El empleo se convirtió en uno de los campos de batalla más calientes de la economía argentina.
El Gobierno de Javier Milei viene defendiendo un número contundente: durante su gestión se habrían creado más de 500.000 puestos de trabajo.
El dato puede ser estadísticamente correcto. Pero necesita contexto.
El propio Federico Sturzenegger reconoció recientemente esta aparente contradicción: mientras el Gobierno contabiliza alrededor de 500.000 nuevos puestos si toma todas las modalidades laborales, el empleo asalariado privado formal viene retrocediendo.
Y ahí aparece la pregunta que divide al Gobierno de buena parte de los especialistas laborales: ¿da lo mismo crear un puesto asalariado privado registrado que sumar un cuentapropista, un monotributista o un trabajador informal?
Para el economista y especialista laboral Luis Campos, la respuesta es contundente: no.
El dato que incomoda al GobiernoLos últimos números muestran con claridad el problema.
El empleo asalariado privado registrado acumula doce meses consecutivos de caída y perdió alrededor de 241.000 puestos desde noviembre de 2023.
La secuencia negativa es una de las más extensas de las últimas décadas.
Y existe una paradoja difícil de ignorar: la actividad económica puede recuperarse y, al mismo tiempo, el empleo formal quedarse viajando por la colectora.
De hecho, Banco Provincia advirtió que entre diciembre de 2023 y mayo de 2026 se destruyeron alrededor de 230.000 puestos asalariados privados registrados.
Mientras tanto, crecen otras formas de ocupación.
El cuentapropismo alcanzó niveles cercanos a máximos históricos, mientras el monotributo también gana participación dentro del universo laboral.
Ese cambio permite entender por qué puede ocurrir algo que, a primera vista, parece contradictorio:
puede crecer la cantidad total de personas ocupadas mientras cae el empleo privado formal.
«Hemos llegado al punto de tener que explicar lo obvio»En ese contexto, Campos publicó este domingo un extenso hilo para responder una pregunta que considera casi absurda.
«¿Por qué la caída del empleo formal y su reemplazo por empleo informal y cuentapropismo es un problema?», planteó.
Y lanzó una ironía: «Hemos llegado al punto de tener que explicar lo obvio, al igual que un astrónomo o un geógrafo cuando tienen que demostrar que la Tierra no es plana».
Campos enumeró seis grandes razones por las cuales considera equivocado colocar todas las modalidades laborales dentro de una misma bolsa.
Javier Milei en la BCR – EE
1. La bomba previsionalLa primera diferencia aparece en el sistema de seguridad social.
Un trabajador asalariado formal y su empleador realizan aportes y contribuciones significativamente mayores que los que genera buena parte del trabajo independiente o informal.
Por eso, para Campos, una economía que reemplaza asalariados registrados por trabajadores informales y cuentapropistas empieza a acumular un problema fiscal hacia adelante.
Menos aportes significan menos recursos para financiar jubilaciones, pensiones y asignaciones familiares.
El problema no es menor porque aproximadamente la mitad de los ocupados argentinos está afuera del segmento asalariado privado formal o del empleo público registrado.
Y el desafío previsional está directamente relacionado con la capacidad de la economía de incorporar trabajadores a empleos registrados.
2. Tener trabajo no significa ganar lo mismoLa segunda diferencia está en el bolsillo.
Campos advierte que los ingresos laborales del sector informal y de buena parte del cuentapropismo son inferiores a los del sector formal.
Esto genera una paradoja importante.
Una persona puede dejar de tener un empleo registrado y comenzar inmediatamente a trabajar por su cuenta.
Estadísticamente nunca estuvo desempleada.
Pero económicamente su situación puede haber empeorado.
Para sostener el ingreso familiar puede necesitar trabajar más horas, conseguir un segundo empleo o provocar que otro integrante del hogar salga a buscar trabajo.
La informalidad y el cuentapropismo funcionan muchas veces como refugio frente a la falta de generación de empleos formales.
La Argentina ya mostró esta dinámica con claridad: el desempleo puede mantenerse relativamente contenido al mismo tiempo que explota el empleo informal.
3. Vacaciones, aguinaldo, enfermedad y accidentesLa tercera diferencia es probablemente la más cotidiana.
Un empleo registrado implica vacaciones pagas, aguinaldo, licencias, cobertura frente a accidentes laborales y mecanismos de protección frente a determinadas contingencias.
En buena parte del cuentapropismo ocurre exactamente lo contrario.
Si no se trabaja, no se cobra.
«Si te accidentás trabajando, problema tuyo (y de tu familia)», sintetizó Campos.
La discusión, entonces, no pasa solamente por determinar si una persona genera algún ingreso mediante su trabajo.
Pasa por determinar qué nivel de protección existe alrededor de ese ingreso.
Y esa pérdida de calidad es justamente una de las cuestiones que vienen siguiendo distintos economistas: el empleo privado formal no acompañó la recuperación de la actividad y buena parte de los nuevos trabajos aparecieron por el lado del cuentapropismo.
4. Productividad: la señal que puede ser todavía más preocupanteCampos introduce después un argumento macroeconómico.
Los trabajadores no necesariamente migran hacia ocupaciones independientes porque descubrieron una vocación emprendedora.
Muchas veces lo hacen porque perdieron —o no consiguen— un empleo asalariado.
En ese caso, el cuentapropismo funciona como mecanismo de supervivencia.
Y eso puede ser síntoma de un problema mayor: las ocupaciones informales y buena parte del trabajo no asalariado tienen una productividad significativamente menor que el empleo formal.
Es justamente uno de los grandes interrogantes del modelo económico: Argentina puede desarrollar sectores extremadamente productivos como Vaca Muerta y, aun así, tener dificultades para transformar ese crecimiento en grandes cantidades de empleos de calidad.
La recuperación del PBI tampoco consiguió, hasta ahora, arrastrar al empleo asalariado registrado al mismo ritmo.
5. El «empleo refugio»La quinta explicación posiblemente sea la más importante para entender por qué el desempleo no explota pese al deterioro del empleo registrado.
Campos denomina a buena parte de estas nuevas ocupaciones «modalidades refugio».
Comercio, transporte, casas particulares y gastronomía aparecen entre las actividades capaces de absorber trabajadores desplazados de otros segmentos.
La frase del economista lo resume: «El desempleo es un lujo demasiado caro».
Para una persona que necesita ingresos para sobrevivir, quedarse desempleada durante seis meses esperando un puesto registrado puede simplemente no ser una opción.
Hace una changa.
Maneja para una aplicación.
Hace delivery.
Vende productos.
Trabaja informalmente.
Se convierte en cuentapropista.
El desempleo no necesariamente aumenta, pero la calidad promedio del empleo sí puede deteriorarse.
Los datos digitales ofrecen una pista particularmente interesante. Las búsquedas para trabajar con Uber, Cabify, DiDi, Rappi y PedidosYa crecieron con fuerza mientras retrocedía el empleo asalariado privado formal.
En determinadas actividades, el crecimiento del cuentapropismo fue tan fuerte que ya empieza a plantearse la pregunta de si Argentina está frente a una revolución emprendedora o simplemente frente a la erosión del empleo tradicional.
6. Argentina va en dirección contraria a los países desarrolladosCampos incorpora finalmente una comparación internacional.
Las economías que Argentina suele utilizar como referencia tienen, en general, mayores niveles de empleo asalariado y menores niveles de informalidad.
Para el economista, por eso, el objetivo debería ser avanzar hacia una economía capaz de producir más puestos formales y productivos, no naturalizar su sustitución.
La discusión también atraviesa a la reforma laboral.
El desafío para el Gobierno no consiste solamente en flexibilizar las condiciones de contratación, sino en conseguir que las empresas efectivamente demanden más trabajadores. Economistas vienen advirtiendo que una reforma laboral aplicada sobre una economía con demanda de trabajo estancada puede tener dificultades para conseguir una formalización masiva.
Pero hay un punto clave: Milei no inventó el problemaEl propio Campos introduce una aclaración fundamental que evita simplificar toda la discusión.
Esta transformación del mercado laboral argentino no comenzó con Milei.
El crecimiento del cuentapropismo tiene más de una década.
Argentina viene mostrando desde hace años una combinación de estancamiento del empleo privado formal y expansión del cuentapropismo.
El fenómeno es estructural.
Durante muchos años, el sector privado formal prácticamente no consiguió ampliar su participación dentro del mercado laboral, mientras crecían el empleo público, el monotributo y el trabajo por cuenta propia.
Milei recibió ese problema.
Pero todavía no logró resolverlo.
De hecho, los primeros años de su gestión profundizaron la caída del empleo asalariado registrado.
La discusión de Campos con el Gobierno pasa por otro lugar.
Su argumento es que Milei no consiguió revertir esa tendencia y ahora intenta relativizarla incorporando todas las modalidades laborales dentro del número total de puestos creados.
¿Revolución laboral o precarización?Existe además un matiz que el propio Campos reconoce.
No todo trabajador independiente está obligado a serlo.
Hay profesionales, emprendedores y trabajadores que genuinamente prefieren administrar sus horarios, elegir clientes y no depender de un empleador.
Y el empleo asalariado también tiene costos.
«Estar sometido muchas horas por día a un patrón no es gratis», escribió Campos.
Para algunas personas, entonces, el trabajo independiente puede representar mayor libertad e incluso mayores ingresos.
Por eso, el récord de cuentapropistas admite más de una lectura.
Una parte puede reflejar transformaciones genuinas en la manera de trabajar.
Otra puede ser la respuesta defensiva de quienes no encuentran un puesto asalariado.
El problema aparece cuando se observa el fenómeno agregado.
Si simultáneamente cae el empleo privado registrado, aumenta la informalidad y crecen las ocupaciones independientes de baja productividad, resulta mucho más difícil interpretar todo el movimiento simplemente como una revolución emprendedora.
La discusión que Milei todavía no pudo cerrarEl Gobierno tiene un argumento atendible: mirar exclusivamente el empleo asalariado registrado puede dejar afuera una transformación real del mercado laboral.
El trabajo está cambiando.
Las plataformas, la tecnología, el teletrabajo y nuevas formas de contratación hacen que la relación laboral tradicional ya no explique por sí sola todo el universo del empleo.
Pero el argumento contrario también tiene números difíciles de ignorar.
El empleo privado formal acumula una larga secuencia de retrocesos.
El cuentapropismo ganó terreno.
Y la informalidad sigue siendo una de las grandes asignaturas pendientes de la economía argentina.
No todos los puestos de trabajo son equivalentes.
Una economía puede crear ocupaciones y, simultáneamente, perder empleo de calidad.
Puede bajar el desempleo y aumentar la precariedad.
Puede tener más personas trabajando y menos personas protegidas por la seguridad social.
Ese es el verdadero corazón de la discusión.
El Gobierno puede exhibir que existen más puestos de trabajo en términos agregados. Sus críticos pueden mostrar que existen menos asalariados privados registrados.
Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.
La pregunta verdaderamente importante para la economía argentina es otra: ¿qué clase de empleos está creando?
