La decisión del Banco Central Europeo (BCE) de cortar las líneas de financiamiento a los bancos griegos tradujo, en el plano económico, la férrea decisión política de Alemania de no ceder frente a los planteos del primer ministro Alexis Tsipras, quien pide mayor flexibilidad a sus socios europeos para poder cumplir con el pago de la deuda externa de 315.000 millones de euros y atender a las demandas sociales internas.
