Préstamos en dólares para los que ganan en pesos: ¿peligro o oportunidad?

Préstamos en dólares para los que ganan en pesos: ¿peligro o oportunidad?


En la salida de la convertibilidad en el 2002 se tomó la polémica decisión de pesificar compulsivamente todas las deudas en dólares en una relación uno a uno. Es decir, deuda de US$ 100 pasó a ser deuda de $100, cuando había habido una devaluación del 300%. Esto obviamente que puso en peligro al sistema bancario.

Las autoridades económicas de aquella época señalaban de que este era el castigo que se pagaba por haber cometido el pecado original de dar préstamos en dólares a empresas y gente con ingresos en pesos. Por esta razón se les prohibió por ley a los bancos prestar en dólares a quienes no tengan fuentes de ingresos en dólares. Es decir, que los préstamos en dólares se redujeron al acotado universo de empresas exportadoras.

Habiendo pasado 24 años, el gobierno volvió a habilitar con un DNU los préstamos en dólares a personas y empresas cuyos ingresos no sean en dólares. Como primer paso, el Banco Central anunció que habilitará los préstamos en dólares solo a empresas y bajo regulaciones prudenciales más estrictas que para los préstamos en pesos. Después se verá si se hacen extensivos a personas humanas.



Y se prendió la hoguera de las polémicas. Economistas, incluso de orientación ortodoxa lejanos ideológicamente a los heterodoxos del 2002, alertaron de los peligros de la herejía que podía volver a poner en peligro al sistema bancario. La verdad que en un país como la Argentina que está lejos de tener consolidada la estabilidad macroeconómica y donde no hay un consenso compartido entre la dirigencia política sobre la importancia de la estabilidad no suena descabellada la idea de que esta jugada es un peligro.

Pero lo mejor en las discusiones técnicas es mirar primero las evidencias. Según los datos del Banco Central, entre diciembre del 2023 y agosto del 2026, los depósitos en dólares pasaron de US$ 14.000 a US$ 40.000 millones o sea aumentaron en US$ 26.000 millones. Los depósitos en pesos –expresados en dólares– pasaron de US$ 76.000 a US$ 79.000 millones o sea aumentaron en apenas US$ 3.000 millones. Es decir, los depósitos en dólares crecieron 10 veces más que los depósitos en pesos. 

 



Esto implica que la propensión de los argentinos a ahorrar en dólares se mantiene intacta. Sin embargo, hay una buena noticia y es que apareció una mayor predisposición de la gente a confiar sus dólares a los bancos. Antes, los ahorros se fugaban al exterior o «al colchón». Ahora, se bancarizan. 

De hecho, los bancos tienen más capacidad prestable en dólares que en pesos. Ir en contra de esta realidad es tolerar un permanente y masivo drenaje de ahorros del circuito económico. De poco sirve la buena noticia de que la gente confía sus dólares a los bancos, si quedan inmovilizados por regulaciones restrictivas de hace 24 años. La contrapartida es menos inversión, menos producción y menos empleos. 

La primera conclusión es que hace falta darle un uso productivo a esta capacidad prestable en dólares de los bancos. Si la estabilidad macroeconómica vino para quedarse no habría problema en que los bancos presten en dólares a los que ganan en pesos dado que el riesgo cambiario de esta operación es administrable con swaps o contratos de futuro. El problema se produce cuando hay fuertes devaluaciones cambiarias provocadas por la indisciplina fiscal y la discrecionalidad de los funcionarios.



De aquí que hay que fortalecer las instituciones que garanticen que la estabilidad vino para quedarse. Una de ellas, muy importante, es la independencia del Banco Central que se trata en el Congreso. 

 

Desafortunadamente, el proyecto con media sanción en Diputados es muy defectuoso. 



Estipula dos tercios de los votos del Congreso para remover al directorio del Banco Central cuando los dos tercios también debería ser para modificar la carta orgánica del Banco Central. Como está el proyecto, un futuro gobierno populista cambia la Carta Orgánica del Banco Central con mayoría simple y listo. Se termina la independencia y la indisponibilidad de su directorio.

El otro gran error es que coloca fuertes sanciones para el funcionario que emita para prestarle al Tesoro. Las fuertes sanciones, incluso penales, le debe caber también al funcionario del Banco Central que coloque controles de cambio o tipos de cambio múltiples porque esto es lo que rompe los contratos en dólares. Sería bueno que el Senado enmienden estos errores.

Son justificados los temores de quienes ven un peligro en prestar en dólares a quienes tienen ingresos en pesos porque los argentinos somos muy indisciplinados con la política fiscal y cambiaria. Pero esto no justifica ser férreos en mantener la prohibición de los préstamos en dólares. Lo que corresponde es cambiar y ser disciplinados con la política fiscal y cambiaria.