Por qué “el Tigre” rugió en Colombia: radiografía del triunfo de Abelardo de la Espriella

Por Gabriel Michi

Buenos Aires, 9 agosto (PV) – “La patria milagro empieza hoy”. El rugido del “Tigre” Abelardo de la Espriella se hizo escuchar con fuerza en la noche del domingo 21 de junio. Fue cuando se conocieron los resultados del preconteo de votos del ballotage que le daban a este candidato outsider de la extrema derecha el paso a la Presidencia de Colombia.

Un escaso margen de 250.000 votos —entre más de 25 millones de sufragios— ungía el triunfo del postulante de “Defensores de la Patria” sobre Iván Cepeda, el candidato de izquierda del “Pacto Histórico”, quien pretendía ser la continuidad del presidente saliente, Gustavo Petro. Esa exigua diferencia (49,66% contra 48,70%) alimentó la denuncia del propio Cepeda para plantear sus reservas sobre el resultado, pero, 48 horas después, con el escrutinio definitivo, terminó reconociendo la derrota.

Las autoridades electorales y los observadores internacionales confirmaron la transparencia de los comicios y así se ratificó un viraje de 180 grados en la conducción política del país sudamericano. Algo que se alistó con lo ocurrido en otras naciones de América Latina y que, más allá de la lógica interna de cada uno de ellos, tiene un común denominador en el plano internacional: el “factor Trump”.

Apretado triunfo de De la Espriella por menos de un punto en el balotaje presidencial de Colombia 

De la Espriella recibió un rápido respaldo de sus aliados regionales, entre ellos el presidente argentino Javier Milei, quien tuiteó: «la mayoría de los colombianos eligieron el camino de la libertad económica, la prosperidad, la seguridad implacable». También cosechó las felicitaciones de otros referentes de la derecha regional, como el primer mandatario de Ecuador, Daniel Noboa; el chileno José Antonio Kast; y la opositora venezolana y premio Nobel de la Paz, María Corina Machado. Y, por supuesto, de la flamante presidenta electa de Perú, Keiko Fujimori, protagonista de otro ejemplo más del crecimiento de la derecha en Latinoamérica. Pero quizás lo que más esperaba el “Tigre” era el respaldo del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien señaló: «Felicitaciones a ‘El Tigre’ Abelardo de la Espriella, el nuevo presidente de Colombia. Fue un gran honor para mí apoyarlo, y espero trabajar juntos para construir una relación poderosa entre Colombia y los Estados Unidos de América, lo cual traerá nuevos niveles de grandeza para ambos países».

En el juego de elogios cruzados, De la Espriella le había dicho a Trump: “En usted veo a un líder de verdadera fortaleza y convicción, alguien que se niega a ceder ante las tendencias ideológicas pasajeras o ante los enemigos de la libertad. Usted ha allanado el camino para que el pueblo derrote a los poderes arraigados que durante tanto tiempo han dominado. En Colombia, ahora hemos comenzado a seguir ese mismo camino”. Y agregó: “Nos uniremos a la Alianza del Escudo de las Américas para que la luz de la libertad jamás se apague en este hemisferio”.

Pero el apoyo de Trump a De la Espriella no se quedó en palabras. El propio día de las elecciones, dos miembros del oficialismo en el Congreso de Estados Unidos estaban en Colombia para respaldarlo. Por un lado, allí llegó la representante por Florida María Elvira Salazar, quien dijo: “Sabemos muy bien que Cepeda va a ser Petro número 2 y por eso estamos con De la Espriella”. El otro fue el senador Bernie Moreno, un republicano por Ohio nacido en Colombia, que se convirtió en una especie de jefe de campaña de De la Espriella en Washington, y quien se hizo presente en Barranquilla denunciando supuestos fraudes electorales del gobierno de Petro que nunca existieron. Previo a eso, durante semanas varios referentes republicanos habían sumado su apoyo al “Tigre”. El “factor Trump” dijo “presente” incluso en las urnas colombianas en EEUU, donde De la Espriella obtuvo 179.814 votos, equivalentes al 80,58% contra 41.125 votos de Cepeda, un 18,43%.

Es conocido el encono que Trump mantuvo con Petro a quien amenazó en más de una oportunidad en que correría la misma (mala) suerte que Nicolás Maduro. Es más, el año pasado el Departamento del Tesoro impuso sanciones económicas al actual presidente de Colombia por su oposición a los ataques estadounidenses contra embarcaciones en el Caribe y las amenazas permanentes sobre el gobierno venezolano.

Pero más allá de los objetivos concretos sobre la política cafetera, la principal potencia del mundo busca también tener una influencia mayor en el sur del continente, un espacio que descuidó por mucho tiempo, algo que China –su gran competidor- supo aprovechar para sus propios intereses. Desde el Departamento de Estado vienen machacando en ese tema hace rato y la Administración Trump parece haber tomado nota y buscó nuevos aliados en figuras emergentes de la derecha regional.

Ahora, la Casa Blanca contará con otro socio en la región, inclinando un poco más la balanza hacia la derecha; como contracara, Trump mantiene su confrontación ideológica con los dos gigantes de Sudamérica: el Brasil de Luis Inácio “Lula” Da Silva y el México de Claudia Sheinbaum. Pero ahora se sacó de encima a su molesto enemigo colombiano: Gustavo Petro.  

De esta manera, Colombia deja atrás un gobierno de izquierda (el primero de su historia) y vuelve a la senda ideológica opuesta, la que ha venido gobernando desde los confines de su historia. Pero con una cuestión en particular: Abelardo de la Espriella no proviene de un partido tradicional sino que es un outsider que pateó el tablero. Y su discurso de campaña y sus formas apuntan mucho más a una posición de extrema derecha, rupturista y conservadora a la vez. Rupturista en cuanto a los usos y costumbres de la política y conservadora en cuanto al ideario de valores religiosos y morales.

Milei asistirá a las ceremonias de asunción de Keiko Fujimori y Abelardo de la Espriella  

Pero ¿quién es este personaje que se parece hasta físicamente al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, a quien admira? Abelardo Gabriel de la Espriella Otero, “El Tigre”, es un empresario y abogado multimillonario que desembarcó en la política colombiana -sin ninguna experiencia previa- a los 47 años. Tiene triple nacionalidad colombiana-estadounidense-italiana. Hasta 2024 repartía su residencia entre Florencia (Italia), Miami (EE.UU.) –donde mantiene inversiones inmobiliarias- y Barranquilla (Colombia). Está casado con Ana Lucía Pineda (administradora de empresas, empresaria gastronómica y cofundadora de la firma de abogados de la familia) y es padre de cuatro hijos: Lucía, Salvador, Filipo y Francesca. Ferviente ultracatólico, es un activo defensor de los parámetros conservadores tradicionalistas de la familia.

El nuevo presidente se recibió de abogado en el año 2000 en la Universidad Sergio Arboleda, la misma donde se graduó otro expresidente: Iván Duque. Creó en 2002 el buffet De la Espriella Lawyers, con el que defendió casos muy polémicos, incluso algunos vinculados al narcotráfico, los crímenes paramilitares y/o la corrupción como fue el caso de Alex Saab, el empresario acusado de ser un supuesto testaferro de Maduro, y que fue extraditado recientemente a los EEUU.  

El “Tigre” también lanzó una línea de ropa de lujo “De la Espriella Style” y otra de vinos y ron llamada “Dominio De La Espriella”. Pero su excéntrico perfil no se quedó allí: incursionó en la música grabando dos discos, “De Mi Alma Italiana” (2021) y “Navegante” (2022), a la vez que se involucraba en el mundo mediático con ruidosas apariciones en diversos medios y participando de dos series y una película. Además, publicó cinco libros. Todo esa exposición pública, sumado a un discurso populista de derecha extrema -que hizo hincapié en el tema de la seguridad, prometiendo “mano de hierro”- le sirvieron para desembarcar en la política y ganar espacio en el debate ciudadano.

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Su oposición acérrima al gobierno de Gustavo Petro y su prédica constante en contra del presunto comunismo oficial y de los acuerdos de paz (conocidos como “Paz Total”) le fueron generando popularidad entre los sectores de derecha que antes eran representados por el ex presidente Álvaro Uribe y los referentes de su partido. A tal punto que los bastiones electorales del uribismo -como Antioquia, cuya capital es Medellín- fueron los que terminaron inclinando la balanza para que de la Espriella llegue a la Presidencia de Colombia. Ese proceso político es bastante similar al vivido con Javier Milei en la Argentina, cuando -en 2023- pudo polarizar con el oficialismo peronista en el poder y fagocitó -por derecha- al PRO, conquistando a sus votantes.

El lema de la campaña de Abelardo de la Espriella fue “Firme por la patria” y vino asociado con un gesto distintivo: un saludo militar -tipo “venia”- con el que apareció en los actos, en los afiches y hasta en las boletas electorales. Esa pose se relacionaba con una prédica en defensa del accionar de las Fuerzas Armadas y la “mano dura” simbolizada en la promesa de bombardear más de 330.000 hectáreas de plantaciones de coca y atacar a los campamentos “narcoterroristas” donde operan las disidencias de la FARC y otros grupos armados, elementos fundamentales de su propuesta electoral.

Eso estuvo acompañado con promesas de recortes de gastos públicos y reducción del Estado, cuyo garante resultó ser su candidato a vice, el ex ministro de Hacienda José Manuel Restrepo, afín a la ortodoxia fiscal. En ese sentido, De la Espriella se comprometió a avanzar en una rebaja de la carga tributaria a las empresas. Y en un proyecto de desregulación, similar al que encararon otros gobiernos pro mercados de la región y con fuerte influencia del “factor Trump”.

Cuando se conoció el triunfo, el dirigente conservador sostuvo: “nace una nueva era, un cambio de orden”. Y le advirtió a sus rivales: “Petro y Cepeda, absténganse de desatar un incendio social”. Lo hizo rodeado de un ejército de custodios que lo acompañan día y noche, y detrás de un vidrio blindado desde donde hablaba a sus seguidores en los actos preelectorales.

Abelardo de la Espriella.

Abelardo de la Espriella.

Fotografía: Agencia Noticias Argentinas (Newsweek Argentina).

El resultado del ballotage mostró una sociedad colombiana partida al medio, algo que podría dificultar su acción de gobierno. Más en un país atravesado por la violencia desde hace décadas ya sea por los grandes carteles del narcotráfico, los grupos paramilitares y las guerrillas. Y donde las divisiones extremas llevan a situaciones límites. De vida o muerte. Hay territorios donde el Estado colombiano parece haber perdido la batalla contra grupos armados, en particular en las extensas zonas rurales, en las selvas y en algunas de las fronteras. Sobre esos enclaves es que el “Tigre” De la Espriella plantea una guerra abierta, lo que abre muchos interrogantes acerca de lo que puede llegar a ocurrir y en qué puede devenir semejante embestida.

Lo que es claro es que el proyecto de “Paz total”, impulsado por Petro y Cepeda -con el cual se pretendía sumar al desarme a sectores que quedaron fuera de los acuerdos precedentes- quedará en el olvido. Tal como lo manifestó en la campaña el flamante presidente electo. Ese que se convirtió en un nuevo ejemplo del crecimiento de la derecha en la región. O un protagonista central de lo que muchos ya definen como la “derechización” de América Latina. Un proceso que parece tener un común denominador: el “factor Trump”. 

Agencia NA