Cuando el Estado perjudica a los acreedores perjudica mucho más a los deudores

Cuando el Estado perjudica a los acreedores perjudica mucho más a los deudores


Muchas familias están teniendo problemas con el endeudamiento. Según datos del Banco Central la morosidad en tarjetas de crédito está en 12%, cuando lo normal era 2%; en los préstamos personales en 16% y en las billeteras virtuales en el 26%.

Hay que aclarar que el problema de la morosidad está solo en los créditos al consumo (tarjetas de créditos, personales y billeteras) y no alcanza a los préstamos con garantía real (hipotecarios y prendarios). Esto es porque la gente no quiere perder su casa o la camioneta que se compró a crédito. En cambio, el crédito al consumo ya está consumido con lo cual al acreedor no le queda otra que confiar en la reputación del deudor. 

También hay que aclarar –para los ahorristas asustadizos– que este problema tampoco se presenta con las empresas, que representan el doble de préstamos que los créditos al consumo. Si bien la morosidad subió de 1% a 3,5%, el número no es significativo como para pensar que el sistema bancario está en peligro. Así que dejen durmiendo nomás los plazos fijos.



Cuestión, entonces, que el problema está concentrado en las familias y en créditos al consumo.

Ante el clamor popular por hacer algo por estas familias, el Presidente dijo que no era un problema social sino entre privados. Como era de esperar, la oposición salió a torearlo.

Hay en el Congreso cerca de 40 proyectos de ley proponiendo alguna medida de intervención forzada del Estado en la relación acreedor y deudor en créditos al consumo. Algunos son tibios y otros más extremistas proponiendo quitas, topes a la tasa de interés, aumento de plazos, suspensión del pago por un tiempo, suspensión de ejecuciones, etc. O sea, proponen alguna forma de «salvataje» a los deudores morosos por créditos al consumo. Sostienen que es una situación de emergencia social.



 

¿Cuál es la causa de semejante aumento en la morosidad? 

La cultura inflacionaria. Resulta que la gente vivió en los 20 años que transcurrieron entre el 2003 y el 2023 con alta y creciente inflación. Entonces crecían la tasa de inflación, los salarios nominales y los intereses de los créditos al consumo más o menos por igual. Era como una carrerita donde la inflación, el salario nominal y los intereses se iban pasando pero ninguno sacando ventaja. 



Viene Javier Milei y baja la inflación de repente. Esto significa que los salarios nominales pasaron a crecer a tasas de 2% por mes que sería 27% anual. Claro, pero la política monetaria subió los encajes bancarios lo que hizo que la tasa de interés de los préstamos al consumo se mantenga en las nubes. La tasa de tarjeta de crédito es 5% mensual lo que hace una tasa de 76% anual, en préstamos personales están en 90% y en las billeteras virtuales arriba de 100%. En la carrerita los intereses se cortaron solos y dejaron atrás a los salarios. Conclusión: la gente no puede pagar el mínimo de la tarjeta o la plata de la billetera virtual que uso cuando se quedaba sin saldo.

¿Cuál es el problema de un «salvataje» a los morosos?

Aquí hay que recordar una historia. Allá por el 2002 se sale de la convertibilidad del 1 a 1 y el dólar se dispara a $3. Entonces, las autoridades de la época decidieron pesificar compulsivamente todos los contratos hipotecarios. De esta forma, la deuda se redujo en un tercio. Los funcionarios de la época sostenían que era una emergencia social.



En el momento de la pesificación, todos los deudores contentos y aliviados.

¡Pará! ¿Qué pasó después?

En el 2003, los créditos hipotecarios representaban el 3,3% del PBI. Según el Censo 2001 entre propietarios e inquilinos la relación era 87% a 13%.



Entre el 2003 y el 2010 se produjo la década ganada. El PBI se duplicó. El empleo asalariado formal pasó de 3,5 a 6,5 millones y el salario real aumentó más de 100%. Según el Censo 2010, la relación propietarios e inquilinos pasó a 82% a 18%. Empeoró. Los créditos hipotecarios representaban el 1,2% del PBI. De hecho, no se daban hipotecarios. Esto era el remanente de los contratos pesificados compulsivamente en el 2002. Gracias a la década ganada la gente estaba en condiciones de tomar créditos hipotecarios. El tema es que no había más créditos hipotecarios.

Hoy los créditos hipotecarios representan el 0,03% del PBI y la relación propietario a inquilinos es de 76% a 24%. Por eso hay cada vez más inquilinos y jóvenes viviendo con los padres pasados los 30 años de edad.

Enseñanza: rompé compulsivamente un contrato de crédito y el deudor se salva hoy y muere mañana. Porque se queda sin crédito. 



Lo mejor que se puede hacer es respetar los contratos y dar un empujoncito a los bancos desde el Banco Central para que renegocien voluntariamente con los morosos la morosidad. Como dice el Presidente, la morosidad no es un problema social. Pero sí es un costo privado de los bancos que deberían reducir ayudando a la gente a salir de la morosidad.