Votar con los pies: un modelo que funciona

Votar con los pies: un modelo que funciona


En economía existe una idea tan sencilla como poderosa: las personas no expresan sus preferencias solamente cuando votan. También lo hacen cuando deciden dónde vivir, dónde trabajar, dónde abrir un comercio o dónde invertir. Las empresas hacen lo mismo cuando eligen en qué ciudad instalar una fábrica, una sucursal o un centro logístico. Es lo que se conoce como «votar con los pies».

El concepto fue desarrollado por el economista Charles Tiebout en 1956. Su planteo era que, cuando existen distintas jurisdicciones locales entre las cuales elegir, las personas tienden a radicarse donde encuentran la combinación de impuestos y servicios públicos que mejor responde a sus necesidades.

La idea es muy actual para la Argentina: los gobiernos locales también compiten. Dos municipios vecinos pueden tener impuestos, regulaciones, burocracias y servicios completamente diferentes. Para una PyME que debe decidir de qué lado de una avenida instalarse, esas diferencias importan.



Durante los años que goberné Tres de Febrero intentamos llevar esa lógica a la práctica. Partimos de una premisa: el contribuyente no está al servicio del Estado; el Estado está al servicio del vecino que lo sostiene con sus impuestos.

Eliminamos más de 400 conceptos tributarios acumulados durante décadas, bajamos tasas, digitalizamos y simplificamos trámites y eliminamos el costo de la habilitación comercial. También avanzamos con estabilidad tributaria por 30 años y un RIGI municipal para promover nuevas inversiones. El mensaje fue claro: si venís a Tres de Febrero a producir, invertir y generar empleo, el municipio quiere facilitarte el camino, no ser un obstáculo.

 



Pero bajar impuestos no significa abandonar los servicios públicos. Al contrario: exige administrar mejor. Menos estructura política y burocracia permiten destinar más recursos a seguridad, infraestructura, limpieza, calles y espacio público. La competencia no es solamente por quién cobra menos, sino por quién brinda mejores servicios con la menor carga posible. Y aparecieron resultados.

Empresas y bancos comenzaron a mirar a Tres de Febrero como una alternativa competitiva. Santander trasladó actividad desde un municipio vecino por las diferencias tributarias. Banco Nación mudó su sucursal de Ramos Mejía a nuestro distrito. Mercado Libre instaló un importante centro de distribución. Y muchas PyMEs y comercios decidieron invertir, ampliar sus plantas o radicarse.

También hubo una transformación urbana. Entre 2010 y 2022 la población de Tres de Febrero creció 7,1%, frente al 5,3% de la primera corona metropolitana. El 12,6% de los habitantes censados en 2022 vivía cinco años antes en otro municipio, provincia o país: más de 45.000 personas. En el mismo período las viviendas aumentaron 24,6% y los hogares 21,4%. 



Son datos interesantes para pensar a Tiebout: no solamente las empresas eligen. Las familias también votan con los pies.

Acompañamos ese proceso con un nuevo Código de Ordenamiento Urbano: reglas claras, eliminación de excepciones, digitalización y mayor velocidad en los trámites. Los tiempos de tramitación se redujeron un 70%. Entre 2020 y 2024 se registraron 850 nuevos desarrollos multifamiliares por casi 390.000 metros cuadrados. Y la construcción privada siguió acelerándose hasta alcanzar aproximadamente 376.000 metros cuadrados en 2025.

La experiencia también mostró algo que suele contradecir el sentido común fiscal: bajar impuestos no necesariamente significa recaudar menos. Si una jurisdicción reduce la carga sobre quienes producen y facilita nuevas inversiones, amplía su base tributaria. Hay más empresas, más comercios, más construcciones y más contribuyentes.



La secuencia es sencilla: menos impuestos + menos trabas + menos burocracia = más inversión + más actividad + más empleo + más recaudación.

 

El debate es especialmente relevante para la provincia de Buenos Aires. Tenemos 135 municipios y enormes diferencias entre ellos. Hay municipios que facilitan una inversión y otros que la desalientan; algunos eliminan tasas y otros crean nuevas; algunos tienen estructuras estatales razonables y otros destinan una enorme proporción de sus recursos a sostener su propia burocracia.



Por eso impulsamos el Semáforo Fiscal Municipal. Queremos que empresas y vecinos puedan comparar cuánto cobra cada municipio y qué reciben a cambio. La transparencia también genera competencia.

Durante demasiado tiempo naturalizamos que un municipio aumentara tasas porque necesitaba recaudar más. La pregunta debería ser al revés: ¿cuánto necesita realmente gastar para prestar buenos servicios y cuánto puede dejar en manos de quienes producen?

Cada peso que el Estado no necesita cobrar queda en una familia, una PyME, un comercio o una industria. Puede transformarse en consumo, ahorro, una máquina nueva, una ampliación o un puesto de trabajo. Por eso bajar impuestos también es política productiva.



Tres de Febrero demuestra que otro camino es posible. Se pueden bajar impuestos, eliminar tasas absurdas, habilitar gratis, desregular, reducir burocracia y dar estabilidad tributaria. Y al mismo tiempo atraer inversiones, generar empleo, mejorar los servicios y recaudar más.

La política busca convencer con discursos. La gestión enfrenta una prueba mucho más exigente: observar qué hacen las personas cuando pueden elegir.

Cuando una empresa decide instalarse en tu ciudad, está votando. Cuando un comerciante cruza una avenida porque del otro lado puede trabajar con menos impuestos y burocracia, está votando. Y cuando una familia elige una ciudad porque encuentra mejores servicios y oportunidades, también está votando.



Ese voto no entra en una urna. Pero probablemente sea una de las evaluaciones más sinceras que puede recibir un gobierno.