Las ramificaciones internacionales del conflicto en Yemen quedaron al desnudo cuando Estados Unidos acusó a Irán de proveer armas a los rebeldes y advirtió que «no quedará con los brazos cruzados mientras la región es desestabilizada», en tanto que Teherán acusó a la coalición que bombardea a ese empobrecido país árabe con apoyo de Washington de cometer «un genocidio».
