la administración Milei.Si bien el ICG no hace foco en lo electoral, el índice suele correlacionar con la intención de voto de los oficialismos. Con los números de junio, el gobierno estaría obteniendo un caudal algo inferior al 40%, lo que no le permitiría evitar el temido ballotage. Según la mayoría de los sondeos, la imagen negativa tanto del presidente como del gobierno supera el 50% y en algunos casos ya supera el 60%, un rechazo que pondría en alto riesgo la reelección en una eventual segunda vuelta electoral.
¿Qué puede dar la economía?El panorama actual está muy lejos del esperado por el gobierno hace unos meses. En diciembre, Milei había asegurado que la inflación iba a ser de «cero coma algo en agosto». Lejos de eso, el índice de precios viene creciendo a un ritmo cercano al 2% mensual.
Tampoco la actividad económica avanza en línea con los augurios de la Casa Rosada. En abril, el ministro de Economía, Luis Caputo, señaló que la economía había entrado «en un proceso virtuoso en el cual los próximos 18 meses van a ser los mejores que Argentina haya visto en las últimas décadas». Sin embargo, el último indicador oficial, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) de mayo de 2026, registró una caída mensual de 0,5% desestacionalizada respecto al mes anterior.
Los datos de junio marcan que la tendencia negativa continuó con un retroceso en el consumo masivo y caídas en sectores clave como la industria y construcción. En tanto, los primeros números de julio también son negativos.
La recaudación del Impuesto al Valor Agregado (IVA), que sirve como termómetro directo del consumo interno, subió un 32,8% nominal, por debajo de la inflación interanual (33,5%). A eso se suma que los patentamientos de automóviles y comerciales se derrumbaron en julio 7,7% contra el mes anterior y 30,3% interanual, según la Asociación de Concesionarios de Automotores de la República Argentina (ACARA). A favor, el patentamiento de motos se disparó 30,4% interanual en julio.
Los indicadores de actividad y consumo siguen lejos de los pronósticos –y deseos- del gobierno, pero eso no parece anticipar cambios. Aún con la necesidad de mostrarle al mercado y al resto del sistema político que la reelección es el escenario más probable, Milei no solo se mostró nada empático con los millones de morosos («¿Les pusieron una pistola en la cabeza?»), sino que reafirmó que su estrategia económica no va a cambiar por el calendario político. «No voy a hacer populismo, voy a morir con las botas puestas», sostuvo el domingo pasado en una entrevista.
«Dadas las prioridades que tiene y a las restricciones que enfrenta en parte por sus propias decisiones, el gobierno no tiene margen para aplicar políticas expansivas», dijo Bacigalupo. «Puede haber una iniciativa muy puntual como usar fondos del FAL (Fondo de Asistencia Laboral) o alguna idea de usar recursos del FGS (Fondo de Garantía de Sustentabilidad) del ANSES para promover el crédito hipotecario, pero no será una típica política expansiva monetaria y fiscal porque no hay margen, no van a ir por un bombazo de demanda agregada ni por nada parecido», agregó
¿Alcanzará?Trascurridas dos terceras partes del mandato, la mayoría de la sociedad ya atribuye al actual gobierno la principal responsabilidad por la situación económica, según las encuestas. Ese estado de la opinión pública, muy diferente al de un año atrás, es motivo de preocupación incluso en el Fondo Monetario Internacional (FMI). En su reciente visita al país, la titular del organismo, Kristalina Georgieva, dejó traslucir su inquietud por la dificultad evidente que exhibe la economía para que el crecimiento en los sectores ganadores –energía, minería y agro- llegue al resto de los rubros, sobre todo a las pymes.
El temor que subyace es que una consolidación de la caída en la imagen del gobierno adelante e intensifique la demanda de dólares por cobertura electoral, un escenario que resentiría también el consumo y la actividad. En cualquier caso, el gobierno cuenta con algunos activos potentes para intentar contrarrestar esos riesgos.
«Hay consenso del mercado en algunos factores que pueden sostener electoralmente al oficialismo, como la estabilidad, que tiene un valor propio: es cierto que la gente no vota por planilla de IPC (Índice de Precios al Consumidor), pero sí valora dejar de correr detrás de los precios y del dólar», dijo Bacigalupo. «Además, en la elección se comparan alternativas: el votante no solo compara la economía real con una economía ideal, sino también con la propuesta opositora y con el pasado reciente», agregó.
En ese marco, la apuesta del gobierno es a llegar a las elecciones con alguna mejora, aunque sea en el margen. «Una inflación acercándose al 1%, salarios recuperándose gradualmente y crédito reapareciendo muy incipientemente, sumado a que la mora probablemente empiece a pegar la vuelta después de haber tocado pico, podrían dar la sensación de que la estabilidad deje de sentirse como ajuste, sino como futuro», dijo Bacigalupo. «La mejora en el margen puede ser políticamente potente», añadió.
Aún si se concretaran esas mejoras, el resultado electoral también estará muy condicionado a cómo finalmente se ordene la oposición. En esa línea, Adcap señala que «la experiencia del gobierno de Mauricio Macri constituye una referencia útil: el Índice de Confianza en el Gobierno (de la UTDT) cayó casi de manera ininterrumpida hasta abril de 2019, pero en las elecciones generales Cambiemos logró retener la mayor parte de los votos obtenidos en las legislativas».
«Finalmente, no alcanzó para ganar, pero los factores decisivos fueron el resultado de las PASO y una oposición que llegó unificada, más que los niveles de confianza en sí mismos», concluyó el informe. Aún con la sostenida tendencia a la baja de la imagen presidencial que exhiben las encuestas, el mercado confía –por ahora- en que habrá otros cuatro años de gobierno libertario. Para saber finalmente si esa apuesta será la correcta todavía restan catorce meses por delante, una eternidad para los tiempos de Argentina.
