Ahuciar es dar confianza. Desahuciar es quitar la esperanza. La palabra fue título en España, marchas multitudinarias, la tragedia de Maricarmen, arrendataria, desahuciada de su vivienda.
En Brasil, en Israel y en EE.UU. procesos electorales y tal vez desahucio: inquilinos del poder, en democracia, el desalojo es posible y hasta saludable.
Aquí no estamos en tiempos electorales, pero parecen haberse asomado los del desahucio de Caputo o del desahucio de la esperanza de que «esto» termine bien.
Las dudas las instaló Milei. Toto ausente por enfermedad o despecho. El invitado, ¿nueva estrella libertaria?
Abogado, doctor en Economía, primer nivel en finanzas en EE.UU., escritor, Alberto Ades dijo en la Rosada el dólar está atrasado y la política monetaria no genera certidumbre. Cortito y al pie.
Conociendo el paño dijo algo así: «No fue Donald Trump, fue Scott Bessent». Dijo que Scott ha tenido inversiones en nuestro país…Información útil para imaginar futuro…no lo dijo sin querer. Fue un porteñazo. ¡Guarda, no es lo mismo querer salir que volver a entrar cuando ya estas afuera!
Ades antes de dar clase al Gabinete preparó el terreno con Carlos Pagni, audiencia de primera clase, y parloteo en cuanto micrófono estuvo disponible. Reflexiones serenas y en profundidad, escucharon al que está por venir…aunque saben que es difícil que venga. ¿Fue la teatralización de un aviso preparatorio, una respuesta hiriente?
Toto había dado muestras de molestias. Dijo algo como que «no soy el culpable del desaguisado», que él quiere otra cosa y no lo dejan.
Lo dice…pero, luego, niega. ¿Cómo será?
Caputo ministro, que en su primer período fue eyectado a pedido del FMI, ha repetido -en cuanta oreja del mercado tenía la «confianza de que guardarían el secreto a voces»– que el culpable de la manifiesta «injusticia social» y la «plancha económica» (no hay una cosa sin la otra) no era él, sino Javier. ¿El culpable es el otro? Un clásico del «yo no fui», a mí no me dejan.
¿Será que está preparando el terreno para el despido y -para que quede claro- señaló «sus medidas» (¿en serio?) para reactivar la economía y ponderó el crédito para la vivienda como una condición de la Justicia Social (28/8/26)? Dijo «hay que reactivar la economía» (18/8/26, citado por C.Pagni), lo que es un agravio intolerable para Milei que considera que «estamos volando». Javier no puede admitir «la torpeza de reactivar» a una economía que, para él, está rompiendo todos los récords: su tiempo, este tiempo, es el mejor de la historia. Lógico si es él quien conduce: especialista en «crecimiento con y sin dinero».
Javier cree que ni remotamente se lo puede culpar del estancamiento o la recesión. Con Milei en el timón se crece y si Ud. no lo siente, no lo ve, no lo registra, es su problema…con Milei con dinero o sin dinero («no hay plata») se crece igual.
Además, Caputo, como si fuera keynesiano, dijo la palabra diabólica: «multiplicador» (28/8/26). Milei no puede tolerar el anatema de que un hombre del equipo que predica «como si fuera un bien la Justicia Social». Cualquier persona civilizada –según Milei– sabe, que eso es sostener la virtud de robar. Caputo lo hizo. ¿Por qué? Un cisma invita a la excomunión. Muchas provocaciones intolerables para Milei.
Para sanar la herida, Caputo escribió: «Tengo un jefe que, de la nada, llegó a presidente de la Nación y, en dos años y medio, cambió la forma de votar de un continente entero. Todo muy normal. ¿Quién no podría haber hecho lo mismo?».
Elogio enorme. Pero…»¿de la nada?»…¿No te parece ofensivo Toto?
¿Cómo «de la nada»? Milei es licenciado en economía de la Universidad de Belgrano…bueno, como diría Cris «no es Harvard», pero … y si bien no es «doctor» –de acuerdo con las convenciones de todas las universidades- es «Honoris Causa» del Instituto de Alberto Benegas Lynch, título que, en los últimos tiempos, no se le niega a nadie.
Volvamos.
¿Qué otro propósito ha tenido Caputo al decir esas cosas horrendas en boca libertaria? ¿Congraciarse con León XIV? Tal vez. El uso de la imagen de Nuestra Señora de Lujan en las fotos de Toto en el Palacio de Hacienda, funge como publicidad de su devoción mariana. No sería razonable que un devoto reciba al Santo Padre predicando la injusticia social como virtud o el estancamiento, con su secuela de desempleo y destrucción del capital, como penitencia en el camino de la salvación. No.
¿Será moral esta tibia línea de resistencia verbal a la doctrina anarco? ¿O será aprovechar la bolada y – en medio de la algarabía de la llegada del Pontificie – tomarse la de Villa Diego o mejor sufrir «la bendición de un despido» en el entrevero.
Le diré que, por la historia, es mejor el despido que la renuncia. Salvo que se anime a «renunciar con denuncia». No lo creo… tiene mucho que perder…mejor provoco y me echan: con estas banderas desplegadas reactivación, multiplicador, Justicia Social, el faltazo,el chimento en el mercado…no sé…me huele a cala.
De las conversaciones secretas de Toto dio información Marcelo Bonelli, el mejor periodista de economía si de información se trata.
Digresión: Emanuel Carrere que, si hablamos de periodistas está en la cúspide, dijo que en el periodismo «hay dos familias principales: están los analistas, los columnistas, los editorialistas, y luego los reporteros, los que estamos del lado de la narración. Ninguna de estas dos familias está por encima de la otra, pero yo no podría estar en la primera, sé que no soy capaz. No soy una persona que pueda expresar opiniones muy firmes, pero me atrae la complejidad de los personajes». (The Clinic, 14/11/17)
Marcelo Bonelli juega en la misma familia de Carrere en un mundo en el que sobran editorialistas y falta información o –peor– la que hay se calla…siempre hay excepciones…Bonelli es una. Volvamos.
Alberto Ades realizó una presentación ante el Gabinete por invitación del Presidente. Raro no: rarísimo.
Pablo Wende, economista de la FCE-UBA, señaló que Ades advirtió sobre el elevado nivel de apreciación cambiaria (29% más bajo que el promedio de los últimos 23 años,) y que el actual tipo de cambio real -según BCRA- se encuentra en 85,2 puntos, mientras que el promedio de los últimos 25 años fue de 120. Ades recordó que, de 2003 a 2010, Argentina acumuló US$ 50.000 millones de reservas líquidas «sin depender de un solo sector» .
Señaló el impacto negativo de la suba de las tasas de interés de EE.UU. y el peligro de un tipo de cambio muy apreciado como el actual.
Dijo: «Faltan reservas y no tenemos acceso a los mercados internacionales». Pregunto: ¿de qué o de quién dependemos si es que no podemos acumular reservas en abundancia de dólares?
Para desalentar el exitismo Ades recordó: «el capital va a ser más caro por un buen tiempo, sobre todo por la tasa larga. Los déficits vuelven a tener un costo». Y señaló «todavía se sufre la falta de reservas netas, acceso al mercado en volumen y las reformas institucionales que hagan durar esa credibilidad. Con dinero más caro, esas faltas pueden pesar más que antes».
La exposición, crítica, quedó sin respuestas.
Milei sabía lo que iba a decir Ades y quiso que lo escucharan todos los ministros (que fuera tapa de los diarios como el desahucio de Maricarmen) y ninguno de los funcionarios refutó a Ades con la palabra clave del programa (o del conjunto de medidas): «el tipo de cambio flota» y no lo vamos a tocar.
Ades agregó, «con este riesgo país no hay financiación del mercado posible». Ades no diseñó una salida de esta encerrona. No trascendió que el invitado haya tenido la generosidad de una fórmula. Simplemente, después de la estocada a fondo, que inundó a la comunicación, dijo lo que todos los libertarios repiten: «sigan». Ante el «desahuc io en el sentido de la desesperanza» la única respuesta es «el rumbo» que es un elogio a la fe.
Pero con este tipo de cambio las cosas no van bien y cualquiera sabe que, a la orilla, como vamos no llegamos. ¿Y entonces? ¿Habrá dólares? ¿O Bessent estaba y se tenía que ir?
La pregunta completa no es si hay prestamista de última instancia sino si Bessent está o se fue: eso es lo que sugirió Ades.
Planteó tres dilemas: debatir el dólar, el crédito y la política monetaria, y advirtió que compañías viables podrían no sobrevivir al ajuste. (Parte diario, Ades,9/10/26)
La formulación teórica clásica es de W. Max Corden (1982), en Argentina tenemos a su discípulo en Oxford, el economista Miguel A. Cuervo.
La enfermedad holandesa deriva del boom de ingresos en un sector exportador que ocasiona la apreciación del tipo de cambio real (está pasando) la pérdida de competitividad y la desindustrialización de sectores transables. Un sector en expansión experimenta un shock positivo (p.ej. gas, petróleo, minería); un sector rezagado (la industria manufacturera) sufre la competencia externa y un sector de no transables (servicios, construcción y bienes de consumo locales) tiene inflación en moneda extranjera (y nacional), todo resulta en una apreciación del tipo de cambio real que, por otra parte, ahora es la base de la política de desinflación en pesos.
El problema de esta «enfermedad» es el cambio en los precios relativos que destruye la estructura productiva. El salario en dólares es caro para producir, y en pesos, es escaso para consumir.
El boom de la minería y la energía, genera la paradoja de un PBI sectorial que crece pero que, descompuesto en su valor agregado – que es una identidad – genera utilidades que se expatrian, no genera salarios (poco empleo), ni impuestos (desgravaciones) ni intereses (se financian en el exterior) y además como no hay una normativa de apoyo de aguas arriba y – dado los costos – es improductiva la dinámica aguas abajo (RIGI), no hay derrame.
Economía de enclave. Tiempos de desahucio.
