Lionel Messi volvió a España y recibió un reconocimiento que trasciende los goles, los récords y los títulos. El abrazo de un país que lo vio crecer y lo reconoce como parte de su historia. Entre multitudes, homenajes y encuentros con la realeza, el rosarino fue distinguido con el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026 en Oviedo. La visita volvió a mostrar el alcance de su figura: un ídolo argentino capaz de despertar admiración lejos de casa y de llevar la bandera nacional a los escenarios más prestigiosos del mundo.
Acompañado por Antonela Roccuzzo, Messi protagonizó dos jornadas en las que el protocolo convivió con el fervor popular. Hubo fanáticos que lo esperaron con camisetas del Barcelona y de la Selección Argentina, chicos que pudieron escucharlo de cerca y una ceremonia en el Teatro Campoamor que reconoció tanto su trayectoria deportiva como su compromiso con la educación y la salud infantil. España celebró al futbolista que marcó una época, pero también a la persona detrás de una carrera extraordinaria.
La expectativa por su presencia quedó reflejada antes de su llegada: los 4.700 pases gratuitos para el público general se agotaron en apenas 13 minutos, con un pico de 16.200 usuarios conectados simultáneamente. Las localidades correspondían al encuentro en el Palacio de los Deportes de Oviedo, que contó además con 1.500 lugares reservados para integrantes de la comunidad educativa. La convocatoria anticipó lo que después se vio en las calles: miles de personas movilizadas por la posibilidad de compartir un momento con el argentino.
El jueves, al llegar al Hotel de la Reconquista, Messi encontró una multitud que lo esperaba detrás de las vallas. Se acercó a firmar autógrafos, posar para fotografías y agradecer las muestras de cariño. En una agenda atravesada por actos oficiales, ese intercambio dejó una de las imágenes más representativas de la visita.
Messi firma una camiseta argentina entre los fanáticos que lo recibieron en Oviedo. (AFP)
El regreso tuvo un significado especial. España fue el país al que llegó siendo un chico y donde se convirtió en una figura universal. En Barcelona se formó, construyó buena parte de su vida familiar y protagonizó una etapa que transformó la historia del club. Volver para recibir una distinción de este alcance reunió esas dos dimensiones: la del deportista que conquistó estadios y la de quien conserva un vínculo personal con el lugar donde creció.
Por la tarde, el homenaje encontró su expresión más cercana en el encuentro con estudiantes, docentes y aficionados, del que también participó el exfutbolista español Santi Cazorla. La actividad formó parte de «El juego del 10», una propuesta del programa cultural «Toma la palabra» de la Fundación Princesa de Asturias, que trabaja con alumnos sobre inclusión, respeto y juego limpio a través del fútbol.
Ante los chicos, Messi habló de sus comienzos, de los errores y de la necesidad de disfrutar. «Para crecer, hay que aprender de la derrota y saber perder», sostuvo. Su mensaje puso en palabras una parte fundamental de su recorrido: aprender a levantarse, volver a buscar la pelota y sostener los sueños incluso después de las frustraciones. También recordó que el deporte ofrece algo tan valioso como una victoria: la posibilidad de hacer amigos y compartir.
Messi recibe el abrazo de una joven durante el encuentro con estudiantes en Oviedo. (@fpa)
El viernes, la visita adquirió su dimensión institucional. La princesa Leonor recibió a los galardonados en el Hotel de la Reconquista, antes de la ceremonia de entrega en el Teatro Campoamor. Allí, la distinción al argentino lo reunió con personalidades e instituciones reconocidas por sus aportes a las artes, las letras, la ciencia y la cooperación internacional.
El jurado destacó la calidad excepcional de su fútbol, la constancia de su trayectoria y los valores que transmite dentro y fuera de la cancha. A sus conquistas deportivas se sumó el reconocimiento por su trabajo solidario: Messi es embajador de buena voluntad de UNICEF desde 2010 y, a través de su fundación, acompaña iniciativas destinadas a mejorar el acceso a la educación y la salud de chicos en situación de vulnerabilidad.
El galardón incluye una escultura diseñada por Joan Miró, un diploma acreditativo, una insignia conmemorativa y 50.000 euros. Su significado, sin embargo, excede la recompensa económica: incorpora su nombre a una distinción que reconoce la capacidad del deporte para dejar una huella en la sociedad.
La visita también tuvo un momento de profunda emoción cuando Messi recordó a su padre, Jorge, fallecido el 8 de agosto. En una entrevista con EFE, contó que había sido uno de los principales impulsores de su viaje a Asturias, aun cuando los compromisos con Inter Miami complicaban su presencia. «Él estaba muy ilusionado con este premio», expresó.
El rosarino recuperó además una enseñanza de su padre que lo acompañó desde chico: no dejar de intentar, aunque una jugada o un partido salieran mal. En medio de los homenajes, ese recuerdo devolvió la historia a su punto de partida: un chico con una pelota, una familia que lo acompañó y un sueño que sobrevivió a cada dificultad.
El reconocimiento llegó pocas semanas después de su despedida de la Selección Argentina, mientras su figura sigue generando repercusión en todo el mundo. En Oviedo, ese legado tomó la forma de una multitud, del entusiasmo de los chicos y de un premio histórico. Messi volvió a representar a la Argentina con la fuerza de una trayectoria que millones sienten propia. El país que lo vio nacer y el que lo vio crecer como futbolista encontraron, una vez más, un motivo compartido para celebrarlo.
DIRECTO 📺 #Canal24horas | Oviedo recibe a Leo Messi, que recibe mañana el Premio Princesa de Asturias de los Deportes 2026. https://t.co/fjxz6kKmJK— RTVE Noticias (@rtvenoticias) October 22, 2026
