En los relatos breves que integran el libro La sangre se esparce rápidamente, el estadounidense Ed Wood demuestra que no sólo fue el peor director de cine de la historia, sino que pasó gran parte de su vida -un poco por apremios económicos, otro por pasión- escribiendo alocadas historias sobre travestis, lesbianas, crímenes y monstruos, donde desarrolló algunos de los temas que también plasmó en sus películas.
