Un joven de 24 años quien se embarcó en un crucero del país vecino sin aplicarse la vacuna “porque sólo iba a bajar un par de horas del barco”, se convirtió en el primer paciente en recibir un trasplante de hígado por fiebre amarilla en el país.
En pocas horas el paciente hizo una evolución catastrófica del cuadro y debió ser declarado en emergencia nacional para trasplante de hígado y derivado al centro de trasplante Trinidad Mitre.
El mismo día estaba recibiendo un hígado, de un chico de su misma edad, que falleció a causa de un accidente de tránsito en el conurbano bonaerense y cuya familia donó sus órganos”.
Y tras destacar que se trata del “primer trasplante de hígado realizado en el país a causa de fiebre amarilla”, la fuente informó que el joven “evoluciona favorablemente, pero aún presenta riesgo de vida”.
El principal escollo que intentan sortear los médicos que lo atienden por estas horas es lograr dar con la medicación indicada para seguir combatiendo el virus, todavía presente en su cuerpo, al tiempo que deben administrarle drogas inmunosupresoras para que no rechace el órgano.
Por radio La Red, el doctor Claudio Zin fue quien dio la primicia y agregó que el paciente también presentó una falla renal y “está siendo asistido con hemodiálisis”.
Además, resaltó que “hubo sólo seis trasplantes de hígado por fiebre amarilla en el mundo y este es el primero que se hace en el país”. Y señaló: “La fiebre amarilla es endémica en Brasil y en esta instancia yo no me fiaría, a toda persona que viaje a ese país le recomiendo que se vacune. Y si vuelve y en los siguientes días presenta un estado gripal debe consultar inmediatamente a un médico y referir que estuvo en Brasil para que le hagan los estudios pertinentes”.
Un pequeño porcentaje de pacientes entran a las 24 horas de la remisión inicial en una segunda fase, más tóxica
La fiebre amarilla tiene un período de incubación de tres a seis días. Muchos casos son asintomáticos, pero cuando hay síntomas, los más frecuentes son fiebre, dolores musculares, sobre todo de espalda, cefaleas, pérdida de apetito y náuseas o vómitos. En la mayoría de los casos los síntomas desaparecen en tres o cuatro días.
Sin embargo, según alertó la Organización Mundial de la Salud (OMS), un pequeño porcentaje de pacientes entran a las 24 horas de la remisión inicial en una segunda fase, más tóxica. Vuelve la fiebre elevada y se ven afectados varios órganos, generalmente el hígado y los riñones.
En esta fase son frecuentes la ictericia (color amarillento de la piel y los ojos, hecho que dio nombre a la enfermedad), el color oscuro de la orina y el dolor abdominal con vómitos. Puede haber hemorragias orales, nasales, oculares o gástricas. La mitad de los pacientes que entran en la fase tóxica mueren en un plazo de siete a diez días.
La vacuna contra la fiebre amarilla es segura y asequible, y una sola dosis es suficiente para conferir protección de por vida, sin necesidad de dosis de refuerzo.
La vacuna está contraindicada para los menores de 9 meses, excepto durante las epidemias, situación en la que también se deben vacunar los niños de 6-9 meses en zonas con alto riesgo de infección; los mayores de 60 años; las embarazadas, excepto durante los brotes de fiebre amarilla, cuando el riesgo de infección es alto; las personas con alergia grave a las proteínas del huevo, y las personas con trastornos del timo o inmunodeficiencias graves debidas a infección sintomática por VIH/SIDA u otras causas.
La vacuna contra la fiebre amarilla es segura y asequible, y una sola dosis es suficiente para conferir protección de por vida
