El gobierno nacional muestra como principal señal de éxito de su política antiinflacionaria la consecución y el mantenimiento del superávit fiscal. En el mismo 2024 el resultado financiero del sector público nacional fue de 0,3% del PBI, en el 2025 de 0,2% del PBI y en la primera mitad del 2026 del 0,1% del PBI. Si bien es decreciente, no deja de ser meritorio que el equilibrio fiscal se mantenga durante dos años y medio.
De todas formas, en un país federal el sector público no está constituido solamente por el Estado nacional. Tan importante como el Estado nacional son los estados provinciales con sus municipios dado que ellos son los que ejecutan la mitad del gasto público. Además, es la parte del gasto público que más incide en la calidad de vida de los ciudadanos ya que se trata del gasto público en vivienda, urbanismo, seguridad, salud pública y educación.
Cuando los estados provinciales entran en déficit de gestión, los ciudadanos sufren la baja calidad de los servicios públicos. Proliferación de villas de emergencia, urbanismo degradado con calles rotas y plazas deterioradas, inseguridad, hospitales públicos que no atienden, escuelas que enseñan poco o mal. Este déficit lo sufren solo los habitantes de la provincia.
Cuando los estados provinciales entran en déficit financiero, lo terminan sufriendo todos los habitantes del país porque atentan contra la estabilidad macroeconómica.
Esto es, cuando la mayoría de las provincias están en situación de déficit y se les agota el acceso al mercado de capitales para tomar más deuda viene indefectiblemente el clamor para que el Estado nacional arbitre los medios para un salvataje.
Salvataje que muchas veces se termina galvanizando en el Congreso por la presión de los diputados y senadores de las provincias deficitarias. Salvataje que le termina costando plata el Estado nacional y chau superávit financiero; con esto vuelve la inestabilidad macroeconómica.
Según datos del Ministerio de Economía, en el 2024 había 18 provincias con superávit y 6 con déficit financiero. Esto no fue obra de la buena gestión sino de la inflación. Con el golpe inflacionario de principios de ese año, crecieron nominalmente los ingresos públicos y cayó en términos reales el gasto público. En el 2025, con la inflación apaciguada, los ingresos públicos ya no crecen tanto y el gasto público se recuperó así que 14 provincias pasaron a déficit fiscal. Para colmo 12 de estas provincias tienen déficit financiero (luego del pago de intereses) y déficit primario (antes del pago de intereses).
Las 14 provincias son en orden de magnitud del déficit: Buenos Aires, Mendoza, Chaco, Tierra del Fuego, Chubut, CABA, Corrientes, Santa Cruz, Entre Ríos, Río Negro, Misiones, La Rioja, Catamarca, Santa Fe. Las 2 provincias que muestran superávit primario son Entre Ríos y Santa Fe.
Si se suman los déficits de las 14 provincias arroja 0,46% del PBI. Por lo tanto, el déficit consolidado nacional y provincial es de 0,36%. No sería mucho para un país normal, como Chile o Uruguay. Pero para un deudor defaulteador serial como es el Estado nacional y las provincias argentinas es, como menos, inquietante.
El peso creciente de los interesesEl gasto que más les subió en el 2025 es el pago de intereses. Esto avisa de que hay riesgo alto que la situación empeore porque a medida que el mercado financiero se vuelve reticente a seguir prestando dinero, las provincias ofrecen mayores rendimientos a los especuladores (tasa de interés). Así es como el endeudamiento se desmadra y viene el clamor por el salvataje.
El problema de las cajas previsionalesNo es casual que 9 de las 14 provincias deficitarias tengan cajas previsionales de sus empleados públicos no transferidas a la Nación. De hecho, este es el segundo gasto que más creció, luego de los intereses, y seguirá creciendo porque todas las provincias tienen menor edad y mayor monto de beneficio que el régimen general nacional.
Además con el envejecimiento poblacional los jubilados provinciales crecen a mayor tasa que la población provincial. Encima cada vez que el gobierno provincial toma alguna timorata medida para tratar de estabilizar el déficit previsional, los tribunales superiores de justicia provinciales se la tiran abajo con fallos más dogmáticos que realistas con la precaria situación provincial.
Nación y provincias, un mismo problema fiscalEl gobierno nacional no debería caer en la ingenuidad de que los déficits de las provincias es problema de las provincias. Porque las provincias mandan en el Congreso. La única forma de garantizar la estabilidad macroeconómica es con equilibrio fiscal consolidado (nacional y provincial) y esto sólo se logra con coordinación fiscal entre la Nación y las provincias.
Súper IVA y reforma previsionalEste debe ser un acuerdo de coordinación tributario y de responsabilidades entre la Nación y las provincias. Eliminando superposiciones de funciones se puede bajar el gasto público y aumentar la calidad de los servicios. Unificando impuestos con el Súper IVA que absorba Ingresos Brutos provinciales y tasas a las ventas municipales se puede eliminar impuestos distorsivos mejorando la recaudación. De manera coordinada y conjunta también hay abordar la reforma previsional.
