La Asociación de Tenis Femenino (WTA, por sus siglas en inglés) atraviesa una de las crisis económicas más delicadas de su historia. La organización que administra el principal circuito profesional de mujeres proyecta cerrar 2026 con pérdidas operativas por US$ 23 millones y podría quedarse sin fondos durante el segundo semestre de 2027 si no consigue aumentar sus ingresos o reducir considerablemente sus gastos.
Según documentos internos citados por The Times, la WTA terminaría este año con una liquidez de apenas US$ 15 millones. La entidad no se encuentra formalmente en quiebra, pero la combinación de pérdidas sostenidas, reservas limitadas y compromisos comerciales próximos a vencer abrió serios interrogantes sobre la sustentabilidad de su actual estructura.
El desafío quedó en manos de Valerie Camillo, quien asumió la presidencia de la WTA a comienzos de 2026 en reemplazo de Steve Simon. La nueva conducción comenzó a revisar el presupuesto y ya aplicó medidas de austeridad, entre ellas una menor presencia de personal operativo en algunos torneos. El objetivo inmediato es contener el deterioro de las cuentas antes de que la falta de liquidez se convierta en una crisis de solvencia.
Valerie Camillo, presidente de la WTA. (Foto: GETTY)
La situación financiera contrasta con la exposición alcanzada por el tenis femenino, que cuenta con figuras internacionales como Aryna Sabalenka, Iga Swiatek, Coco Gauff, Elena Rybakina y Jessica Pegula. Sin embargo, la popularidad de sus principales jugadoras todavía no se traduce en ingresos suficientes para cubrir los costos del circuito y avanzar hacia la prometida equiparación de premios con la rama masculina.
Uno de los golpes más importantes fue la finalización anticipada del contrato para disputar las WTA Finals en Riad. El acuerdo con Arabia Saudita había comenzado en 2024, contemplaba tres ediciones y permitió que el torneo alcanzara una bolsa récord de US$ 15,2 millones en 2025. No obstante, la WTA y la Federación Saudita de Tenis decidieron interrumpir el vínculo después de dos temporadas.
La organización no atribuyó oficialmente la ruptura a un único motivo y presentó la salida como una decisión consensuada. El convenio había generado fuertes cuestionamientos de organizaciones defensoras de los derechos humanos y de referentes como Martina Navratilova y Chris Evert, quienes consideraban que la elección de Arabia Saudita entraba en contradicción con los valores históricos del circuito femenino.
Las WTA Finals de 2026 se disputarán en Indian Wells, California, entre el 8 y el 15 de noviembre. El cambio de sede supone una presión adicional para las cuentas de la asociación, que deberá asumir una mayor participación en la financiación del certamen mientras busca un anfitrión estable y económicamente rentable a partir de 2027.
La pérdida de ese acuerdo no es el único factor que amenaza los ingresos futuros. En 2023, CVC Capital Partners invirtió US$ 150 millones a cambio del 20% de WTA Ventures, la compañía creada para gestionar y explotar los derechos audiovisuales, comerciales y de patrocinio del circuito. Ese capital permitió financiar la expansión de la categoría, pero no resolvió sus desequilibrios estructurales.
Los desembolsos vinculados con esa operación llegarían a su etapa final durante 2027, por lo que la WTA necesita construir nuevas fuentes de ingresos capaces de reemplazarlos. La entidad deberá potenciar sus contratos de televisión, ampliar su cartera de patrocinadores y mejorar la explotación digital de sus torneos y jugadoras para evitar una mayor dependencia de aportes extraordinarios.
Elena Rybakina levantó el trofeo de las WTA Finals 2025, disputadas en Riad. (Foto: WTA)
La diferencia con el circuito masculino ayuda a explicar la magnitud del problema. En 2024, la WTA registró ingresos por US$ 142 millones, menos de la mitad de los US$ 294 millones generados por la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP). Esa brecha limita la capacidad de la entidad para incrementar premios y, al mismo tiempo, sostener los costos administrativos y operativos de una competencia global.
En ese contexto, volvieron a cobrar fuerza las conversaciones para avanzar hacia una estructura comercial conjunta entre la ATP y la WTA. El proyecto contemplaba agrupar derechos audiovisuales y comerciales para negociar con patrocinadores y plataformas desde una posición de mayor escala, pero las tratativas quedaron suspendidas por diferencias sobre el reparto de los ingresos.
Camillo rechazó las condiciones que habían avanzado durante la gestión de Simon al considerar que no protegían suficientemente los intereses del circuito femenino. Aunque una mayor integración podría reducir costos y fortalecer el producto frente a broadcasters y sponsors, por el momento no existe un acuerdo ni una negociación formal encaminada hacia una fusión completa.
Los ajustes también podrían terminar afectando el dinero distribuido entre las tenistas. Hasta ahora no se anunció un recorte generalizado de premios, pero dentro del circuito existe preocupación por la posibilidad de que algunas bolsas queden congeladas o pierdan valor durante las próximas temporadas. Para la WTA, reducirlas significaría aliviar gastos en el corto plazo, aunque también podría debilitar el atractivo deportivo y comercial de sus competencias.
La crisis no incluye directamente a los cuatro torneos de Grand Slam. El Australian Open, Roland Garros, Wimbledon y el US Open son administrados de manera independiente y cuentan con sus propios modelos de negocios, contratos comerciales y fuentes de ingresos. El riesgo se concentra en la estructura de la WTA y en los torneos que forman parte de su calendario regular.
Con pérdidas proyectadas por US$ 23 millones y una disponibilidad estimada de US$ 15 millones al finalizar 2026, la WTA quedó frente a una carrera contrarreloj para evitar que su crisis de liquidez se transforme en un problema estructural. La búsqueda de nuevos patrocinadores, la venta de derechos audiovisuales, una posible alianza comercial con la ATP y los recortes de costos aparecen como las principales alternativas para garantizar la continuidad del circuito más allá de 2027.
Aryna Sabalenka ya había reclamado una mayor explotación comercial del circuito femenino. (Foto: GETTY)
