Cuando el exitismo deforma el valor de los grandes títulos deportivos – Télam

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La forma en que Independiente decidió celebrar los 40 años de una consagración local -el torneo Nacional 1977 que se definió el 25 de enero de 1978- abre un interesante debate en el mundo del fútbol, en especial ante exageradas tendencias a festejar los festejos, algo así como ser hincha de las hinchadas en lugar de los equipos.

«Épica», «proeza» y «hazaña» le dan a aquel empate en dos goles ante Talleres en Córdoba (uno de los tantos absurdos del fútbol argentino de todos los tiempos, que un equipo se pueda consagrar campeón sin ganar ninguna de las finales) un pedestal tal vez exagerado para un club que se supo ganar en la cancha el titulo de Rey de Copas.

¿En qué lugar de esa vitrina quedaría entonces el formidable triunfo en 1964 nada menos que ante el Santos de Pelé -uno de los mejores equipos del mundo a nivel clubes- para ganar su primera Copa Libertadores, o la del año siguiente ante un Peñarol casi inexpugnable? Esa parece ser una de las preguntas para generar una sana polémica que busque poner algunas cosas en su lugar.

Sólo una desmesurada necesidad de dirigencias que no saben apreciar el real valor de los grandes logros deportivos, acompañadas de afiebradas puestas en escena de prensa partidaria, puede llevar a esas confusiones.

Talleres de Córdoba, con todo el respeto histórico que se merece el club del barrio Jardín de la Docta, ni siquiera formaba parte de los torneos metropolitanos de entonces: 20 equipos en partidos de ida y vuelta.

La «T», como otros buenos equipos de varias provincias, jugaba los torneos nacionales, una competencia abreviada y sólo con partidos de ida, que era la forma en que la dirigencia de la AFA «cumplía» con la incorporación de clubes del fútbol «chacarero», como se lo llamaba entonces. 

¿Y un partido en que un equipo logra empatar con tres jugadores menos (algo posible en el ancho mundo de un partido de fútbol) para ganar un título local puede ser más épico que ganarle a Juventus en Italia una final Intercontinental, o a Liverpool en Japón por la misma copa?

¿O superar otras cinco finales exitosas en la Libertadores ante muy buenos equipos de su época como Universitario de Perú en 1972, Colo Colo en 1973 y San Pablo en 1974 (apenas tres años antes del recordado partido ante Talleres), y la yapa de Gremio 1984?

La desmesura puede ser siempre un atajo de dirigentes oportunistas de cualquier club en cualquier lugar del mundo, que los hay y de sobra. También, de hinchas que necesitan festejarse a si mismos y de una prensa partidaria que alimenta esos dislates.

Pero no puede de manera alguna ocupar el centro de la escena cuando se trata de clubes con gloria futbolera suficiente como para no caer en despropósitos.

(*) Periodista de la Agencia Télam

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