8M: «Las villeras somos trabajadoras y también paramos» – Télam

8M: «Las villeras somos trabajadoras y también paramos» – Télam

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Mientras los micros salían de la terminal de ómnibus, en la esquina de la feria del barrio Mugica se concentró la asamblea feminista que con diversas agrupaciones políticas y vecinas organizadas, buscó plasmar reivindicaciones colectivas en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

“El feminismo popular tiene algo muy particular”, se sonrió Cinthia Cuevas y reconoció la dificultad del colectivo de asumirse como feminista: “Pensábamos que era una moda de la clase media y que para participar había que ser rubia, universitaria, alta. Pero nos dimos cuenta de que somos herederas de mujeres que vivieron luchando toda la vida. Hijas de negras, de migrantes, de originarias. Así es que el feminismo es parte de nosotras en cada acto diario que hacemos”.

No es amor

A raíz del lema elegido, la referente de la Casa Popular Las Mirabal, explicó el cambio que atravesaron en cuanto a su autoreconocimiento: «Este año decidimos reivindicarnos como trabajadoras porque las tareas de cuidados, populares y sociocomunitarias no las hacemos por amor, ya que eso nos quita tiempo de ocio, tiempo para hacer trabajos remunerados, tiempo para nosotras”. Mientras se iban acercando cada vez más mujeres, Cinthia fue tajante: “Estamos 24 horas trabajando».

El cielo nublado aplacó levemente el calor que todavía queda del verano, y a pesar de eso, la presencia de mujeres era cada vez mayor. En grupo o con sus familias, todas fueron parte. “¡El Estado le dedica 13 pesos a cada mujer en cuanto a la prevención!”, gritó al megáfono una militante. Cinthia retomó esa idea y la hizo parte del reclamo colectivo: “Si una villera muere la prensa no lo sabe. La deuda es con nosotras y el Estado no se hace cargo de nuestros problemas. Nos ponen un ministerio de Educación, pero no hay vacantes. Nos ponen un banco, pero no hay luz ni agua”.

Felicidad Salinas, boliviana y referente de la agrupación Barrios de pie, hizo hincapié en las violencias invisibles: “Aquí en la villa somos las más golpeadas, más si sos extranjera: tus derechos directamente no existen. Por eso mañana también las villeras paramos, tenemos los mismos derechos que la clase de media. Es una obligación del Estado: hacerse cargo de las mujeres”.

Al mirar hacia atrás, todas coincidieron que los 8 de marzo de los últimos años “fueron los peores”. “No teníamos trabajo y tampoco le podíamos dar comida a los chicos en los merenderos”, detalló Felicidad. Las que más sufrieron, fueron las mamás. “Prácticamente nos obligaron a salir a trabajar afuera y dejar a los chicos abandonados. Si tuviésemos un buen trabajo remunerado, esto no hubiera pasado».

Anti princesas

Mientras pasaban las oradoras, Sabrina y Sara, dos niñas de 10 años aproximadamente, pintaban cartulinas con formas de pañuelos donde volcaban sus reivindicaciones. Ellas acompañan a sus mamás a las reuniones y a las asambleas.

Después de un rato se pararon frente a la multitud y anunciaron que en ese momento querían lanzar el Frente de Lucha Anti Princesas. “Fue una idea que surgió de una maestra del Bachi para hablar de todo entre todas”, relató Sabrina. Quieren hacer reuniones de ESI, eventos, salidas y campamentos. Sara tenía un pañuelo violeta que le tapaba la mitad de la cara y en la mano, un palo de amasar. Cuando Sabrina estaba terminando de hablar, le susurró algo al oído y la niña continuó: “Va a venir algo muy bueno”.

Y ahora que si las ven

En enero último, la flamante ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Eli Gómez Alcorta, recorrió la villa 31 y estuvo con las militantes de Diversidad trans villera, que tienen un espacio donde se forman, debaten y comen. “La comida nos une”, dijo su referenta, Martina Pelinco, que estuvo aquel día hablando con las funcionarias relatando las deudas del Estado con ellas. Hoy participó en la asamblea feminista del 8M reactivando la memoria e historia de su colectivo que es golpeado sistemáticamente desde distintas veredas.

“En estos últimos años resistimos muchos golpes del patriarcado y de los gobiernos de derecha que nos violentó tanto”, dijo Martina a Télam y agregó: “Pero también eso nos hizo más fuertes y más revolucionarias. La identidad trans villera es un espacio que sirve para hacer formación política para que nosotras sepamos cuáles son nuestros derechos, informarnos de cómo llegar al Estado y hacer los reclamos”.

El cupo travesti trans no es siempre una opción a encarar, según lo que explica Martina: “Necesitamos herramientras para que las chicas puedan estudiar, tener salud, y así entonces poder tener una trabajo formal”. “Queremos crecer como mujeres y vecinas y que todo el barrio se una para defender lo que es de la 31: las tierras, las escuelas, les ciudadanes”. Martina cuenta que sabe lo que es perder derechos y a que de ahí se desprendan otras violencias: “No queremos que entren a nuestro barrio a violentarnos y engañarnos e invisibilizarnos”.

La actividad fue organizada por la CTA autónoma capital, Las Mirabal/ Patria Grande Nueva Mayoría, la CCC, el Movimiento Popular La Dignidad, la Cueva Cultural, la Casa de la Diverisdad Trans Villera, el Frente de Organizaciones en Lucha, Hagamos lo imposible, Ni una menos, Ni Una menos de Villa Fiorito, el Cesac 47, Somos/Barrios de Pie y La Garganta Poderosa.

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