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Los deportistas profesionales alcanzan el éxito desde muy chicos y a los 40 años, cuando la mayoría de los seres humanos comienzan a encarrilar sus carreras, ya se encuentran jubilados, conflicto existencial que queda reflejado en «Reset, volver a empezar», el documental de Alejandro Hartmann sobre el ex basquetbolista Fabricio Oberto que se estrenó ayer a las 20 en Cine.ar y hoy en Cine.ar Play.

«El éxito no se puede medir; no está necesariamente en lo que la gente cree que está. Por este éxito deportivo se dejan de lado muchas cosas y esto de encontrarte a los 40 pedaleando en el aire de repente hace parecer que ese éxito no vale de nada», dijo Hartmann en entrevista con Télam.
La película acompaña a Oberto en un camino para encontrarse a sí mismo luego del retiro forzado, en 2013, por una afección cardíaca.
Durante la hora y media del filme, el ex ala pivot de la Selección Argentina se reencuentra con amigos y compañeros de la Generación Dorada como Rubén Wolkowyski, Hugo Sconochini, Juan Ignacio «Pepe» Sánchez, Carlos Delfino, Luis Scola y Manu Ginóbili.
En la mayoría de los casos, y pese a la vida acomodada conseguida tras tantos años jugando en Europa o la NBA, los ex cracks parecen personas que han perdido cierto norte y que deambulan buscando la sensación de competencia y la presión con la que estaban acostumbrados a convivir.
Ninguno dice extrañar ni la fama, ni el dinero ni los flashes, sino algo más simple: entrar a una cancha para ganar.
«Ese punto de vista era evidente. Es algo que siempre me gustó. Yo tengo una relación ambivalente con el deporte. Me gusta, pero hay como una picadora de carne alrededor. Estando en el Cenard y haciendo fútbol, conocía ese mundo. Con Fabricio ese conflicto me parecía evidente. Ellos se jubilan a una edad en la que el resto recién empieza a ver lo interesante de la vida. ¿Cómo hace un tipo así para vivir?», se preguntó Hartmann.
La cámara del realizador, quien tiene en su haber varios programas relacionados al deporte y prepara una serie para Netflix con estreno en octubre y otras dos películas suyas para 2021, acompaña a Oberto durante los ensayos con la banda de rock que comparte con Raly Barrionuevo; ese lugar donde ambos pueden descansar de su figura pública.

El ex Atenas de Córdoba, campeón olímpico con la Selección y de la NBA con San Antonio Spurs también muestra la faceta de conductor televisivo que demostró en el pasado haciendo programas de deportes viajando por el mundo.
«Pensando qué personaje puede tener una historia interesante para hacer un documental, y sea accesible, apareció uno muy rico como Fabricio, retirado, pero no tanto, y con muchos intereses y un costado mediático. Creímos que ahí había un conflicto para contar, sus problemas del corazón y todo lo que lo rodea», señaló el realizador.
Télam: ¿Te cambió la percepción sobre los deportistas profesionales al hacer esta película?
Alejandro Hartmann: No me cambió mucho la percepción, sino que corroboró mis ideas previas, que también tienen que ver con mis hijos, de 19 y 14, que han intentado hacer deportes y siempre pareciera como si los entrenadores quisieran sacar un nuevo Ginóbili y lo difícil que es esa carrera. Cómo ese éxito pude ser un poco doloroso. Habiendo entrevistado a deportistas exitosos, ves que son personas súper inteligentes. A veces uno los asocia con el deporte y nada más, pero es gente muy enroscada, reflexiva y con cuestiones existenciales muy profundas.
T: La película va de los ex jugadores más conflictuados a los que pareciera que no tienen ningún problema con el retiro.
AH: Hay mucho del orden de la película que es cronológico y también tiene que ver con que muchos ya estaban retirados o retirándose. Tiene algo lógico, está pensado así y queríamos respetar el camino. Hay algo interesante en esta duda y del mambo de no saber qué hacer. Como Fabricio, que empieza con los de Bahía Blanca, que están bastante conflictuados, hasta que llegás a los que parece que la tienen más clara; pero es que se acaban de retirar o están por hacerlo, y son los más exitosos. Le da un arco dramático a la búsqueda.
T: ¿Fabricio busca con la banda de rock un éxito como el que tuvo como basquetbolista o es su lugar de descanso?
AH: Yo creo que la banda es un lugar donde él relaja. Raly se dejó y no se dejó filmar, durante la película. Es un lugar donde ellos se encuentran y se dedican al rock. Me parece que es de relajo para ambos. Fabricio lo disfruta mucho. Le encantaría que eso sea más, porque él busca el éxito constantemente.
T: ¿Qué diferencias notás entre tu carrera como cineasta y la de un deportista?
AH: La gran diferencia es que nosotros sabemos que no nos retiramos nunca (risas). Uno piensa en los premios y el éxito y en llegar a algún lado. Ganar el Oscar y estar en Cannes (risas), pero la gran diferencia es lo no retirada. Lo pensé durante todo el rodaje, pero ves a un Ken Loach sacando una película y listo. También ves cineastas jóvenes que nos pasan el trapo, pero siempre que filmás, rejuvenecés.
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