Bergoglio volvió a critica “mezquindades” de dirigencia que solo busca “abultar la caja”

El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, volvió hoy a criticar las “mezquindades” e “internas” de la dirigencia política y apuntó a quienes sólo buscan “trepar”, “abultar la caja” o “escalar para las ambiciones personales”.

“A la dirigencia se nos pide trabajo, no utilizar (la función) como escalón para las ambiciones personales, para trepar, para los mezquinos intereses o para abultar la caja”, aseveró el primado en la Misa por la Educación en la catedral metropolitana.

Bergoglio exhortó a la dirigencia a “dar testimonio” y a “trabajar”, al recordarles que “se nos pide que seamos patriotas en el sentido superlativo” “Si no damos testimonio de horizonte y de trabajar para el futuro nuestra vida terminará llorando la milonga de nuestros fracasos, o nos quedaremos en el conventillo chico, de las internas mezquinas, del miedo y de la desolación, que nos sopapea”, alertó.

En la misa crismal de Semana Santa, Bergoglio ya había pronunciado una homilía que trascendió los muros eclesiásticos y se transformó en un mensaje al poder político en la que resaltó que el pueblo quiere diálogo y no más agresión.

En otro momento de la homilía, Bergoglio lamentó que la educación sea considerada “la hermana pobre de la estructura social”, al afirmar que esto ocurre por “el desgaste de los docentes, el pacto educativo roto, los padres que no colaboran y las aulas llenas más de la cuenta”.

Ante esto, el arzobispo reclamó “hacer algo para solucionar esta pobreza”.

La misa significó además el primer encuentro cara a cara de Bergoglio con el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, tras las críticas del arzobispo por no vetar fallos judiciales que autorizaban matrimonios entre personas del mismo sexo en la Ciudad.

Macri se acercó al purpurado porteño, a saludarlo en el altar e intercambiaron un saludo frío y protocolar, antes de que el funcionario se retirara del templo.

Ese saludo contrastó con otro afectuoso que Bergoglio prodigó a José María Castiñeira de Dios, quien fue homenajeado por su trayectoria docente.

Macri pareció sentirse incómodo, por lo que intentó mostrarse cordial, pero no siempre le salió bien. En un momento entabló una charla con un niño de jardín de infantes y no encontró la respuesta esperada.

“De qué cuadro sos”, preguntó, y Gustavo, del Centro Comunitario San Cayetano, de la Villa 19, de Villa Lugano, respondió tímidamente: “de River”, forzando una sonrisa a Macri y al ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, quien estaba a su lado.

Macri también dirigió unas palabras a los cientos de alumnos que colmaron la catedral metropolitana, tras un acto por el bicentenario en que se armó un Escudo Nacional de gran tamaño y parafrasearon el Preámbulo de la Constitución Nacional, como síntesis, se dijo, “de la patria grande”.

En ese momento, el jefe comunal puso a Martín Palermo, quien el lunes se convirtió en el máximo goleador de Boca, como ejemplo de “constancia, disciplina y el trabajo en equipo”.

También habló el secretario de Culto, Guillermo Oliveri, quien valoró el trabajo docente de “seguir día a día construyendo la patria”, y ensayó una suerte de respuesta a los dichos de Bergoglio, quien cuestionó que no se trabaje para el futuro y para la esperanza “En el país hay esperanza, horizonte y mucha garra por delante”, aseveró el funcionario.

Tras la misa hubo una oración interreligiosa y un acto cívico-religioso, que debió realizarse en el interior del templo por las inclemencias del tiempo y no en la Plaza de Mayo como estaba previsto.

Allí, dirigentes y representantes de los credos se abrazaron en un gesto y “compromiso por la unidad”, así como en los años anteriores se lo hizo por la justicia, el diálogo y la prioridad educación.