Lluvias intensas, tormentas frecuentes, desbordes de ríos e inundaciones. El Niño viene provocando estragos en Argentina, pero lo peor todavía está por llegar: los pronósticos climáticos anticipan que el fenómeno alcanzará su máxima intensidad en noviembre y diciembre, y que los impactos continuarán en el primer trimestre del año próximo, aunque con una magnitud ya algo menor.
Más allá de los efectos dramáticos para el día a día de miles de personas en las provincias del Litoral y la Mesopotamia, El Niño también empieza a provocar una serie de consecuencias económicas que se extienden por todo el país. En principio, los efectos serán duales: por un lado, los cultivos de verano se verán impulsados por la mayor disponibilidad hídrica; por el otro, los de invierno, algunas frutas y verduras, y, en menor medida, la ganadería podrían verse perjudicados por la aparición de enfermedades y complicaciones para evacuar la producción debido al anegamiento de rutas y caminos rurales.
«El impacto de El Niño no será homogéneo en el país, y habrá diferencias incluso dentro de cada región», dijo a El Economista Gerardo Alonso Schwarz, economista jefe del Instituto de Estudios sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (IERAL), perteneciente a la Fundación Mediterránea. «En la zona central del país, el impacto de las lluvias termina siendo positivo dado que había déficit hídrico en el suelo, mientras que puede haber efectos negativos en el trigo y en los cultivos perennes de la región noreste (NEA)», agregó.
Las particularidades de El Niño de este año es que llegó con una transición muy rápida desde La Niña y adquirió una intensidad que ya se ubica entre las mayores de la serie histórica. Esas características prometen tener mayores efectos que los habituales sobre la agricultura. Históricamente, El Niño impactó positivamente sobre los cultivos de verano, como la soja, el maíz y el arroz. La razón es que la mayor intensidad de las lluvias coincide con los meses de implantación, desarrollo y definición de rendimientos de esos cultivos estivales.
¿Hasta dónde podría llegar el impulso este año? Para dar respuesta a esa pregunta, un informe del IERAL analizó el desempeño de los cultivos sobre una superficie cosechada promedio de algo más de 18 millones de hectáreas a lo largo de los últimos 28 años en 196 departamentos de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos, La Pampa, Santa Fe y Santiago del Estero. En las 10 campañas asociadas a El Niño dentro de ese período, el rendimiento del maíz fue 10,3% mayor al promedio histórico, y el de la soja, 10,8%.
Si bien la mayor humedad provocada por El Niño no implica que los buenos rindes ya estén garantizados -en la campaña 2023/24, por ejemplo, la aparición de la chicharrita terminó limitando el resultado final de la campaña de maíz-, la expectativa es que la cosecha gruesa -soja, maíz, girasol, sorgo- incremente su volumen este año y aporte un elevado flujo de liquidación de divisas a partir del segundo trimestre de 2027, cuando ya esté iniciada la campaña electoral para las presidenciales de octubre.
De acuerdo a proyecciones del IERAL, aplicando las brechas históricas estimadas a una escala productiva similar a la de las últimas campañas, un escenario Niño podría significar para Argentina alrededor de 5,6 millones de toneladas adicionales de maíz y 5,4 millones de toneladas de soja con respecto a rindes típicos. A precios FOB de U$S 240 y U$S 500 por tonelada, respectivamente, ese diferencial de producción rondaría los U$S 4.000 millones extra.
Impactos en el trigo, yerba mate y forestaciónA contramano del impulso a los cultivos de verano, el fenómeno de El Niño tiende a perjudicar a los de invierno, como el trigo. Por un lado, las lluvias intensas pronosticadas para el tramo final de la primavera y el inicio de la cosecha amenazan con provocar problemas operativos y dificultades en las labores de cosecha en los lotes. A eso se suma que el exceso de humedad incrementa la afección de plagas y la incidencia de enfermedades como los hongos y la fusariosis, que terminan comprometiendo la sanidad y, por lo tanto, la calidad del trigo.
Esos efectos negativos serían particularmente notorios en el NEA, donde en Misiones y Corrientes, el este de Chaco y Formosa se vienen registrando precipitaciones muy superiores al nivel normal, una tendencia que se mantendrá al menos hasta fin de año. De hecho, las lluvias intensas ya vienen generando retrasos en el inicio de la cosecha. «La falta de obras en rutas, sobre todo en las provinciales, y en los caminos rurales cobra más relevancia en este contexto», dijo Alonso Schwarz.
El anegamiento de los caminos rurales también amenaza con impactar en el NEA a cultivos perennes como la yerba mate, el té y los cítricos. Esos cultivos ya vienen sufriendo el efecto de las heladas tardías. El inusual invierno caluroso anticipó el brote de algunas plantaciones, lo que hizo que quedaran expuestas a descensos de temperatura -las heladas tardías- y, con eso, al ataque de plagas. La afección de plagas podría comprometer hasta un 30% de la brotación en las producciones perennes, según IERAL.
En todo caso, esos nuevos impactos se agregan a la pesada carga que ya vienen arrastrando buena parte de esas actividades por el contexto económico. La yerba mate, por ejemplo, está sufriendo el triple efecto provocado por la caída del consumo interno, la apertura importadora y la desregulación del precio de la hoja verde, lo que viene empujando a la quiebra y a la migración a Brasil a centenares de pequeños productores yerbateros de Misiones. En esa zona también hay impactos severos en la industria forestal por las demoras para entregar materia prima a los aserraderos y despachar los productos industriales terminados ante rutas y caminos imposibles de transitar.
Las dificultades para cosechar también empiezan a trasladarse a los precios de algunas frutas y verduras en zonas puntuales del país. En Corrientes y Entre Ríos, las inundaciones y el exceso de humedad complican el transporte de los cítricos, por ejemplo. Al anegamiento de los caminos rurales se suma que las verduras de hoja, como la lechuga, acelga y espinaca, suelen pudrirse por el exceso de humedad.
¿Carne más cara?El avance de las aguas en las costas del Río Paraná y Uruguay por las intensas lluvias en Brasil y Paraguay viene provocando efectos concretos sobre el sector ganadero. En provincias directamente afectadas por El Niño como Santa Fe, Corrientes y Entre Ríos hay más de 900.000 cabezas de ganado en riesgo. Buena parte de ellas vienen siendo trasladadas desde islas y campos bajos a terrenos más elevados.
«La evacuación del ganado viene siendo la normal, la adecuada, en los plazos posibles, con lo cual estimamos que el daño va a ser menor», dijo a El Economista Andrés Costamagna, productor, consultor ganadero y director de la Sociedad Rural Argentina. «No vemos que El Niño sea un factor que vaya a influir en el precio de la carne, aunque sí puede haber variaciones en las cotizaciones semanales: en las semanas con lluvia probablemente haya más presión para abastecerse y eso haga subir los precios momentáneamente», añadió.
En todo caso, El Niño podría acelerar una tendencia a la baja de la producción que ya se venía registrando. Según la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados (CICCRA), durante los primeros nueve meses de 2026 la producción de carne acumuló una caída del 6,6% en comparación con el mismo período del año anterior.
«Con El Niño siempre hay abundancia de pastos y con eso, en general, el productor tiende a ponerle más kilos a cada animal; eso ya está sucediendo: la faena anual será de cerca de 12,2 millones de cabezas cuando veníamos faenando 13 millones», dijo Costamagna. «La producción de carne está a la baja, y eso es lo que está impulsando a los precios, aunque será una corrección menor a la que estábamos acostumbrados en cada fin de año dado que la importación está cada vez más firme y se ha vuelto un regulador de precios», añadió.
