-¿Cómo fue la experiencia de exponer ante el Gobierno?-Fue un honor y una experiencia muy interesante. Tuve a todo el Gobierno compartiendo su visión y escuchando la mía, en un intercambio muy productivo, razonable y educado. Me encantó.
-¿Cuáles fueron los ejes de su presentación y cómo encaja la Argentina en el mundo?-Planteé que desde 2022 se aceleraron tendencias que ya venían gestándose, y que se ven en el cambio de tres precios. El primero es el costo del capital. La tasa del bono a 10 años de Estados Unidos, la referencia global, cayó desde un pico de 15,3% en 1981 hasta 0,6% en 2020. Desde 2022 sube, y en cuatro años se revirtió una caída que venía de 1981. Con grandes déficits fiscales en las economías desarrolladas y un boom de inteligencia artificial que compite con los Estados por financiamiento, lo más probable es que el capital siga caro.
El segundo es la energía. Los conflictos geopolíticos con Rusia e Irán, sumados a una década de baja inversión en producción petrolera por la transición energética, hacen probable que el barril, que rondaba los 60 dólares, se consolide cerca de 90 o 100.
El tercero es la seguridad. El gasto en defensa cayó de manera sostenida desde la caída del Muro de Berlín. Hoy sube, sobre todo entre los aliados de Estados Unidos: en 2025 fue el primer año en que los 32 dedicaron más de 2% del producto a defensa, y la vara sigue subiendo.
-¿Qué implica ese escenario para la Argentina?-La Reserva Federal volvió a subir tasas y eso nos va a pegar. Pero a diferencia del 2018, hoy estamos mucho mejor posicionados. En ese entonces teníamos un déficit fiscal de 6 puntos del producto y otro tanto de déficit de cuenta corriente. Hoy tenemos una situación fiscal más sólida, con un pequeño superávit o un pequeño déficit según a quién se le pregunte, y un superávit comercial que este año rondará los 25.000 o 27.000 millones de dólares. No necesitamos plata de afuera.
Además tenemos lo que el mundo quiere: energía y minería que crecen con fuerza, y un agro que siempre fue una potencia. Y estamos en el hemisferio correcto. Acá no hay conflictos étnicos ni religiosos, y no nos estamos peleando con nadie. Por eso hay europeos y estadounidenses que buscan mudarse a la región. Estados Unidos necesita proveedores de materias primas que no sean Rusia ni China, y la Argentina puede ser un socio estratégico. Lo valoran: nos ayudaron el año pasado con el swap del Tesoro y negociamos la entrada de 1.348 productos con arancel cero, algo que no obtuvieron ni aliados históricos que fueron a la guerra con ellos como Israel.
-Ese es el largo plazo. ¿Cómo ve el presente, con tanto debate sobre la economía?-Conviene tomar perspectiva. El crecimiento fue positivo en 2024 y 2025, y lo será este año. Hace mucho que no teníamos tres años seguidos así, y se logró mientras se ordenaban las cuentas y bajaba la inflación, algo que muchas veces termina en una recesión profunda.
Dicho esto, el crecimiento es menor al deseado y desparejo. A algunos sectores y regiones les va bien y a otros, en particular al AMBA, el golpe les llega más duro. Hay una transformación del modelo que imperó durante 80 años, con una economía cerrada, un Estado pesado y castigo a los sectores donde teníamos ventajas comparativas. Chile produce diez veces más cobre que nosotros. Pasamos de superávit a déficit energético por ridiculeces como el barril criollo, y hoy volvemos a exportar petróleo.
Alberto Ades – ee
El AMBA concentra manufactura pequeña, poco competitiva, además de servicios y construcción, y ahí se siente la mala onda. Pero en las provincias es otra historia. Un amigo me contó que su hermano, en La Pampa, dice que es un boom total, y un taxista le comentó que Buenos Aires está llena de turistas del interior a los que les está yendo muy bien. Cuando la cosa duele, es normal quejarse y exigirle al Gobierno. Pero estructuralmente es muy positivo. Este era un país donde todo pasaba en Buenos Aires, y que San Juan, Neuquén o Salta generen riqueza y empleo es bueno. El 40 o 45% de la población vive en el AMBA, algo que no se ve en ningún otro país.
-Los sectores perdedores no piden devaluación sino baja de impuestos. ¿Qué pasa con el tipo de cambio?-Es un tema problemático. El Gobierno está convencido de que el tipo de cambio está bien y no va a empujarlo hacia arriba. Tampoco creo que baje impuestos arriesgándose a recaudar menos: primero quieren la recaudación y después bajan impuestos.
Por eso creo que la señal más importante va a ser el crédito. El tipo de cambio apreciado ya lo tuvimos en 2024 y 2025, pero entonces había crédito. Era mínimo comparado con la región, pero empezó a crecer, con acceso para personas y pymes. En 2025 hubo un infarto, el crédito murió y quedó congelado o cayendo. Es la variable a monitorear: si el crédito se recupera para personas, familias y pymes, la preocupación por el crecimiento y su costo político se va a moderar mucho. No creo que levanten el cepo ni dejen subir el tipo de cambio antes de las elecciones.
-¿Qué pasa con quienes votaron al Gobierno y hoy no ven la mejora?-Con un crecimiento de 1,5 o 2% se siente poco, y eso lleva a algunos votantes a mirar qué alternativa hay. Pero creo que cuando entran al cuarto oscuro piensan: «Esto no es genial, pero lo otro era mucho peor». Bajó la inflación y bajó la pobreza. La gente esperaba que la economía creciera más y que a ella le fuera mejor, pero no quiere volver atrás. Sobre todo porque la memoria de 2022 y 2023 sigue fresca, y creo que en 2027 todavía va a ser dominante.
-Si Milei se consolida con cuatro años más, ¿qué cambiaría?-Se notaría el cambio de modelo, con el derrame de los sectores ganadores hacia el resto. Además llegarían reformas que hoy no tienen el respaldo político para aprobar. Por ejemplo, una reforma impositiva: el sistema argentino es un desastre, con unos 130 impuestos. Habría que simplificarlo y bajar algunos tributos, aceptando cierto riesgo porque sería expansiva. También están en cartera la reforma previsional y otra laboral. Pero eso será a partir de 2028. A un año de las elecciones, la oposición no tiene como prioridad ayudar al Gobierno, y no quieren abrir esa caja de Pandora sin confianza en el Congreso.
-La última, casi de sí o no: ¿le ofreció Javier Milei sumarse al Gobierno? ¿Le gustaría?-La verdad es que en este momento estoy haciendo otra cosa, escribiendo, algo que tenía muy postergado y que me entusiasma. La función pública es muy absorbente. Hoy no, pero nunca digo nunca. Es un gobierno con una idea económica que me parece la correcta. Como cualquiera, tengo diferencias en algunos aspectos, pero creo que es la orientación que necesita la Argentina y que la hará un país muy atractivo en el mediano plazo, con muchos desafíos de corto plazo.
