Un viaje al fin de la noche

Durante los treinta años que su madre permaneció desaparecida, la periodista Marta Dillon aprendió a digerir esa ausencia -condenada a la incerteza por el aparato represor de los 70- y a disimular el hueco de la pérdida con esa cuota de amnesia que reclama todo pacto con la cotidianidad, transformada en una secuencia de duelo suspendido que terminó en 2010 con la aparición de los restos óseos y obró como el disparador de la novela Aparecida.