Una bolsa de anfetaminas, una tele al Río de la Plata y el pibe que desafió a Pettinato: las anécdotas de Luca Prodan y Sumo

El paso de Luca Prodan por la Argentina no sólo dejó a Sumo como gran legado musical, sino que también generó increíbles anécdotas. Muchas de esas historias son conocidas, pero otras no: a 34 años de la muerte del músico italiano, NA hace un repaso de las hilarantes y sorprendentes sucesos.

De intruso a invitado

Surgida en las Sierras de Córdoba, pero mejorada en el Oeste del Conurbano bonaerense, Sumo tenía como lugar de ensayo un sótano ubicado en la esquina de Nelson Page y Capitán Madariaga, en la localidad de El Palomar.

Aunque los músicos se encontraban debajo del local comercial, el sonido de la banda liderada por Luca Prodan salía hacia el exterior por la rejilla de ventilación.

Pero, así como salía la música, a veces entraban piedritas, que alguien arrojaba desde la vereda.

¿Quién era el que molestaba a los integrantes de Sumo? Un niño llamado Sergio Grosso, que salía de cursar en la Escuela Primaria Nº 5 “Teniente Benjamín Matienzo” y se entretenía arrojando cosas a los músicos.

La esquina donde ensayaba Sumo y, enfrente, la escuela primaria a la que iba el pequeño “Nerón” Grosso.

Un día de invierno la cosa cambió y el pequeño fue sorprendido por un objeto que le tiraron: el alumno estaba recostado sobre el capot del Chevrolet Impala del baterista Alberto “Superman” Troglio para aprovechar el calor del motor. Al ver la situación, el batero le revoleó una naranja.

En otra ocasión, el pequeño aprovechó que la puerta de ingreso al sótano estaba abierta y se metió. Mientras Sumo ensayaba, apareció por la escalera el alumno de la Primaria ubicada enfrente. Al ver al intruso, el saxofonista Roberto Pettinato atinó a echarlo, pero el niño no se amilanó ante el reto: “Vaffanculo”, lanzó, copiando a sus abuelos italianos. Sorprendido ante la desfachatez, el pelado se empezó a reir, retó a Pettinato e invitó al niño a presenciar el ensayo. 

Dos décadas después de aquellas aventuras, ese atrevido -ya entrado en la juventud- formó una banda llamada Nerone Grosso, que tiene como baterista a “Superman” Troglio.

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Loco, pero no tanto

 

Desde afuera, Luca Prodan era más que un personaje excéntrico y hasta casi lo podrían haber definido como un “loco”. Tal vez, una de esas personas fue el director de cine Rodrigo Espina, quien incluyó al italiano en el electo de su cortometraje “El día que reventaron las lámparas de gas”.

Durante el rodaje de las escenas en exteriores, el cineasta le planteó al líder de Sumo que se subiera a una de las torres del complejo Piedrabuena, en Villa Lugano, y desde allí saltara hacia la terraza para continuar la persecución al personaje interpretado por Luis Ziembrowski.

El italiano miró el salto que le proponía Espina y luego le respondió, con su clásico cocoliche: “¡Ni en pedo!”.

TV ahogada

 

La revolución que generó Sumo en la escena musical argentina no tardó en ser reconocida en el exterior. Así fue que la banda liderada por Luca Prodan fue convocada para formar parte del Montevideo Rock, que se hizo en noviembre de 1986. Los músicos viajaron en el ferry y como parte de la comitiva también estaban el iluminador Daniel Siman y el sonidista Mario Lastiri.

Durante el viaje, un desperfecto técnico hizo que se apagaran las boyas que señalizan el canal por el que deben transitar las embarcaciones, lo que provocó que el buque se moviera más de lo previsto.

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El iluminador Daniel Siman, abrazado a Luca Prodan.

Para hacer más amena la situación, los tripulantes organizaron un bingo en el salón principal: el ganador fue Lastiri, quien se alzó con un televisor 14 pulgadas de premio. Enojado con el tamaño del aparato, el sonidista terminó tirando el premio por la borda, al agua del Río de la Plata.

Minutos después, Lastiri desapareció de la vista del resto de la banda y al rato lo trajeron dos marineros, quienes lo sentaron de mala manera: la razón del enojo de los tripulantes fue que el sonidista se había metido en el puente de mando -donde se encontraba el capitán- y, en estado de ebriedad, le indicaba al hombre a cargo del barco por dónde debía navegar para evitar los sacudones.

Al llegar a tierras orientales, los músicos se alojaron en el Hotel Carrasco, cuestionado por su estilo vetusto: pese a ello, a Luca Prodan le encantó: “Las camas hacen ruido, es medio dark, pero a mí me gusta. Y no es por no estar acostumbrado a estos lugares. Mis padres tenían guita, cuando íbamos a algún lugar nos quedábamos en hoteles así. Es más lindo mirar al techo y ver esos vitrales en vez de una lamparita de última”, le dijo en aquella ocasión al joven periodista local Leonardo Haberkorn.

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El Hotel Carrasco, escenario de las andanzas de Sumo durante su gira por Uruguay. Foto: Instituto de Arte Americano (FADU-UBA).

En los pasillos del hotel abundaba la decoración: estatuillas, imágenes de dragones, floreros, macetas. Casi en plan de viaje de egresados, los músicos hicieron de las suyas: Siman sacaba adornos y los ponía en el ascensor, que a cada hora estaba más ocupado por objetos.

Al darse cuenta de la situación, el conserje del Hotel Carrasco sorprendió con las manos en la masa al iluminador y lo levantó en peso.

Un público canino 

 

En la versión del tema “Divididos por la felicidad” grabada en el disco homónimo, de 1985, la letra escrita por Luca Prodan tiene un agregado misterioso: “Agosto, Otto, Perra”, dice el italiano.

¿Qué significan esas tres palabras metidas por el líder de Sumo en la canción? No son ni más ni menos que los nombres de tres mascotas que tenía el manager de la banda, Timmy McKern, en su casa de Córdoba.

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Luca Prodan en Córdoba, apenas llegado al país.

Otto y Perra eran los padres de Agosto, que solían sentarse frente al ventanal que da a la montaña para ver el ensayo de los Sumo.

Durante una de esas pruebas, Luca Prodan notó la actitud expectante de los animales y los comenzó a llamar, algo que luego quedó incluido en el tema que originalmente había escrito en Inglaterra junto a la primera baterista de Sumo, Stephanie Nuttal.

Acústico en la comisaría

 

Alberto “Superman” Troglio fue el último baterista de Sumo y en algunas ocasiones ocasiones oficiaba de chofer, al poner a disposición de la banda su Chevrolet Impala modelo 59, cola de pescado, motor V8.

Un día, yendo a un recital en San Nicolás, los músicos cruzaron un semáforo en rojo y tuvieron la mala suerte de que detrás iba el intendente local, quien advirtió a la Policía sobre la infracción del aparatoso vehículo.

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El Impala de “Superman” Troglio, uno de los vehículos oficiales de Sumo. 

Ante la intervención de los uniformados, el Impala y sus ocupantes fueron a parar a la comisaría, en donde los policías se enteraron que se trataba de la banda que iba a tocar en un reconocido boliche de la zona.

En ese contexto, Luca Prodan terminó tocando canzonetas italianas con la guitarra en el escritorio del comisario y los policías, cebándoles mate al resto de la banda. En medio de ese recital acústico en la Comisaría, apareció el dueño del boliche y los retiró, para llevárselos al show.

Quiero dinero

 

Después de trabajar algunos años con Daniel Grinbank como representante, Sumo decidió lanzar su propia agencia y manejarse de manera independiente. En uno de los recitales que acordó en esa nueva etapa, la banda liderada por Luca Prodan iba a presentarse en el boliche La Fábrica, en Rosario. 

El empresario local había pagado el 50% del cachet de adelanto y debía pagar el resto antes del recital. Cuando el italiano y el manager, Timmy McKern, se dirigieron a la oficina de la discoteca para cobrar ese saldo, se encontraron con un problema. “Hay un fucking problema”, advirtió el cantante al resto de la banda, que se encontraba afuera de La Fábrica, esperando en el micro: el dueño no tenía la plata.

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El recital en Rosario tuvo una insólita circunstancia que puso en peligro la función.

“Nos quiere pagar con una bolsa de anfetaminas”, explicó McKern. Ante el desconcierto, Prodan remarcó que estaba todo listo para el recital y propuso tocar de todos modos, por respeto al público. Sumo brindó todo su espectáculo en Rosario y, en la mitad del show, se paró todo: Luca explicó a la gente lo que había sucedido, escrachó al empresario y continuó con la máquina musical que era Sumo.

Tras el recital, los músicos cobraron su bolsa de anfetaminas y la tiraron por el camino.