El INDEC publicó este martes dos de los indicadores más seguidos de la economía real, y ambos apuntaron en la misma dirección. La producción industrial manufacturera cayó 4,9% interanual en julio y 5% frente a junio; la construcción retrocedió 4,5% interanual y 4,6% mensual. No es un tropiezo aislado: la industria firmó su peor caída mensual desde marzo de 2025 y volvió a acercarse al piso con el que arrancó la actual gestión. Mientras el discurso oficial celebra la desinflación y la calma financiera, la economía que produce se contrae.
La industria, en su peor mes en más de un añoDe las dieciséis divisiones manufactureras que mide el INDEC, doce cerraron julio en baja interanual; la única excepción fue la madera. Los golpes más duros se concentraron donde más duele para el desarrollo: Muebles y otras industrias (−13,9%), Productos de metal, maquinaria y equipo (−8%) y Automotores y equipos de transporte (−6,4%). Son, en buena medida, los rubros que fabrican los bienes con los que se equipa el resto de la economía. Su caída confirma lo que ya insinuaban otros indicadores: no hay renovación de capital ni ampliación de capacidad; se produce menos y con menos horizonte. En lo que va del año la industria acumula una baja de 2,6% y apenas dos meses —marzo y junio— mostraron crecimiento. El repunte de junio, que el oficialismo había exhibido como señal de recuperación, se borró de un plumazo en julio.
El nombre técnico del problema: desindustrialización prematuraEl economista Dani Rodrik acuñó un concepto que describe con precisión el riesgo argentino: la desindustrialización prematura, es decir, perder peso industrial antes de haber alcanzado el ingreso de los países desarrollados. Cuando eso ocurre, la economía queda atrapada en actividades de menor productividad y más difíciles de sostener en el tiempo. El dato de julio no debería leerse como un mes malo, sino como un síntoma de esa deriva: el crecimiento lo traccionan la minería, la energía y el agro —los sectores extractivos—, mientras la manufactura, la construcción y el comercio se debilitan. Es una economía a dos velocidades, y la más lenta es, justamente, la que genera empleo urbano y valor agregado.
La construcción, la otra caraEl cuadro de la construcción es más matizado, y conviene decirlo con honestidad. El ISAC cayó 4,5% interanual en julio, pero en el acumulado de siete meses todavía sostiene un alza de 1,7%. Más aún: el empleo registrado del sector creció 1,2% interanual en junio y la superficie autorizada para nuevas obras privadas trepó 31,6%. La construcción resiste mejor que la industria, apoyada en la obra privada tras el desplome de la obra pública. Pero el freno de julio importa, porque se trata de uno de los mayores empleadores del país y de un sector con fuertes encadenamientos: cuando la construcción arrastra, arrastra a muchos otros. Que ceda al mismo tiempo que la industria es una señal que no conviene minimizar.
El piso y la tareaLa foto de julio deja una convivencia incómoda: riesgo país en baja, dólar calmo, inflación en descenso… y una economía real que no arranca. No sorprende que los analistas privados ya hayan recortado su proyección de crecimiento para 2026. El punto de fondo es que estabilizar los precios y reconstruir el aparato productivo no son la misma tarea, y esta vez la brecha entre una y otra quedó a la vista en los propios números oficiales. Una economía puede ordenar sus variables nominales y, al mismo tiempo, seguir perdiendo industria, empleo y capacidades. El costo de esa deriva no es abstracto: se paga en puestos de trabajo que no se crean, pymes que no invierten y salarios que no recuperan. Julio volvió a mostrar que el ajuste, por sí solo, no derrama en la producción. Estabilizar es el piso. Volver a encender el motor productivo sigue siendo la tarea pendiente.
