La recesión negada y la oposición ausente

La recesión negada y la oposición ausente


Argentina volvió a una escena conocida: un gobierno peleado con los datos y una oposición peleada entre sí.

El Indec informó que la actividad económica cayó 2,9% mensual en julio. No es un dato menor. Es la peor caída mensual desde el confinamiento de abril de 2020 y, si excluimos ese episodio, la más grave desde 2004. Con ese número, la actividad quedó 4,5% por debajo del máximo de marzo de 2026 y en su nivel más bajo desde marzo de 2025.

La industria manufacturera retrocedió 3,6%, la construcción 4% y el comercio 5,5%. Son los sectores que generan empleo y consumo masivo.



La respuesta de Wall Street fue inmediata. JP Morgan recortó su proyección de crecimiento para 2026 de 2,7% a 1,5% y proyecta una contracción anualizada del 4% para el tercer trimestre. Si se confirma, tras el -0,6% del segundo trimestre, el país habrá entrado en recesión técnica. El riesgo país, que en julio tocó un piso de 402 puntos, superó los 640 este lunes.

Frente a esa evidencia, la reacción oficial fue la negación estadística. En una entrevista en LN+, el presidente Javier Milei sostuvo que «los indicadores están arrojando cualquier cosa» y que los datos desestacionalizados «miden mal» por los cambios estructurales de la economía. «No hay recesión, hay una desaceleración del ritmo de expansión», afirmó. Días antes, en el Economic Club de Nueva York, ante el editor global de Bloomberg, había asegurado que la economía crece de manera ininterrumpida desde 2024.

Aquí aparece el primer problema político del oficialismo: cuando el relato oficial colisiona con la experiencia cotidiana, pierde credibilidad. La macroeconomía puede estar ordenada, con inflación en torno al 2% mensual y superávit fiscal sostenido, pero si el salario privado registrado sigue por debajo de noviembre de 2023, si las ventas en supermercados no repuntan y si el 41% de los argentinos cree que estará peor en doce meses, según la consultora Moiguer, el logro técnico no se traduce en legitimidad social.



 

Y esto nos lleva a la distinción central: crecer no es desarrollarse.

Argentina está intentando crecer a partir de enclaves exportadores. Energía, minería y agro traccionan con subas interanuales superiores al 8%, pero generan poco empleo. Mientras tanto, los sectores que generan trabajo, ingresos y encadenamientos productivos se contraen. Es el viejo modelo de crecimiento sin desarrollo. Un crecimiento que no derrama es socialmente irrelevante y políticamente frágil.



Corea del Sur, el caso que siempre nos interpela, en 1970 tenía un PBI per cápita inferior al argentino. Hoy lo duplica. No lo hizo solo creciendo, lo hizo desarrollándose: construyó una matriz industrial y tecnológica propia. Nosotros crecimos a soja. Ellos se desarrollaron a semiconductores.

El segundo problema es la oposición. O, mejor dicho, las oposiciones.

Mientras el Gobierno atraviesa su momento económico más delicado, la oposición no logra capitalizar la situación porque no logra alinear un diagnóstico. No hay un modelo alternativo. Una parte del arco opositor discute si hay que volver a un Estado omnipresente que ya fracasó. Otra parte discute si hay que hacer el mismo ajuste pero con mejores modales.



Ninguna de las dos está discutiendo lo importante: cómo transformar ese crecimiento de enclave en desarrollo con empleo de calidad, con equidad y con infraestructura.

La falta de alineamiento opositor no es táctica, es conceptual. Y eso es funcional al Gobierno. Sin una propuesta de desarrollo que dispute el sentido del ajuste, la crítica se vuelve testimonial.

La conclusión es incómoda para todos. Para el oficialismo, porque la estrategia de negar la recesión atribuyéndola a fallas metodológicas es insostenible cuando el desempleo llega al 7,9%, el nivel más alto de esta gestión. Para la oposición, porque sin una idea de desarrollo, su crítica es solo ruido.



La pregunta que viene no es si vamos a crecer 1,5% o 2,7% en 2026. La pregunta es si vamos a seguir confundiendo estabilización con desarrollo. La estabilización es una condición necesaria. El desarrollo es lo que define si un país funciona.