Si es desusada entre la clase dirigente argentina en general la saludable práctica del paso al costado, mucho más infrecuente es que alguno de los grandes barones del sindicalismo peronista se desentornille de su poltrona y resigne voluntariamente el control de la organización o de las plataformas con las que acumuló poder e influencia.
[adrotate banner=»3″]
