«No puede ser que nos traguemos todas las mentiras de este conjunto de delincuentes. Esta vez, ustedes van a tener las ideas de la libertad, las ideas del progreso, las ideas de la prosperidad. Del otro lado, van a tener el modelo decadente. Si no ganamos, es porque como sociedad estamos decidiendo suicidarnos».
La advertencia que lanzó Javier Milei llama la atención por el triunfalismo verbal que suele pregonar la Casa Rosada al hablar de las elecciones de 2027. Incluso contradice al propio Luis Caputo, que meses atrás dijo que puede haber una guerra mundial o una invasión extraterrestre, «pero Kicillof no va a ser presidente nunca en su vida en la Argentina». ¿Algo cambió?
El Presidente está fastidiado y no lo esconde. No logra modificar el eje de discusión de la agenda económica: morosidad, economía en serrucho, pérdida de empleo formal y bolsillos ajustados. Le apuntan los cañones a la desinflación, que en agosto mostraría un buen número (se habla de 1,6%), pero ya están advertidos por quienes entienden de política que esa demanda social ya no pesa como en el 2023 y que ahora la sociedad demanda otra cosa.
Incluso la agencia Bloomberg, siempre muy leída en el mercado financiero y en Wall Street, marcó un hecho que enfurece a Milei: perder la batalla de las redes sociales. Dice Bloomberg que las menciones al presidente cayeron 72% desde su pico de 2025 y explica que se debe «a una economía estancada, tropiezos políticos y un deterioro de su imagen». Además, las interacciones con sus posteos bajaron 62% desde que asumió. ¿Milei está perdiendo la batalla cultural en el «antro» que lo vio nacer?
La sensación de debilidad política que ostenta la Libertad Avanza, algo que no esconden del todo y por eso están tejiendo desde ahora la alianza electoral con el PRO, podría estar siendo exagerada. Los grandes bancos del mundo mantienen la tesis de que Milei será reelecto en 2027. Por ejemplo, el Citi cree que «el riesgo de un retorno del estatismo» en la Argentina es exagerado. De hecho, le asigna una probabilidad de «baja a medio baja» de que la oposición gane.
Federico Aurelio, titular de Aresco y uno de los consultores políticos valorado por Milei, dice que el Presidente tiene todavía un 40% de intención de votos. De ese total, 25% es el núcleo duro (incluidos votantes del PRO) y un 15% «núcleo blando», o sea quienes no están convencidos pero que no encuentran una oferta que los seduzca. Hay margen para un tercer espacio que hoy no existe pero que, dice Aurelio, puede surgir.
De todas formas, las cuentas le siguen dando a Milei. Juan Manuel Pazos, economista jefe de One618, dice que si se miran todas las elecciones presidenciales de 1995 hasta acá, hay una sola elección en la que un candidato sacó 40% y luego no ganó. Fue en el 2019 con la caída de Mauricio Macri ante Alberto Fernández.
«Todos los candidatos que llegaron al menos al 40% son favoritos a la presidencia», acotó Pazos. El temor es la famosa profecía autocumplida: «Objetivamente, obtener 40% en primera vuelta suele convertir al candidato en favorito, pero el mercado subestima al Gobierno y podría reaccionar con pánico ante otra victoria contundente de la oposición en las PASO como ocurrió el año pasado en la Provincia de Buenos Aires, más allá de que luego el Gobierno arrasó».
El monotema se trasladará a Nueva York y Londres, donde la asociación de banqueros y traders (EMTA) realiza dos reuniones con 48 horas de diferencia sobre las perspectivas económicas y políticas de la Argentina. El 15 de septiembre en Manhattan estarán representantes de Bank of America, JP Morgan Asset Management, S&P Global Ratings y VanEck, convocados por Portfolio Personal Inversiones (PPI).
Dos días después, será el mismo foro pero en Londres convocado por el banco Comafi.
Estarán hablando los portfolio managers de Aberdeen Investments, Morgan Stanley, RBC BlueBay Asset Management, Pictet Asset Management y StoneX.
«El riesgo país volvió a acercarse a los 500 puntos y las acciones locales llegaron a saltar hasta 5% en Wall Street esta semana, mientras el mercado sigue leyendo continuidad del programa. Bonos soberanos y CDS acompañan esa misma compresión. Esto no cambia la tesis de fondo sobre la trayectoria fiscal. Pero sí conviene revisar la posición si la volatilidad política de las próximas semanas corre más rápido que la compresión del riesgo país», puntualizó Alberto Ades, asesor de New World Investments en Nueva York.
El Gobierno se juega a mantener su hoja de ruta con módicas modificaciones. La inflación, como ordenador de la mejora económica. En lo cambiario hubo movimientos. «El Gobierno aflojó parcialmente la válvula cambiaria para aliviar las presiones acumuladas sobre el mercado de cambios», sostuvo EcoGo, la consultora de Marina Dal Poggetto y Sebastián Menescaldi.
El dólar pasó del techo de $1.500, se estabilizó incluso debajo de $1.510, sin que la curva de futuros anticipara un salto discreto. Las tasas implícitas descuentan una depreciación mensual de apenas 1,7%-1,9%. «Por ahora, el movimiento parece haber alcanzado para descomprimir el mercado sin alterar significativamente las expectativas de nominalidad», acota la consultora.
Esa mayor flexibilidad cambiaria también permitió una mejora marginal en la acumulación de reservas. El BCRA elevó sus compras promedio a US$ 51 millones diarios, aunque el ritmo continúa siendo modesto frente al volumen operado: las adquisiciones de agosto representan apenas 7% del volumen negociado en el MAE, contra un promedio de 19% entre enero y julio.
EcoGo dice que el reciente movimiento del tipo de cambio puede interpretarse como una señal de que el nivel de cotización vigente comienza a resultar más compatible con esta nueva oferta neta de divisas. Las tasas, obviamente, quedaron altas en torno al 25%.
«Así, la nominalidad parece estar encontrando un nuevo orden: primero la tasa, luego la inflación y finalmente el tipo de cambio. Este esquema puede contribuir a sostener la desinflación y a ordenar los incentivos financieros durante los próximos meses, pero todavía no resuelve la tensión fundamental del programa: acumular reservas sin ejercer una presión excesiva sobre el tipo de cambio», explican.
«La válvula se abrió, pero la presión no desapareció. La capacidad del Gobierno para seguir administrando esta tensión sin tener que volver a soltar el dólar o vender más cobertura será, por lo pronto, uno de los principales focos de atención de las próximas semanas», advierte EcoGo.
