Buenos Aires, 9 septiembre (PV) – Alberto Fuguet construye en Ushuaia (un destino melodramático) una novela sobre una relación familiar atravesada por el amor, las diferencias y aquello que permanece sin decir. Publicada por Tusquets, la historia sigue a Leticia Lucero, una mujer nacida en San Luis que se instala en Chile, y a Bruno, su hijo, un joven hipersensible que encuentra en la escritura una forma de relacionarse con el mundo.
La novela comienza con una situación que marca el destino de sus protagonistas y avanza sobre distintos momentos y escenarios: la Argentina de fines de los años 70, el Festival de Viña de 1985 y los primeros años del siglo XXI. El recorrido no responde a una estructura lineal, sino que se arma mediante testimonios, recuerdos, entradas de blog, notas periodísticas y textos de ficción. El procedimiento permite que la historia familiar aparezca fragmentada y que el lector complete progresivamente aquello que los personajes no consiguen explicar.
En el centro está el vínculo entre Leticia y Bruno. Ella es una mujer intensa, independiente y marcada por un pasado que prefiere mantener a distancia. Él, en cambio, parece recibir cada estímulo con una sensibilidad que dificulta su relación con los demás y consigo mismo. La novela encuentra allí su principal tensión: dos personas cercanas por la sangre que no siempre consiguen comprenderse y que, sin embargo, permanecen ligadas por una necesidad afectiva difícil de eludir.
Uno de los rasgos más interesantes de Ushuaia es el modo en que Fuguet incorpora deliberadamente el melodrama a una narrativa que durante buena parte de su trayectoria estuvo asociada con personajes urbanos, cultura pop y una mirada más seca sobre la experiencia contemporánea. En esta ocasión, el autor asume la emoción como materia central y construye una historia donde la intimidad familiar tiene tanto peso como los acontecimientos que la rodean.
El título funciona además como una idea antes que como una simple referencia geográfica. Ushuaia representa el límite, la distancia y un lugar que puede imaginarse incluso sin haberlo visitado. En la novela, esa condición de frontera se relaciona con los personajes: estar lejos puede significar aislamiento, pero también la posibilidad de empezar de nuevo.
La experiencia periodística de Fuguet, autor de Tinta roja y Mala onda, también deja huellas en la estructura del libro. La utilización de documentos, voces y registros diferentes aporta una mirada casi de investigación sobre la historia familiar y evita que el relato quede encerrado en una única perspectiva. El resultado combina procedimientos del periodismo con recursos de la ficción y recupera una de las preocupaciones constantes del autor: observar personas antes que construir personajes ejemplares.
Con 344 páginas, Ushuaia se presenta así como una novela de madurez en la que Fuguet revisa algunos de sus temas habituales desde una zona más íntima. La relación entre una madre y un hijo, los secretos familiares, la dificultad para comunicarse y la posibilidad de comenzar otra vida se convierten en los ejes de un relato que apuesta menos por las respuestas que por la permanencia de sus personajes en la memoria del lector.
Agencia NA
