Una joya escondida (y recuperada)

En Veinte líneas por día, el escritor, poeta y ensayista estadounidense Harry Mathews no hace más que confirmar la idea, acaso poco romántica pero seguro nada demagógica, que un narrador (un artista) también necesita un orden antes que una disciplina para sentarse a escribir, abandonar las musas a su sino y componer un discurso consistente sin necesidad de abrevar en la idea de inspiración o de genialidad capaz de activarse con solo decidirlo.