Las cuentas nacionales rara vez ocupan titulares, pero suelen decir más sobre el rumbo de una economía que cualquier discurso. El informe de Ingreso Nacional y Ahorro Nacional que el INDEC publicó esta semana, correspondiente a 2025, ofrece una radiografía precisa de cómo se compone hoy el producto argentino. Y esa composición, más que la coyuntura del dólar o del riesgo país, define la capacidad de crecer del país en los próximos años.
Un producto cada vez más volcado al consumoEl dato central es la estructura del gasto. En 2025 el consumo total —privado y público— trepó al 86,2% del PBI, el registro más alto de la última década. El consumo privado explica casi todo ese avance: pasó del 65,8% del producto en 2023 al 70,8% en 2025. El consumo público, en cambio, se mantuvo prácticamente estable, en torno al 15,3%.
En una economía que atraviesa un proceso de estabilización, un repunte del consumo privado no es en sí una mala noticia. El problema aparece cuando ese consumo avanza a costa de las otras dos variables que sostienen el crecimiento de largo plazo: el ahorro y la inversión.
Ahorro e inversión: los dos números que importanEl ahorro nacional bruto cayó al 12,0% del PBI en 2025, frente al 15,7% que había registrado tanto en 2023 como en 2024. Es el nivel más bajo desde 2018. La formación bruta de capital —la inversión— siguió el mismo camino: del 19,0% del producto en 2023 al 13,1% en 2025.
La teoría del crecimiento ofrece aquí una guía útil. El modelo de Harrod y Domar, uno de los pilares del análisis del desarrollo, establece una relación simple: la tasa de expansión sostenible de una economía depende de cuánto invierte y de la eficiencia con que convierte esa inversión en producto. Con una inversión estancada en torno al 13% del PBI y una relación capital-producto como la habitual en economías del tipo de la nuestra, el techo de crecimiento que esa aritmética habilita es modesto. No se trata de una opinión: es contabilidad.
Ragnar Nurkse describió hace décadas el círculo que amenaza a las economías con baja capacidad de acumulación: poco ahorro conduce a poca inversión; poca inversión, a baja productividad; y baja productividad, nuevamente, a ingresos y ahorros escasos. Romper ese círculo exige elevar la formación de capital, no reducirla.
Cuando el ahorro propio no alcanzaHay un tercer dato que completa el cuadro. En 2025 la Argentina volvió a ser tomadora neta de financiamiento externo: el endeudamiento neto con el resto del mundo fue del 1,0% del PBI, tras un 2024 en el que el país había sido prestamista neto. Dicho de otro modo: como el ahorro interno no alcanzó para cubrir la inversión —por magra que ésta fuera—, la diferencia se cerró con ahorro externo.
Anthony Thirlwall dedicó buena parte de su obra a mostrar que, cuando el ahorro doméstico resulta insuficiente, el crecimiento queda subordinado a la restricción externa: la economía puede expandirse solo en la medida en que consiga las divisas para hacerlo. Es un recordatorio incómodo en un país que conoce de sobra el costo de crecer a crédito.
A ello se suma otra cifra que merece atención: las rentas netas de factores giradas al exterior —intereses, dividendos y utilidades— sumaron 18,4 billones de pesos en 2025. Por eso el ingreso nacional (831,9 billones) resultó inferior al PBI (850,2 billones). El país produjo más de lo que finalmente quedó en manos de sus residentes.
La calidad del ajuste, en el centroNada de esto niega los avances en materia de equilibrio fiscal y desinflación, que son condiciones necesarias para cualquier programa serio. El punto es otro: la estabilización crea el terreno, pero no siembra por sí sola. Una economía que ordena sus precios mientras deja caer su tasa de inversión posterga el momento en que ese esfuerzo se traduce en crecimiento genuino y empleo de calidad.
La discusión relevante, entonces, no pasa por el nivel del gasto público en abstracto, sino por su composición y por la protección de aquella inversión —pública y privada— que amplía la capacidad productiva. Recortar la formación de capital para sostener otros equilibrios puede mejorar un balance en el corto plazo y empobrecer la trayectoria de largo.
Las cuentas nacionales de 2025 dejan una síntesis difícil de eludir: consumimos una porción mayor de lo que producimos, ahorramos e invertimos menos, y cerramos la brecha con deuda. Es una fotografía nítida de una economía que ordena su nominalidad. Falta el capítulo que ninguna estadística puede escribir por sí sola: el de la inversión que vuelve a crecer.
