Durante muchos años, cada verano y cada invierno se repitió la misma tensión: los argentinos que viajaban al exterior le restaban dólares a un Banco Central que ya los necesitaba para pagar las importaciones de energía. Ese doble drenaje de divisas obligó a sucesivos gobiernos (principalmente kirchneristas) a poner parches —cepos, recargos, impuestos— para intentar cerrar el grifo. Ese círculo, por primera vez en 16 años, se rompió: el superávit de la balanza energética ya supera al déficit generado por el turismo. O sea, los dólares que entran por Vaca Muerta alcanzan (y ahora sobran) para financiar los que salen por Ezeiza.
El dato surge de un cuadro difundido por el economista Fernando Marull, que resume en un solo número una de las transformaciones más profundas de la macroeconomía argentina reciente. Los dólares que hoy exporta Vaca Muerta ya alcanzan para cubrir, con margen, la salida de divisas que provocan los argentinos que viajan al exterior.
La energía había sido durante años fuente de fuga de dólares (había que importar gas y combustibles a precio internacional), y esa presión se sumaba a la del turismo emisivo. El resultado era una cuenta que sólo cerraba con deuda o con el ahorro de los exportadores del agro.
La discusión sobre «quién pone los dólares que se gastan en Miami» atravesó gobiernos de distintos signos. Con cepo, sin cepo, con impuesto PAIS o con recargos a las compras con tarjeta, la pregunta de fondo siempre fue la misma: ¿alcanzan los dólares genuinos del comercio exterior para bancar el consumo turístico de los argentinos afuera? Durante años la respuesta fue no.
Vaca Muerta da vuelta la cuenta: por primera vez, paga más de lo que gastan los argentinos afuera.
En ese contexto se inscribe una de las frases más recordadas de Carlos Melconian, que graficó como pocas la paradoja argentina: los dólares que genera el país vía el balance energético terminan financiando el consumo externo antes que la acumulación de reservas. A lo largo de este año, el economista lo resumió con crudeza: «Los dólares de Vaca Muerta terminan todos en la Comuna 16, que es Miami», y agregó que buena parte «se va para Punta Cana o para el colchón». Hoy, sin cepo, hay dólares de la energía que se van por turismo mientras que el BCRA acumula compras por US$ 14.000 millones.
El cuadro de Marull cobra sentido en la serie histórica. Según el INDEC, la balanza energética pasó de un déficit de US$ 4.359 millones en 2022 a un resultado casi neutro de –US$ 47 millones en 2023, dio el salto a un superávit de US$ 5.668 millones en 2024 y de US$ 7.815 millones en 2025, récord histórico. En el primer semestre de 2026 ya acumulaba US$ 6.987 millones, con proyección anual por encima de los US$ 12.000 millones.
La cuenta «Viajes» de la balanza de pagos, que mide el turismo, tuvo un recorrido inverso pero más volátil: de un déficit moderado en 2023 pasó a US$ 2.845 millones en 2024 y a un récord de US$ 7.221 millones en 2025, producto del boom del turismo emisivo con el dólar planchado. En el primer trimestre de 2026 el rojo fue de US$3.184 millones, con una desaceleración que continuó en el segundo trimestre.
El cruce de esas dos líneas es la clave. En 2025, por primera vez, el superávit energético (US$ 7.815 millones) ya alcanzaba para cubrir el déficit turístico récord (US$ 7.221 millones) del mismo año. Lo que remarca Marull es que ese cruce, lejos de ser una coincidencia puntual, se consolidó en 2026: la energía no solo empata la cuenta turística, sino que la supera con una diferencia creciente. Ahora «sobrarán» US$ 3.000 millones de Vaca Muerta, según Marull.
Ese cambio de tendencia se explica por la recuperación de la producción de Vaca Muerta, la entrada en operación del Gasoducto Néstor Kirchner y la caída de las importaciones de gas licuado, mientras que del lado turístico el menor tipo de cambio real y la caída del salario en dólares moderaron la salida de argentinos en el último año, aunque el desequilibrio sigue siendo estructural: por cada turista que ingresó, todavía salieron más de dos residentes.
El punto que subraya Marull es que, por primera vez desde los «superávits gemelos» de la era de Néstor Kirchner, un solo sector de la economía real genera por sí solo más dólares de los que hacen falta para pagar los viajes al exterior.
Esto no clausura el debate que instaló Melconian sobre el destino final de esos dólares. Si las divisas de Vaca Muerta terminan reinvertidas en el aparato productivo o «evaporadas» en consumo externo sigue siendo motivo de tensión entre el sector exportador y una economía interna que no despega al mismo ritmo.
Con el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur en camino a operar hacia fin de año, la pregunta que dejan abierta economistas como Marull y Melconian ya no es si la energía puede pagar el déficit turístico, sino si el país logrará capitalizar ese excedente en algo más que Punta Cana.
