La Argentina anda mal en educación. En la prueba internacional PISA del 2025 los resultados fueron muy desalentadores. Esta prueba se toma a jóvenes escolarizados de 15 años de edad para medir competencias de lectura con miras a su incorporación al mercado laboral. En lectura aparece que el 60% de los jóvenes argentinos tiene capacidades insuficientes y un 24% tiene capacidades básicas. O sea que sólo 16% tiene capacidades de lectura para conseguir un buen empleo formal.
Esto es preocupante porque se está viendo que lo único que crece es el empleo informal y que los déficits laborales ya están generando pobreza, aún pasada la alta inflación. Ciertamente que no hay empleo porque la demanda laboral de las empresas en las ciudades está desinflada. La culpa aquí es multivariada, pasando por las tasas de interés astronómicas, la remanencia del cepo cambiario, la madeja de impuestos distorsivos, etcétera.
Pero supongamos que de pronto estos temas se solucionan. La demanda laboral de las empresas formales se va a querer expandir, y se va a frustrar porque no van a conseguir trabajadores que sepan leer.
Lo cierto es que los resultados de PISA no sorprenden, porque las pruebas nacionales ya vienen alertando de estos déficits. Las pruebas argentinas son menos exigentes que PISA pero, así y todo, arrojan que solo el 50% de los alumnos escolarizados tienen aprendizajes mínimos o más en lectura. Con lo cual hay que ponerse a ver cómo salir de esta decadencia.
¿Cuál es la raíz de la decadencia educativa?En la Argentina, por ser un país federal, la educación básica es responsabilidad de las provincias. Con lo cual Argentina no tiene un sistema de educación. Tiene 24. Uno por cada provincia. Esta es la primera complejidad porque aparecen resultados muy dispares.
Si el promedio nacional de alumnos escolarizados con aprendizajes mínimos o mayores es el 50%, en CABA es el 65%, en Entre Ríos el 51%, en Formosa el 47% y en Tucumán el 42%.
Ante esta realidad los expertos en educación afirman con ahínco que lo que falta es más presupuesto. Otros ponen el foco en que hay mucha pobreza y, ciertamente, cuando se es pobre se aprende menos. Otros suman a estos factores las realidades tan distintas del interior donde en muchos lugares las escuelas son lejanas o de difícil acceso.
Cuestión es que en Idesa hay un laboratorio que se especializa en estudios de estadísticas y políticas educativas. Se llama Edulab. Lo que hicieron allí es correr una regresión econométrica donde la variable dependiente es el porcentaje de alumnos con aprendizajes mínimos o más de cada provincia y las variables independientes son los factores que señalan los expertos, es decir, los niveles de pobreza, ruralidad y gasto por alumno de cada provincia. Lo que permite medir esto es cuánto gana o pierde una provincia en educación, sacando los efectos de la pobreza, la ruralidad y gasto por alumno. En este sentido, es una aproximación a las ganancias o pérdidas por la gestión de las escuelas de cada provincia.
Los resultados son preliminares pero muestran cosas curiosas. Por ejemplo, dadas las condiciones de pobreza, ruralidad y gasto por alumno en Entre Ríos, la provincia debería tener el 45% de alumnos con aprendizajes básicos o más, pero tiene 51%, lo que quiere decir que aumentó los aprendizajes de los alumnos gracias a ganancias de gestión. Formosa tendría que tener el 44% de los alumnos con aprendizajes mínimos o más, pero tiene 47%, lo que quiere decir que también ganó aprendizajes con gestión. En el otro extremo Tucumán debería tener 51% de los alumnos con aprendizajes mínimos o más, pero tiene 43%, lo que quiere decir que pierde aprendizajes por fallas de gestión.
Este ejercicio de Edulab de IDESA aspira a mostrar que los aprendizajes de los alumnos no dependen solamente del presupuesto, la pobreza y la ruralidad. Hay otras cosas más que también aportan, entre las que se destaca la gestión de las escuelas. O sea, la capacidad de dar aprendizajes.
¿Qué hacer?El camino para mejorar es largo y tortuoso. Pero es forzoso empezar a caminarlo. Hay que construir una adecuada coordinación de roles entre la Nación y las provincias. La Secretaría de Educación nacional se debe concentrar en la medición, análisis compartido y difusión de los resultados en los aprendizajes de los alumnos de cada provincia. Luego cada provincia debe tomar las decisiones –algunas políticamente muy sensibles– para una mejor administración de los recursos provinciales invertidos en educación.
Hay un mito que debe ser desterrado: «Que la Argentina cuenta con abundantes recursos humanos calificados».
Los datos no soportan la afirmación. Por eso es urgente empezar a mejorar la gestión de la educación en las provincias.
