Qué necesitamos las pymes – El Economista

Qué necesitamos las pymes – El Economista


Hace mucho tiempo que la pyme argentina es desoída sistemáticamente por todos los gobiernos de turno. Cuando hablo de pyme no me refiero a los galpones ni a los empresarios especulativos que a la primera de superávit se llevan todo al bolsillo. Hablo del empresario íntegro, esos que suelen ser moderados, que ponderan el sentido común y el diálogo. 

Este fenotipo de argentino suele ser referente en el ecosistema al cual pertenece teniendo un impacto importante, ya sea grande o chico, en la vida de los involucrados. En estos casos, la palabra vale mucho ya que es lo último que queda en un abanico de recursos que se ve cada vez más acotado. El manejo del personal y el historial de comportamiento para con los clientes y proveedores se convierten en la última habilidad para sobrevivir. Son muchos años de aguantar los vaivenes de políticas inconducentes donde los resultados están a la vista. Desde el 2011, Argentina creció 7 años de manera positiva y 8 de manera negativa (Indec). Números desoladores. ¿Cómo se pueden esperar grandes resultados con este nivel pendular de políticas económicas? La culpa no la tiene el empresario. Es más, es un héroe. Asegurar la continuidad del negocio es algo terriblemente agotador, que limita seriamente el espacio para proyectar y mejorar.

El péndulo económico y el problema del tipo de cambioHabiendo hecho esta introducción, me suelo preguntar cuál es el denominador común de todos los gobiernos de los últimos tiempos para justificar el nivel de retroceso que tuvimos. La respuesta que yo encuentro es que todos los gobiernos han optado por la apreciación artificial del tipo de cambio oficial. Argentina lo viene interviniendo desde octubre de 2011 mediante la imposición del cepo, o manipulación de su precio a través de diferentes instrumentos, ya sea deuda no fiscal, posiciones de dólar futuro o encajes exorbitantes entre muchas otras.



Dólar barato, costos altos y pérdida de competitividad¿Qué consecuencia implica una moneda local sobreapreciada? El resultante más importante es un encarecimiento de todos los bienes y servicios en moneda dura producidos en el país. Básicamente es una pérdida de competitividad que va en detrimento de todos los agentes productivos del país. De esa manera se pierden mercados tanto locales como internacionales. Quedamos caros. A su vez, el poder adquisitivo del dólar en el país cae drásticamente resultando en una contracción del consumo general. Se genera una dicotomía donde a pesar de tener una mejora de los sueldos medidos en dólares, el mismo no alcanza para llegar a fin de mes.

Brasil y Argentina: dos caminos para atraer inversionesObservando el caso Brasil, ellos no interceden sistemáticamente en su tipo de cambio. Y si lo hacen, lo suelen hacer de manera esporádica para prevenir shocks puntuales. Desde 2011 el PBI de Brasil creció 12 años y cayó únicamente 3. No solo eso, sino que durante el 2025 recibió, mediante inversión directa extranjera, US$ 77.676 millones (Cepal), record en la región. En contraparte, Argentina recibió US$ 3.134 millones, por debajo de Republica Dominicana. Se supone que Lula es de «izquierda» y Milei es «pro mercado» o de «derecha»: evidentemente poco importa a los inversores extranjeros. Brasil ha transitado gobiernos de Bolsonaro a Lula sin grandes modificaciones en su rumbo económico y cerró el 2025 con más de US$ 348.000 millones de exportaciones, récord histórico. Argentina sigue estancada hace más de una década en torno a US$ 78.000 millones en exportaciones.

Los datos son contundentes. ¿Quién va a poner un dólar en un país donde es casi imposible retirarse? Sumado a eso, como mencioné, actualmente todos los costos asociados a producir son muy altos en dólares, como por ejemplo el costo de la construcción que ronda los US$ 1.300/M2. Partiendo desde los cimientos, no hay retorno de inversión posible que justifique hundir capital en Argentina. Es simple, hoy tenemos trabas para los flujos en dólares y encima estamos caros. Una combinación letal para seducir capital extranjero.



El tipo de cambio como primera barrera de competitividadDesde luego que la presión fiscal, los costos laborales, los costos logísticos y todos estos temas son fundamentales y debemos atenderlos oportunamente. Lo que creo fervientemente es que la primera barrera de protección contra estos flagelos productivos es un tipo de cambio de mercado. ¿Por qué digo esto? Básicamente porque un tipo de cambio de mercado contempla todas estas ineficiencias que menciono sumando factores como la indisciplina fiscal, la inseguridad, el déficit de infraestructura, etc. Hoy tenemos precios europeos con prestaciones de países africanos. Visto de otra manera, ¿qué salto de productividad existió en Argentina para justificar semejante apreciación cambiaria?

Como conclusión, considero que el país necesita audacia, pragmatismo y sentido común. Liberar el tipo de cambio de todo cepo y manipulación permanente es el primer paso para construir seriamente. En la actualidad, solo un puñado de países conviven con este tipo de prácticas: es un tema completamente desterrado y el mundo está en otra sintonía. Argentina necesita saber lo que vale para comenzar a transitar una senda de verdadero progreso. El planteo no va en contra de sectores pujantes como el agro, minería y el petroquímico, sino todo lo contrario e incorpora todos los agentes que tienen mucho más para dar como por ejemplo el turismo. Nunca es tarde para comenzar, Argentina tiene mucho más para dar: de eso no tengo duda.