
Buenos Aires, 6 noviembre (PV) — El sistema de salud argentino muestra un desempeño bien posicionado en el plano internacional, ubicándose por encima de diversas naciones desarrolladas en el Índice de Percepción de la Calidad de la Atención elaborado por la consultora Ipsos, con un 53% de evaluaciones positivas.
El relevamiento, parte de la encuesta Global Advisor realizada entre julio y agosto de 2026 sobre un total de 22.528 adultos en 32 países, refleja que el país se sitúa por delante de naciones como Francia (52%), Canadá (51%) y Estados Unidos (50%).
A nivel global, la salud mental se consolidó como el principal problema sanitario, acaparando el 48% de las menciones promedio —un marcado incremento frente al 27% registrado en 2018—. En el caso específico de la Argentina, el 54% de los consultados señala a esta temática como la principal dificultad que enfrenta la población. El informe ubica al cáncer en el segundo puesto mundial con un 40%, seguido por el estrés con un 32% y la obesidad con un 25%.
En cuanto a las deficiencias estructurales de los sistemas sanitarios, las demoras en el acceso a tratamientos y las listas de espera encabezan los cuestionamientos a nivel global con un 47%, seguidas de cerca por la escasez de personal profesional (43%) y el costo de la atención (32%).
En el plano local, el 42% de los encuestados advierte sobre la falta de inversión en el sector, mientras que a escala global el 64% de la población considera que los servicios sanitarios están sobrecargados.
El impacto de los fármacos GLP-1 y los cambios de hábitos
Otro de los ejes centrales del informe analiza el alcance de los medicamentos GLP-1 (como Ozempic o Wegovy), de los cuales el 50% de la población en los 32 países asegura tener conocimiento. Su difusión creció fuertemente impulsada por las redes sociales (48%) y los medios tradicionales (40%), superando de forma amplia al canal de recomendación médica tradicional (20%).
Asimismo, el relevamiento destaca que los usuarios actuales o anteriores de estos tratamientos reportan modificaciones sustanciales en sus conductas cotidianas de consumo: tienden a planificar sus compras priorizando el valor nutricional, leen etiquetas con mayor frecuencia y reducen de manera significativa la ingesta de comida rápida y productos ultraprocesados en favor de alimentos frescos, ricos en proteínas y fibra.
