Murió Tomás Eloy Martínez

Autor de novelas como Santa Evita, El cantor de tango, La novela de Perón y La mano del amo, entre otras, Martínez había nacido San Miguel de Tucumán en 1934 y tuvo una larga trayectoria como periodista, novelista y crítico de cine, además de haber fundado y participado en la creación de varios diarios.

Durante la dictadura militar (1976-1982) se exilió en Caracas, donde fue editor del diario El Nacional y fundó El Diario de Caracas junto a Rodolfo Terragno y un grupo de periodistas argentinos como Edgardo Silverkasten y Dolores Valle. En ese medio fue jefe de redacción hasta 1979.

También escribió libretos de cine y televisión, y fue crítico cinematográfico, además de integrar el equipo de dirección del semanario Primera Plana. Además el suplemento cultural del diario La Opinión y la revista Panorama, y formó parte del equipo creador del diario Página 12.

Pero Tomás Eloy empezó su carrera como corrector en La Gaceta de Tucumán, provincia que lo vio nacer en 1934. “Si cuidás el lenguaje, la ética viene en consonancia, porque la responsabilidad empieza por la herramienta que manejás”, sostuvo en una entrevista publicada en El País a propósito de esa experiencia.

“Todo relato es, por definición, infiel”, según sostuvo en su novela más famosa, Santa Evita, una frase que lo define. Todo es posible, nada es completamente real, nada es completamente irreal.

Pasó por las redacciones del semanario Primera Plana y la revista Panorama, de la cual fue despedido por publicar los sucesos de Trelew en la portada. Su relato periodístico La pasión según Trelew (1974), quemado durante la dictadura en una plaza de Córdoba, fue incorporado como prueba al expediente de la causa que investiga la masacre. También fue el primer director del noticiero Telenoche.

Y dirigió el suplemento cultural del diario La Opinión hasta 1975, año en que, amenazado por la triple A, debió exiliarse en Caracas.

En 1991 participó en la creación del periódico Siglo XXI en Guadalajara, México, y del suplemento Primer Plano en Página 12 . Dirigió durante muchos años el programa de Estudios Latinoamericanos de la Rutgers University, de Nueva Jersey, y fue uno de los referentes de la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por su entrañable amigo Gabriel García Márquez.

Entre sus obras más destacadas se encuentran Lugar común la muerte (1979), señalada como un aporte esencial al Nuevo Periodismo, La novela de Perón (1985), La mano del amo (1991) y la novela argentina más traducida de todos los tiempos que, a la manera del Facundo de Sarmiento, dinamitó la frontera entre fantasía e historia: Santa Evita (1995).

En 2002 recibió el premio Alfaguara, uno de los más importantes concursos literarios en lengua castellana, por El vuelo de la Reina. Luego se publicarían la selección de ensayos y crónicas Réquiem por un país perdido (2003), Las vidas del general (2004) y El cantor de tango (2004). El Purgatorio (2008), su última novela, cuenta la historia de una pareja separada por el terrorismo de Estado en 1976 que vuelve a encontrarse treinta años después, relato con el que intentó recuperar los años que vivió lejos de un país que nunca dejó de obsesionarlo.

El diario madrileño El País le otorgó el Premio Ortega y Gasset de Periodismo el 22 de abril de 2009. El galardón distingue trabajos en español publicados en medios de todo el mundo.

Poco después, el 24 junio de ese mismo año fue incorporado a la Academia Nacional de Periodismo. “Es un gran honor que se debe, creo, a la persistencia con la que vengo trabajando hace más de medio siglo”, dijo en esa oportunidad en un reportaje a La Nación, el diario en el que fue columnista desed 1996 y hasta su muerte.