
Buenos Aires, 16 agosto (PV) — El régimen de Irán aseguró este domingo que «ganó» la guerra contra Estados Unidos e Israel al sostener que sus adversarios no lograron alcanzar los objetivos que se habían fijado al iniciar las operaciones militares el 28 de febrero, y condicionó el cierre definitivo de las hostilidades a una serie de exigencias, entre ellas la reapertura del estrecho de Ormuz.
La declaración fue realizada por Mohamed Baqer Qalibaf, presidente del Parlamento y principal negociador iraní, quien presentó el desenlace del conflicto como una victoria militar y política de Teherán y afirmó que Estados Unidos e Israel no lograron provocar un cambio de régimen ni terminar con el poder de los ayatollahs.
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“Ganamos las dimensiones militares y políticas” de la guerra, afirmó Qalibaf en un discurso difundido por la televisión estatal, al tiempo que calificó el memorando de entendimiento alcanzado con Estados Unidos el 17 de junio como un “documento de honor y victoria” para Irán.
El dirigente reconoció que la proclamada victoria no significa que las Fuerzas Armadas estadounidenses hayan sido destruidas, aunque sostuvo que el resultado representa una “derrota absoluta para Estados Unidos y el régimen sionista”, expresión utilizada habitualmente por las autoridades iraníes para referirse a Israel.
La postura oficial de Teherán busca presentar el final de las operaciones militares como un fracaso de Washington y Jerusalén, mientras continúan las negociaciones sobre las condiciones políticas, militares y económicas necesarias para alcanzar un acuerdo definitivo.
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Uno de los principales puntos de conflicto es el estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica ubicada entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán y utilizada para el transporte internacional de petróleo y gas. Cualquier interrupción prolongada del tránsito por esa zona puede tener impacto en los mercados energéticos y en las cadenas globales de suministro.
En ese contexto, el jefe del Ejército iraní, general de división Amir Hatami, advirtió que Teherán no permitirá que Estados Unidos recupere la posición militar que mantenía anteriormente en Medio Oriente.
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«Bajo ninguna circunstancia las bases estadounidenses podrán volver a la situación anterior e Irán jamás permitirá que eso ocurra», afirmó Hatami.
El jefe militar iraní también vinculó directamente el control de Ormuz con el eventual final de la guerra. «El sagrado estrecho de Ormuz es una de las condiciones para poner fin a la guerra; lo preservaremos con todas nuestras capacidades», sostuvo.
La posición de Teherán convierte así al estratégico paso marítimo en una herramienta de presión en las negociaciones.
El régimen reclama el levantamiento del bloqueo sobre sus puertos y embarcaciones, el fin de las sanciones y la posibilidad de volver a comercializar su petróleo, mientras mantiene condicionada la reapertura de Ormuz al cumplimiento de sus exigencias.
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El estrecho permanece cerrado desde mediados de julio, tras una nueva escalada militar y la reanudación de ataques contra posiciones iraníes. Estados Unidos, por su parte, volvió a aplicar un bloqueo naval sobre puertos y buques iraníes.
La disputa por Ormuz también refleja el alcance de las pretensiones de Teherán tras la guerra, ya que el régimen busca no solo instaurar la idea de una victoria frente a Estados Unidos e Israel, sino también utilizar su capacidad para restringir el tránsito marítimo como una ventaja estratégica en futuras negociaciones con Washington.
Agencia NA
