La evolución del consumo, hasta hace un par de años una variable más, se convirtió en un territorio en disputa. A contramano de las estadísticas oficiales y privadas que vienen registrando un fuerte y sostenido descenso en las ventas de productos de consumo masivo, el gobierno se esfuerza en demostrar que esas tendencias no son reales.
Al frente de esa cruzada que parece formar parte de la llamada «batalla cultural» se ha puesto el propio presidente Javier Milei. En los últimos meses, ha repetido en varias ocasiones que «el consumo está en su máximo histórico». Para darle fuerza a esa afirmación ha llegado a repostear en su cuenta de X videos de la Calle Corrientes, en Buenos Aires, repleta de gente y fotos de shoppings atiborrados de potenciales consumidores.
Entonces, ¿el nivel de los ingresos «está literalmente volando», tal cual afirma el presidente sobre los trabajadores informales, y eso está impulsando como nunca antes el consumo o la realidad está más cerca de la percepción social extendida acerca de una calle fría, con pocas ventas tanto en tiendas de ropa como en restaurantes, tanto en supermercados como en almacenes de barrio? La respuesta depende de qué medición se tome, aunque la realidad de los bolsillos de los segmentos de ingresos medios y bajos parece no dejar lugar a segundas interpretaciones.
En principio, algunos de los argumentos que esgrime el gobierno se apoyan en estadísticas reales. El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) mide el consumo privado como el gasto total que realizan las personas y los hogares en bienes y servicios dentro del sistema de Cuentas Nacionales. Ese indicador mostró un crecimiento del 7,9% en 2025 con respecto al año anterior y del 2,7% interanual en el primer trimestre de 2026.
No obstante, esos datos positivos pueden ser engañosos sin una contextualización adecuada. «En primer lugar, el consumo sí está en máximos históricos en términos reales según la medición del INDEC, pero no en términos per cápita: si se divide el consumo de Cuentas Nacionales por la cantidad de habitantes, está por debajo de los niveles más altos registrados en 2011/2012», dijo a El Economista Guido Zack, director de Economía de Fundar. «Cuando la población crece, es natural que el consumo también aumente», agregó.
A eso se agrega la forma en que el INDEC mide el consumo privado. Lejos de la percepción cotidiana que suele asociar el consumo con las compras en comercios, las Cuentas Nacionales incorporan muchos otros gastos. De hecho, en la medición de consumo privado solo el 55% son bienes, desde alimentos y bebidas, hasta ropa y autos. El resto, cerca del 45%, son servicios, donde están incluidos los pagos de electricidad, gas, agua, medicina prepaga, transporte y educación, justamente rubros que han registrado un aumento de tarifas muy por encima del promedio de la inflación en lo que va del gobierno libertario. El nivel de gasto destinado a afrontar esos servicios es mucho mayor al de hace tres años, pero eso está lejos de indicar más consumo voluntario por un alza del poder adquisitivo.
En todo caso, hay otro factor clave a tener en cuenta a la hora de medir el consumo privado: la heterogeneidad. Además de productos de primera necesidad, la medición del INDEC incluye, por ejemplo, los viajes al exterior y la adquisición de productos suntuarios. «El consumo privado está bien medido, pero hay que interpretar bien los indicadores», dijo Zack. «Ese indicador puede dar crecimiento, por ejemplo, si se registra la venta de un auto y caen las ventas de 100 paquetes de fideos: como un auto vale más que 100 paquetes de fideos, el consumo aumenta en las estadísticas, aunque en realidad lo que se evidencia es una distribución mucho más desigual del consumo, y eso es básicamente lo que está pasando», añadió.
Otro de los argumentos que suele esgrimir el gobierno para minimizar los datos de caída de las ventas en supermercados que viene arrojando el INDEC es que ese indicador no incluye al canal del e-commerce en su real dimensión. La Encuesta de Supermercados registra el canal online, aunque lo hace de forma limitada y con una participación menor.
«La medición del INDEC cuenta solo el consumo electrónico que se hace en los sitios de los supermercados, y deja afuera a grandes rubros como por ejemplo a MercadoLibre y a otros e-commerce, además de aplicaciones como Rappi, PedidosYa o Globo», dijo a El Economista Damián Falcone, profesor de Economía en la Escuela de Negocios del IAE Business School de la Universidad Austral. «El canal electrónico no explica todavía porcentajes mayoritarios de consumo, pero hay mucha información allí que el INDEC no está capturando», agregó.
Aún si se tomaran las ventas online en su real dimensión, la caída del consumo masivo se moderaría, pero no daría un vuelco. Por un lado, según la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE), en la primera mitad de este año la facturación del comercio electrónico registró un incremento nominal del 28% interanual, un alza que está por debajo de la inflación de ese período (33,5%). Además, la cámara aclaró que dentro de la demanda privada que mide el INDEC, el comercio electrónico representa aproximadamente 8% del total.
Otro de los canales que no es captado por las estadísticas oficiales es el del contrabando. De acuerdo a un estudio elaborado por la consultora Sinnetic para la Asociación Interamericana de la Propiedad Intelectual (ASIPI), el contrabando, que además del ingreso clandestino de mercadería por las fronteras también comprende la falsificación, adulteración, piratería y venta informal de productos, ya mueve en Argentina el equivalente al 5% del PBI. Los alimentos frescos y procesados, las bebidas alcohólicas y la vestimenta aparecen entre las categorías con mayor penetración y frecuencia de consumo ilegal. «El aumento del contrabando es parte del crecimiento de la informalidad», señaló Zack.
Crisis de ingresosMás allá de las objeciones del gobierno en cuanto a las mediciones del consumo, tanto las estadísticas oficiales como gran parte de los estudios privados dan cuenta de una caída sostenida y extendida. Según la consultora Scentia, en el primer semestre el consumo masivo cayó 2,9% frente a la primera mitad del 2025. En tanto, la consultora W desglosó ese número a partir de descensos en rubros diversos que van desde indumentaria (-15%) y electrodomésticos (-14%) hasta carne vacuna (-11,5%) y autos (-10%), pasando por supermercados (-4,6%), mayoristas (-3,8%) y autoservicios (-3,2%). En julio, el relevamiento de Scentia marcó otra disminución interanual del 2,6%.
La causa de esas caídas no tiene misterios: es el resultado de una profunda crisis de ingresos. De acuerdo a los últimos datos oficiales, en junio pasado los salarios registrados del sector privado permanecían 3,6% por debajo del nivel de noviembre de 2023, mientras los salarios del sector privado, 16,5% por debajo. En tanto, si se ajustara el índice de salarios registrados por una inflación calculada con la estructura de consumo de la ENGHo 2017/18 que el INDEC no aplica por decisión del gobierno, la pérdida de poder adquisitivo resultaría todavía mayor. Según CEPA, entre noviembre de 2023 y junio de 2026, los salarios registrados acumularían una caída real de 18,5%.
En todo caso, el indicador que refleja con mayor crudeza la realidad de los bolsillos es la evolución del ingreso disponible, aquel que queda una vez descontados gastos relativamente inelásticos como vivienda, servicios públicos, salud, educación y conectividad. Según Econviews, desde noviembre de 2023 el ingreso disponible de los trabajadores formales privados cayó 22%. En tanto, si se agrega a los empleados públicos, cuyos salarios reales sufrieron un ajuste aún mayor que el de los privados, el descenso del ingreso disponible del conjunto de los asalariados formales llega al 31,2%.
«La caída del consumo responde a la disminución del ingreso disponible, en particular de las familias de menores ingresos; en contraposición, eso no sucede necesariamente con las familias de ingresos más elevados y por eso hay un aumento del consumo en algunos segmentos de alto poder adquisitivo», dijo Zack. «La foto completa muestra hoy una economía partida en dos, y eso también se evidencia en el consumo».
