UIA: Caputo dio alivio, pero una señal encendió a la industria

UIA: Caputo dio alivio, pero una señal encendió a la industria


Pasó una nueva conferencia anual de la Unión Industrial Argentina (UIA) y entre los empresarios quedó una sensación de relativo alivio. De mínima, esperaban que el ministro de Economía, Luis Caputo, no volviera tener expresiones agresivas similares a las de agosto pasado cuando en un evento organizado por la Cámara de Agentes de Bolsa calificó de «tarados» a quienes cuestionaban la caída de la actividad y la apertura comercial. De máxima, esperaban algún anuncio para el sector. Las dos cosas ocurrieron.

La suspensión de los embargos hasta mayo es, para el sector industrial, un reconocimiento implícito del gobierno de Javier Milei acerca de la dura realidad del sector. 

De acuerdo a un último informe de coyuntura de la Fundación Observatorio Pyme, una de cada siete industrias pyme recibió una medida cautelar o de ejecución fiscal de ARCA, con notificaciones que llegaron, en el 70% de los casos, dentro de los 30 días desde el vencimiento de la obligación. 



El principal origen de los embargos es el atraso en el pago de compromisos corrientes (IVA, Ganancias, aportes) y, en menor medida, en la caída de planes de facilidades de pago.

Este panorama responde a una tensión creciente en la cadena de pagos: para el 48% de las industrias pymes se alargaron los plazos de cobro de los clientes. En la actualidad, llegan a 49 días promedio, 10 días más que el plazo promedio de un año atrás, según el Observatorio Pyme.

En cualquier caso, el alivio que intentó transmitir Caputo en la 32° Conferencia Industrial de la UIA, si bien fue bien recibido, no alcanza para torcer las expectativas del sector. En los pasillos del centro de convenciones Golden Center, donde se desarrolló el evento, hubo consenso entre empresarios en que el proceso de reconversión de firmas que pasan de la producción a la importación continuará. Buena parte de esa tendencia está atada a las expectativas para el 2027. 



Entre los industriales pyme predomina la sensación de que el gobierno volverá el año próximo a impulsar las tasas de interés hasta los niveles que sean necesarios para contener al dólar en la previa electoral, un combo que amenaza con desincentivar todavía más a la producción.En todo caso, más allá de los anuncios del ministro de Economía para el sector, de los paneles surgieron otros datos y tendencias que también reflejan la realidad del sector fabril.

Argentina, campeón mundialAl igual que en ediciones anteriores, el principal reclamo de la UIA pasó por «nivelar la cancha». Esto es, que el sector industrial pueda competir en igualdad de condiciones con la producción de otros países. En esa línea, Martín Rappallini, titular de la central fabril, planteó un Pacto Fiscal Federal para la Competitividad dirigido a reducir la carga impositiva.

En una de las presentaciones, Carlos Abeledo, presidente del Departamento Tributario de la UIA, cuantificó hasta dónde llega el peso de la mochila que cargan las empresas. Si se toma en cuenta la presión fiscal promedio, Argentina, con el 28%, figura en el puesto 12 entre 30 países, muy por debajo de Francia (44%), Italia (43%), Alemania (38%) y hasta de Brasil (32%). Sin embargo, ya con casi la mitad de la economía en negro, la realidad del día a día es muy diferente para las empresas: si el cálculo se hace efectivamente sobre la presión fiscal formal, Argentina pasa al primer puesto entre los 30 países evaluados. Con el 56%, supera a Brasil (50%), Francia (45%) e Italia (45%).



 

La textil que exportaDentro de un sector industrial en crisis, hay algunos rubros que están mucho más afectados que el promedio. Un caso evidente es el textil. De acuerdo al último informe del Centro de Estudios UIA (CEU), la producción de textiles en los primeros ocho meses del año registró un derrumbe del 20,8%, muy por encima del descenso del 2,7% de la industria en general.

No obstante, aún en medio de ese océano de caídas, hay una isla que se mantiene a flote. Se trata de Textiles Tala, una empresa surgida hace más de 50 años y que se especializa en la fabricación de panas y terciopelos de alta gama.



«Estamos en un segmento de nicho como el de productos de tapicería, decoración y moda», dijo en un panel de la conferencia de la UIA Gabriela Tala, propietaria e integrante de la segunda generación en la empresa. «Hacemos un artículo artesanal y difícil, y creo que esa es una característica que nos ha permitido mantenernos todos estos años y seguir resistiendo», agregó.

La empresa invirtió para poder tener una tecnología acorde a los estándares internacionales y desarrolló certificaciones que les permitieron presentarse tanto en licitaciones locales como del exterior. Ese recorrido y el foco en un nicho alejado de la competencia masiva les dio la posibilidad no solo de mantenerse en pie en el mercado doméstico, sino también de exportar.

Sin embargo, el escenario está lejos de ser una panacea. «Lamentablemente en Argentina vivimos en situaciones pendulares: pasamos de un sistema de SIRA (Sistema de Importación de la República Argentina) y cepos que trababan la actividad a un modelo en el que control solo recae en las empresas y en los consumidores», señaló Gabriela Tala. «Tenemos que revisar los modelos de apertura: nosotros no le tenemos miedo a las importaciones y no estamos en contra de la apertura económica debido a que es algo que nos integra al mundo, pero estamos encontrando dificultades, sobre todo, en el tema de subfacturación y dumping, que es un obstáculo importante porque se trata de una competencia desleal», agregó.



Industria audiovisual: del éxito a la crisisEn la primera década del siglo, el sector audiovisual argentino se posicionó como uno de los principales exportadores globales de formatos televisivos, ficción y telenovelas, además de convertirse en un muy prolífico productor de películas. Sin embargo, ese escenario ya parece formar parte del pasado.

«La producción cinematográfica ha caído un 60% en los últimos años y eso no es casualidad: mientras en buena parte del mundo se desarrollan políticas de incentivo fiscal para esta industria que tiene un efecto multiplicador sorprendente en toda la economía, eso hoy está adormecido en Argentina», dijo en el evento de la UIA Nicolás Abruj, productor de cine y miembro de la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (CAIC).

El sector audiovisual generó en Argentina durante el año pasado 90.671 puestos de trabajo. Además, por cada 100 empleos directos de esta industria se generaron otros 73 puestos. En tanto, las exportaciones de servicios audiovisuales sumaron el año pasado U$S 358 millones.



Esos números se vienen achicando año a año ante la dificultad creciente para competir contra otros países en los que la industria goza de incentivos fiscales. Uruguay, Chile y España, por ejemplo, ofrecen entre 25% y 40% de reintegro de las inversiones en los rodajes. Sin esas políticas, se estima que el 70% de las producciones que se hicieron en España en los últimos años no hubieran sucedido.

«Son incentivos fiscales en la base a la inversión, y esa inversión generada tiene un efecto multiplicador: por ejemplo, hay estudios que indican que por cada dólar invertido en la ciudad de Buenos Aires, el efecto multiplicador es de 16, con un fuerte impacto en la economía real», señaló Abruj. «Da mucha tristeza ver cómo pasamos de ser uno de los mayores exportadores de contenido audiovisual a un presente en el que, si bien todavía tenemos un montón de talento y un montón de historias, muchas de las producciones argentinas no están hechas en el país; historias como las de Cromañón o la del caso AMIA, por ejemplo, se filmaron en Uruguay».