Testigo amenazado 20 minutos antes de declarar. Cruce de los Schlenker con la familia de Acro

Un testigo citado por el tribunal oral número 15 para declarar en el juicio por el asesinato del barra brava de River Gonzalo Acro denunció que fue amenazado vía mensaje de texto recibido en su celular veinte minutos antes de comparecer ante los magistrados.

Marcelo Claros, tras aportar sus datos personales al tribunal, fue interrogado –como es de rigor- si había alguna razón que le impidiera manifestarse libremente, a lo que el testigo respondió: “Hace 20 minutos, mientras esperaba para declarar, recibí una amenaza en mi celular”.

Claros entregó el celular al tribunal, que leyó la intimidación: “Ojo con lo que decís, vigilante. El puto de Caverna (Guillermo Godoy, otro barra brava) buchoneó para la mierda. Te estamos mirando. Puto, cagón”.

El testigo rechazó el ofrecimiento de custodia por parte del tribunal, y se sometió a un largo interrogatorio, que pareció teñido por la impronta de la amenaza, pues Claros padeció profundas lagunas de memoria en las que, incluso, no pudo precisar quiénes integraban la segunda línea de la barra brava de River.

“Yo dejé la cancha en 2002”, se excusó.

La audiencia de hoy por el crimen de Acro tuvo otro condimento especial: un cruce entre los hermanos Alan y William Schlenker y la familia de la víctima.

Romina Acro advirtió que antes de comenzar la audiencia, en las afueras del tribunal estaban Emanuel “Rocky” Raposo y Edgardo Gutiérrez, a quienes definió como cercanos a los Schlenker y les atribuyó una actitud “amenazante”.

El fiscal Gustavo Gerlero, advertido de la situación, pidió que ambos fueran identificados, ante lo que el abogado de Alan Schlenker, Sebastián Rodríguez, reaccionó denunciando que la hermana de Acro había llamado “cobarde” a los hermanos.

El presidente del tribunal, Hugo Decaría, intentó contemporizar los ánimos y expresó que entendía “el dolor” de la familia Acro y “la incertidumbre” de los Schlenker, ante lo que Alan se paró y replicó: “Yo no tengo ninguna incertidumbre. Soy inocente y estoy muy tranquilo”.

William, a su turno, le recordó al tribunal: “Hasta que se demuestre lo contrario, yo soy inocente. Y me siento inocente, pese a que pasé dos años preso”.

El juez Decaría admitió: “Usted es inocente en este momento. Usted goza de la presunción de inocencia”.