
Buenos Aires, 17 julio (PV) — La psicología sostiene que las cábalas son una “ilusión de control” que surgen ante la impotencia de ser “un simple espectador”, pero casos testigos se aferran a la necesidad de sostener desde la tenencia de un hijo -en caso de padres separados- hasta la quema de ajo o bien el encierro en un baño, costumbres que van más allá de congelar nombres o repetir una técnica.
José es docente, padre divorciado y un cabulero de raza. En diálogo con la Agencia Noticias Argentinas explicó que su hijo tiene casi dos años, por cuestiones de calendario de tenencia compartida, el menor debía mirar la final de la Copa del Mundo con su padre. Sin embargo, la ex esposa de José recordó que el niño se había quedado con ella durante los últimos dos partidos en donde la Selección argentina salió victoriosa.
En tanto, la mujer consideró no romper la cábala. No obstante, el docente quería ver la final junto a su hijo, pero no “quiere que pierdan la final del mundo”. Después de varios días de discusión, arreglaron que el niño verá el encuentro con su madre, una vez concluído, se irá con él.
Maximiliano es instructor de personas con discapacidad visual y reveló a este medio que, desde 1986 y durante todos los mundiales, mantiene la cábala heredada de su abuelo que implica prender fuego laurel con ajo, poner los nombres de los defensores del equipo contrario y después los quema. Pero, no termina ahí: “Me voy al río y me pongo de espalda al agua, tiro las cenizas para atrás, mientras digo ‘Que por estas aguas se cumpla, lo que las cenizas llevan’”.
Yamila es locutora y durante el encuentro entre Argentina y Egipto rompió con la costumbre de mirar los partidos con sus amigos ya que ella aguardaba la llegada del plomero que debía hacer dos arreglos en su domicilio con suma urgencia: “Cuando se fue el profesional, recién empezaba el partido y, en cuanto miré la pantalla, Egipto nos hizo un gol. Lo mismo ocurrió con el segundo, que después fue anulado”.
“En pleno partido, me fui a la casa de mi amigo y cuando llegué, ya iban 2 a 0. Con el enfrentamiento avanzado, fui al baño y Argentina hizo el primer gol. Lo mismo ocurrió con los siguientes dos. Hasta que no terminó el partido, no salí del baño”, añadió Yamila.
La locutora reveló que en el encuentro ante Suiza, sus propios familiares le pidieron que se encierre en el baño y así lo hizo. El resultado volvió a darse vuelta en un encuentro agónico. El hecho volvió a repetirse en el último duelo con Inglaterra.
Entre los testimonios recolectados se destacaron: “No me pongo la camiseta de la Selección, aunque la tengo, sino que me visto de celeste”; “Mi tía, contra Cabo Verde después del 1 a 1, se encerró en el baño y prendió el secador de pelo para no escuchar, hasta que terminó el partido, Argentina ganó y ahora lo hace siempre”; y “Nunca lavé la camiseta y uso el mismo pantalón”.
En conversación con esta agencia, el psicólogo y especialista Alderete (MP 85367), explicó que estas actitudes se vinculan con la “Ilusión de Control» porque “las personas y, especialmente el cerebro, odian la incertidumbre; la vivencian como una amenaza real”.
“Cuando ocurre un determinado evento en nuestras vidas, el nivel de ansiedad y malestar emocional se vuelve insoportable. Por tanto, aparece un proceso de aprendizaje con un sesgo cognitivo llamado correlación ilusoria. Si una vez se encerró en el baño con el secador de pelo prendido y Argentina metió un gol, el cerebro lo asocia erróneamente. No importa que sea irracional; prefiere aferrarse a una causalidad mágica antes que aceptar la total y absoluta impotencia de ser un simple espectador”, explicó el especialista.
Noticias Argentinas – ¿Qué hay además de una cuestión de creencia esotérica?
Alexis Alderete – En los trastornos de ansiedad, el sufrimiento no ocurre por el miedo al resultado negativo, sino la incapacidad de tolerar no saber qué va a pasar. La cábala es una «conducta de seguridad». Llevar a cabo la conducta de la cábala reduce la ansiedad. Lo perjudicial de la cábala es que funciona muy bien para la persona a corto plazo para reducir la ansiedad que la conducta queda internalizada como nuevo aprendizaje ante nuevas situaciones.
NA – ¿Genera tranquilidad entender que todo está igual?
AA – Las personas buscan constantemente que todo sea predecible. Que «todo esté igual» porque así se apaga las alarmas de la amígdala que es el centro del miedo en el cerebro. Cuando un fanático logra que todo en su entorno esté exactamente igual al partido anterior (la misma silla, la misma ropa sin lavar, el mismo orden de los vasos), el cerebro automatiza el entorno. Al no tener que procesar estímulos nuevos ni variables diferentes, puede destinar toda su energía a procesar la tensión del partido. «Todo igual» equivale a «zona segura».
NA – ¿Hay una necesidad de continuar con algo que viene desde hace décadas?
AA – Los rituales son el pegamento de las sociedades. El fútbol nos conecta con una vulnerabilidad infantil. Volvemos a ser chicos desamparados ante el destino. El ritual nos saca de la soledad. Compartir la cábala -o heredarla de nuestros familiares- nos da sentido de pertenencia. Hay una necesidad transgeneracional de continuidad. Si mi abuelo miraba el partido sufriendo con una radio desenchufada en la mano, y hoy hago algo parecido, me conecto con mi historia. Es la validación de que «somos parte de algo más grande».
«Las cábalas familiares son legados afectivos. Seguir el ritual del abuelo o del padre es un acto de apego y lealtad invisible. No es solo que el partido salga bien; es mantener vivo un hilo conductor con nuestros muertos y nuestra infancia. Cuando nos sentamos de la misma forma que nos enseñaron hace 20 años, reactivamos redes neuronales asociadas a la seguridad de la niñez, un momento donde estábamos protegidos por otros», cerró el profesional.
AgenciaNA
