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Un ingeniero de la Universidad Nacional de San Juan trabaja en la adecuación de la mano de un robot para usarla él mismo como prótesis (ya que padece focomelia), y quiere poder controlarla con los impulsos eléctricos del brazo en vez de con movimientos mecánicos.

Eugenio Orozco, ingeniero del Instituto de Automática de esa universidad, busca que la mano que está desarrollando para su propio uso tenga los mismos movimientos que una mano humana.
Orozco, de 34 años y doctorado de la casa de estudios sanjuanina, padece focomelia, una malformación congénita en la cual los huesos largos de una o más extremidades no están presentes o están acortados.
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