Autor de novelas como «Agua», «Todos los Funes», libros de cuentos como «Los pájaros» y antologías como «Galaxia Borges» con Edgardo Cozarinsky, «Galaxia Flaubert» y «Fantasmas», con este trabajo sobre Troilo, Berti vuelve a escribir sobre música después de haberlo hecho en «Spinetta: Crónica e iluminaciones» y «Rockología: Documentos de los ’80».
– Télam: ¿Cómo fue tu acercamiento a Troilo?
– Eduardo Berti: Fue lento como el de toda mi generación, los nacidos a fines los 60 o mediados de los 70, que crecimos en la dictadura y encontramos en el rock nacional una especie de isla de resistencia. De chico me gustaba lo más rockero del tango: Piazzolla, algunas actitudes del Polaco Goyeneche, Julio Sosa. Cuando estaba por cumplir 30 años y ya venía trabajando con el rock argentino, se me acercó la gente de FM Tango para proponerme una serie de documentales sobre tango. Fueron años muy intensos en los que descubrí y me enamoré del tango, de la poesía, de la mística. Nunca la había volcado por escrito pero sentí que Troilo era la figura central porque todos los músicos a los que entrevistaba me hablaban con mucho cariño y admiración de él como músico y como persona.
– T: ¿Qué te parece que condensaba como centro?
– E.B.: Comprobé que permite hablar de Gardel, pero también de Piazzolla porque su obra dialoga y conversa con ambos. Permite hablar del bandoneón, de la orquesta, de la inteligencia con la que Troilo reaccionó cuando vino la decadencia de las grandes orquestas por razones económicas.
[adrotate banner=»3″]
