
Cerca de un millón de personas de esta minoría étnica, que escaparon de Myanmar en agosto del año pasado hacia Bangladesh, hoy se encuentran hacinadas en tiendas de campaña provisionales, situadas en asentamientos informales ubicados en terrenos escarpados, informó la ONG Oxfam.
Mientras Acnur alarma por la llegada del monzón, se teme que las copiosas lluvias generen inundaciones, desplazamiento de tierra, agravado por la tala de árboles para obtener combustible, y enfermedades mortales, alertó la organización.

Los refugiados rohingyas viven en tiendas hechas con lonas y ramas de bambú, que posiblemente no resistan la fuerza del monzón, cuyo mayor nivel de intensidad se producirá entre julio y agosto.
Las precipitaciones podrían llegar a los 2,5 metros de altura, por lo que las carpas podrían desaparecer bajo el agua con gran facilidad.

Las organizaciones humanitarias estiman que unos 500.000 rohingyas están en riesgo de vida y que tendrán dificultad para acceder a la ayuda y servicios de emergencia.
En abril, Acnur informó que ya había trasladado a las primerass 360 familias de mayor riesgo a terrenos más altos, pero señaló que son necesarios más recursos para trasladar a otras antes de que empiecen las lluvias.

Para reducir el peligro de colapso, los excavadores igualaron las laderas más empinadas, rellenaron los valles con tierra para proveer un terreno más estable y enderezaron las vías fluviales obstruidas para que el agua fluya sin obstáculos. Sin embargo, el clima es de preocupación.
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