Día de la Industria: Argentina frente al desafío de construir capacidades

Día de la Industria: Argentina frente al desafío de construir capacidades


Cada 2 de septiembre Argentina celebra el Día de la Industria. La fecha recuerda aquella primera exportación realizada en 1587 desde el territorio que hoy es nuestro país. Más de cuatro siglos después, la historia vuelve a plantearnos una pregunta que sigue siendo esencial: ¿qué puede producir Argentina para el mundo y cuánto valor puede capturar a partir de aquello que produce?

Vaca Muerta, minería y agro: la nueva base exportadora argentinaLa pregunta adquiere una relevancia especial en este momento. El país está entrando en una nueva etapa económica. Vaca Muerta dejó de ser una promesa para convertirse en una plataforma energética de escala internacional. La minería comienza a atravesar un ciclo de inversiones que puede multiplicar las exportaciones de cobre, litio, oro y plata. El agro mantiene su enorme capacidad exportadora y los servicios basados en conocimiento tienen cada vez mayor presencia internacional.

Al mismo tiempo, Argentina conserva algo que no todos los países que cuentan con recursos naturales poseen: una industria diversificada, empresas con décadas de experiencia, trabajadores calificados, universidades, centros tecnológicos y capacidades acumuladas en sectores como la metalmecánica, la química, la energía, los alimentos y los bienes de capital.



La oportunidad está en conectar esas dos Argentinas.

Qué es la neo-industrialización y por qué cambia el debateDurante décadas discutimos si nuestro país debía ser industrial o productor de recursos naturales. Esa discusión quedó vieja. La cuestión relevante para el siglo XXI es cómo utilizar nuestros recursos naturales, nuestro capital humano y nuestra base industrial para construir nuevas capacidades productivas y tecnológicas.

Eso es, en definitiva, la neo-industrialización. No se trata de volver al modelo industrial del siglo XX ni de pretender fabricar todo dentro de las fronteras nacionales. Tampoco se trata de resignarse a exportar commodities y confiar en que el crecimiento de las inversiones se transforme automáticamente en desarrollo.



El desafío es bastante más sofisticado. Argentina puede aprovechar sus ventajas comparativas para desarrollar ventajas competitivas.

Una mina no es solamente una mina: cuánto valor queda en el paísDetrás de una operación minera hay ingeniería, automatización, software, mantenimiento, maquinaria, servicios ambientales, logística, laboratorios, capacitación y una enorme cantidad de conocimiento especializado. Lo mismo ocurre con Vaca Muerta. El desarrollo de los hidrocarburos puede generar una plataforma para expandir la petroquímica, los servicios especializados, la ingeniería y los proveedores tecnológicos.

La diferencia entre un modelo extractivo y un modelo de desarrollo no está necesariamente en si se extrae o no un recurso. Está en cuánto aprendizaje, tecnología, empresas y capacidades quedan en el país alrededor de esa actividad.



BRIE: ecosistemas industriales basados en recursos naturalesDe allí surge una idea que debería ocupar un lugar central en la nueva agenda industrial argentina: construir Ecosistemas Industriales Basados en Recursos Naturales, o BRIE por sus siglas en inglés. Se trata de aprovechar la demanda generada por una gran inversión para desarrollar alrededor de ella empresas, proveedores, infraestructura, capital humano, tecnología e instituciones capaces de generar nuevas actividades y, eventualmente, nuevas exportaciones.

La enseñanza internacional es clara: los recursos naturales pueden ser un punto de llegada o un punto de partida.

Si el objetivo es solamente extraer y exportar, el impacto productivo será limitado. Si cada gran inversión se convierte en una oportunidad para desarrollar proveedores, formar trabajadores, incorporar tecnología, generar conocimiento e internacionalizar empresas, el efecto multiplicador puede ser muy diferente.



Argentina tiene ahora la posibilidad de construir esos ecosistemas alrededor de sus principales oportunidades. Vaca Muerta puede convertirse en una plataforma para desarrollar proveedores energéticos, ingeniería y tecnología. La minería puede generar ecosistemas alrededor del cobre, el litio y otros minerales críticos. Pero esto no ocurrirá automáticamente. Requiere coordinación, información y una mirada estratégica capaz de identificar dónde están las oportunidades, qué capacidades faltan y qué empresas pueden ocupar esos espacios.

Cómo medir el éxito del nuevo ciclo de inversionesTambién exige cambiar la forma en que medimos el éxito. No alcanza con preguntar cuánto se invierte, cuánto se produce o cuánto se exporta. Debemos mirar qué proveedores aparecen, qué tecnología se desarrolla, qué empresas se internacionalizan, cuántos trabajadores incorporan nuevas capacidades y cuánto conocimiento queda en el país.

Para las empresas, el desafío es igualmente concreto. No se trata solamente de participar de la inversión que llega, sino de posicionarse dentro de los ecosistemas que esa inversión está creando.



La política industrial del siglo XXI volvió al centro de la agenda globalEsta perspectiva también cambia el sentido de la política industrial, que no puede consistir en proteger indefinidamente empresas que no son competitivas. Pero tampoco puede reducirse a abrir la economía y esperar que el mercado resuelva por sí solo los problemas de coordinación, financiamiento, innovación, capacitación y desarrollo tecnológico.

La experiencia internacional muestra que la política industrial volvió al centro de la agenda global. Estados Unidos, Europa, China y otras potencias están utilizando instrumentos públicos para desarrollar tecnologías estratégicas, fortalecer cadenas de suministro y reducir dependencias críticas. El mundo ya no discute solamente dónde producir más barato. También discute dónde producir, con quién, bajo qué condiciones y qué capacidades necesita conservar.

Argentina no puede ignorar ese cambio. Pero tampoco debería copiar mecánicamente las políticas de las grandes potencias. Nuestro punto de partida es diferente. Tenemos una economía mucho más pequeña, restricciones fiscales y financieras, una macroeconomía que durante décadas destruyó inversión y ahorro y una participación en el comercio mundial que se redujo de manera dramática.



Estabilidad macroeconómica: necesaria, pero no suficienteLa estabilidad macroeconómica, por eso, no es un capítulo separado de la política industrial. Es una condición necesaria para que exista. Sin estabilidad no hay financiamiento de largo plazo, no hay inversión sostenida y no hay posibilidad de planificar una transformación productiva. Pero la estabilidad tampoco alcanza. Una economía puede estabilizarse y seguir siendo poco sofisticada, poco exportadora y dependiente de actividades de bajo valor agregado.

La fórmula debería ser otra: sin macroeconomía estable no hay desarrollo productivo sostenible, pero con estabilidad solamente tampoco alcanza.

Del fin de la restricción externa a la construcción de capacidadesEl nuevo ciclo exportador argentino abre una oportunidad para superar esa dicotomía. Durante décadas, la restricción externa fue uno de los principales límites al crecimiento. Cada expansión económica terminaba chocando con la falta de dólares. Hoy la energía, la minería, el agro y los servicios basados en conocimiento pueden generar una plataforma exportadora mucho más amplia.



Pero los dólares, por sí solos, no construyen desarrollo.

La pregunta relevante es qué hacemos con esa oportunidad. Si las inversiones en minería y energía generan solamente exportaciones y empleos directos, habremos resuelto una parte del problema. Si además generan proveedores nacionales, empresas de ingeniería, innovación, capacitación, infraestructura y nuevas exportaciones de bienes y servicios, estaremos frente a algo mucho más importante. Estaremos construyendo capacidades.

Y las capacidades son el verdadero activo estratégico de una economía.



Los recursos naturales pueden agotarse. Los precios internacionales pueden caer. Las tecnologías pueden cambiar. Las empresas pueden mudarse. Pero una sociedad que desarrolla conocimiento, capital humano, empresas competitivas e instituciones capaces de aprender tiene una capacidad mucho mayor para adaptarse al próximo cambio.

Por eso, el éxito del nuevo ciclo de inversiones no debería medirse solamente por cuántos dólares ingresan al país o cuánto aumentan las exportaciones. También deberíamos preguntarnos cuántas empresas argentinas nuevas aparecen, cuántos proveedores logran escalar, cuántas tecnologías se desarrollan localmente, cuántos ingenieros y técnicos se forman y cuántas de esas capacidades pueden terminar exportándose.

Apertura, competitividad y el futuro de la industria argentinaEse debería ser uno de los grandes objetivos de una nueva política industrial. Argentina no necesita elegir entre recursos naturales e industria. Tampoco entre mercado interno y exportaciones, ni entre Estado y mercado. Necesita construir una economía capaz de conectar esas dimensiones.



La industria argentina tiene una historia, un entramado empresarial y capacidades que no deberían subestimarse. Pero tampoco puede vivir de su historia. Necesita modernizarse, incorporar tecnología, mejorar productividad, integrarse a cadenas globales, desarrollar proveedores, invertir en innovación y competir en mercados internacionales.

La apertura económica puede acelerar ese proceso, pero también puede destruir capacidades si se produce sin financiamiento, sin reconversión y sin condiciones para que las empresas inviertan y aumenten su productividad. La discusión, entonces, no debería ser apertura sí o apertura no. Debería ser cómo utilizar la apertura para generar una industria más competitiva y más exportadora.

Ese es probablemente el verdadero significado de la neo-industrialización: no proteger el pasado, sino construir el futuro; no pretender fabricar todo, sino producir aquello en lo que podemos ser competitivos; y no limitarnos a exportar recursos, sino utilizarlos como plataforma para desarrollar empresas, tecnología, conocimiento y nuevas exportaciones.



Argentina tiene recursos naturales que el mundo necesita, una base industrial diversificada y capital humano capaz de aprender y adaptarse. No partimos de cero. La oportunidad está frente a nosotros y el desafío es transformar nuestras ventajas comparativas en ventajas competitivas.

Porque en el siglo XXI, industrializar no significa solamente producir más, sino aprender, incorporar tecnología, construir capacidades y capturar cada vez más valor.



Ese es el desafío de la próxima industria argentina.

Pereira es investigador senior del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones (CIG) de la Universidad Austral