Los primeros siete meses de 2026 dejaron en claro que el turismo internacional en la Argentina cambió de ritmo. Mientras las salidas al exterior cayeron, la llegada de turistas extranjeros no para de crecer. Este contexto no solo favorece el saldo de divisas, sino que además confirma el enorme valor del turismo receptivo: una forma directa y eficiente de vender al mundo el talento, la gastronomía y la cultura, con un impacto que alcanza a toda la cadena de valor del destino.
Hablar del valor estratégico del turismo internacional es hablar de su capacidad para transformar la economía real. Un turista que arriba no solo paga una noche de hotel o un pasaje: su gasto llega directo al mozo del restaurante de barrio, al taxista, a las librerías, a las salas de teatro y a miles de comercios. En un mundo donde las grandes capitales compiten inteligentemente por captar viajeros, un posicionamiento sólido se traduce en desarrollo local, empleo y oportunidades para toda la comunidad.
En la Ciudad de Buenos Aires, los datos registrados a julio de 2026 confirmaron el impacto de esta visión estratégica. El Observatorio Turístico de la Ciudad refleja una consolidación innegable: recibimos 1,6 millones de turistas internacionales, lo que representa un crecimiento del 19% respecto del mismo período de 2025.
El análisis de los mercados emisores confirma la solidez de este proceso. Brasil continúa liderando el mapa regional como nuestro principal emisor de turistas con 357 mil arribos, seguido por un crecimiento sostenido de Estados Unidos. A este impulso se suma el gran dinamismo de países de la región como Perú, Chile y Colombia, junto a la incorporación de la línea aérea China Eastern que va sumando cada vez más frecuencias, fomentando el crecimiento de visitantes chinos y posicionando a la Ciudad como una puerta de entrada clave para el turismo asiático en América Latina.
Estos resultados no son producto del azar ni de la inercia del atractivo porteño. Responden a una decisión política firme encabezada por el jefe de Gobierno, Jorge Macri, quien situó al turismo en el centro de la agenda y posicionó a la Ciudad en el mundo. Bajo su gestión, hemos impulsado un trabajo coordinado con el sector privado para modernizar la infraestructura turística, simplificar procesos y desplegar una estrategia de promoción inteligente de Buenos Aires en los mercados prioritarios.
La planificación constante fue precisamente la que nos permitió anticipar un cambio profundo: el perfil del turista internacional ha evolucionado. Hoy no busca únicamente contemplar un destino, sino también vivirlo a través de una gastronomía de calidad, de su diversidad y una propuesta cultural genuina. Buenos Aires se ha transformado para dar respuesta a estas nuevas exigencias sin perder su identidad, con una gastronomía distinguida en las principales guías internacionales, una agenda ininterrumpida de grandes eventos culturales, deportivos y de negocios, y el encanto de nuestros barrios hacen de la Ciudad un destino dinámico, abierto todo el año y preparado para los desafíos del turismo global.
Apostar al turismo receptivo es apostar al futuro de la Ciudad. Seguiremos consolidando nuestra articulación con el sector privado para garantizar que cada visitante que elija Buenos Aires se traduzca en más empleo, más inversión y más oportunidades para todos los porteños.
