En las últimas semanas, figuras del fútbol mundial como Erling Haaland, Rodrygo y Sergio Ramos volvieron a mostrar en sus redes sociales parte de las rutinas que realizan fuera de la cancha para recuperarse después de entrenamientos y partidos. Las imágenes exponen una transformación que atraviesa al deporte de alto rendimiento: el cuidado del cuerpo dejó de ser una tarea complementaria y pasó a ocupar un lugar central dentro de la preparación de los atletas.
Con calendarios más extensos, viajes constantes y períodos de descanso cada vez más breves, los deportistas incorporan herramientas destinadas a reducir la fatiga y llegar en mejores condiciones al siguiente compromiso. Entre ellas aparece la fotobiomodulación, una terapia basada en la aplicación de luz roja e infrarroja que gana presencia en clubes, centros especializados y hogares.
La tendencia también alcanzó a figuras de la Selección Argentina. Alexis Mac Allister incorporó esta tecnología a sus rutinas, mientras que Marcos Llorente se convirtió en uno de sus principales promotores dentro del fútbol europeo. El jugador del Atlético de Madrid es conocido por priorizar especialmente el cuidado físico y difundir prácticas poco convencionales, aunque algunas de ellas, como exponerse al sol sin protección, son desaconsejadas por los especialistas.
Esta tecnología utiliza longitudes de onda específicas, principalmente dentro de un rango de entre 600 y 1.000 nanómetros, capaces de penetrar en los tejidos sin provocar el daño asociado con la radiación ionizante. Su funcionamiento se vincula con la estimulación de las mitocondrias, responsables de producir buena parte de la energía celular mediante el adenosín trifosfato (ATP).
Haaland mostró en sus redes sociales cómo utiliza una cama de luz roja como parte de su rutina de recuperación.
Las investigaciones realizadas durante los últimos años sugieren que la exposición controlada a estas longitudes de onda puede contribuir a modular la inflamación, favorecer la circulación, aliviar determinadas molestias y acompañar los procesos de recuperación muscular. Sin embargo, sus resultados dependen del tipo de dispositivo, la dosis, el tiempo de aplicación y las características de cada persona, por lo que debe entenderse como una herramienta complementaria y no como un reemplazo de la atención médica o kinésica.
La fotobiomodulación también es estudiada por sus posibles beneficios sobre la piel. Algunos ensayos registraron un aumento en la producción de colágeno y mejoras en su textura, además de resultados favorables en el tratamiento de determinadas cicatrices y lesiones cutáneas. Su aplicación debe entenderse como una herramienta complementaria y no como un reemplazo de la atención médica o kinésica.
Uno de los investigadores más reconocidos dentro de este campo es Michael Hamblin, científico vinculado durante décadas a la Escuela de Medicina de Harvard. Sus trabajos ayudaron a explicar los mecanismos celulares que podrían encontrarse detrás de los efectos antiinflamatorios y regenerativos de la luz roja y la infrarroja cercana.
La evidencia disponible también estudió su aplicación en otras áreas. Algunos ensayos observaron resultados favorables en el alivio de molestias articulares y en la recuperación posterior al ejercicio, mientras que investigaciones dermatológicas registraron mejoras en la producción de colágeno y la textura de la piel. La Multinational Association of Supportive Care in Cancer, además, recomienda protocolos específicos de fotobiomodulación para prevenir o tratar la mucositis oral en determinados pacientes oncológicos. Esto no implica que cualquier dispositivo doméstico tenga una indicación médica equivalente, ya que los parámetros y controles empleados son diferentes.
En Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) autorizó dispositivos concretos de luz roja o infrarroja para usos determinados, como el alivio temporal del dolor, la rigidez y los espasmos musculares. La aprobación, sin embargo, se realiza sobre cada equipo y finalidad declarada, y no representa una validación general de todos los productos disponibles en el mercado.
Durante años, estas soluciones permanecieron concentradas en clínicas, centros de rehabilitación y estructuras deportivas profesionales. La evolución del diseño y la reducción de los costos permitieron que comenzaran a trasladarse hacia rutinas cotidianas de bienestar.
Marcos Llorente utiliza la luz roja como parte de su exigente rutina de recuperación física.
En la Argentina, una de las compañías que busca capitalizar esta expansión es Boss Recovery, una firma de wellness tech fundada en 2021 por Francisco Bartoli y Tomás Michael. El proyecto comenzó con una inversión de US$ 100.000, luego de que sus creadores detectaran el crecimiento que tenía la industria del bienestar en Estados Unidos, especialmente en los segmentos relacionados con el deporte profesional y la recuperación física.
Desde aquel desembolso inicial, la empresa logró escalar su negocio hasta cerrar 2025 con una facturación cercana a los US$ 12 millones, lo que representó un crecimiento interanual de aproximadamente el 400%. Su expansión estuvo impulsada por una estrategia de vinculación con deportistas reconocidos: la adopción por parte de atletas de alto rendimiento funcionó como una vidriera para acercar sus desarrollos a un público más amplio.
«Lo que hoy vemos en las redes de las grandes figuras del fútbol mundial confirma algo que en Boss Recovery venimos observando hace tiempo: la recuperación con luz infrarroja dejó de ser exclusiva de la élite deportiva para instalarse como un hábito cada vez más habitual», explicó Pedro Santos Mendiola, jefe de Marketing de la compañía.
Entre los futbolistas vinculados con la marca se encuentran Leandro Paredes, Lisandro Martínez, Cristian «Cuti» Romero, Valentín Barco y Enzo Fernández. La nómina también incluye a Marquinhos, Brahim Díaz, Marcelo, Giuliano Simeone, Pedro Porro e Ivan Rakitic, además de atletas de otras disciplinas como Francisco Cerúndolo, Iga Swiatek, Nick Kyrgios, Filipe Toledo, Luciano Benavídes, Emiliano Grillo, Santiago Ponzinibbio, Juan Cruz Mallía, Adolfo «Poroto» Cambiaso y Bartolomé Castagnola.
La compañía también avanzó mediante acuerdos institucionales y la instalación de espacios de bienestar en clubes como River, Boca, Independiente y Rosario Central, con sistemas de compresión, frío, calor, vibración y masaje destinados a complementar el trabajo de los cuerpos médicos y las áreas de alto rendimiento.
Dentro de su catálogo, Boss Recovery ofrece equipos como Rise Boots, un sistema de compresión secuencial con activación térmica pensado para las piernas; Restore, un panel corporal de fototerapia con luz roja de 660 nanómetros e infrarroja cercana de 850 nanómetros; y Restore Mini, una versión compacta destinada a aplicaciones localizadas. También desarrolla Boss Heat, basado en la utilización del calor como parte de las rutinas de relajación y recuperación.
La propuesta no apunta únicamente a deportistas profesionales. La empresa busca llevar tecnologías antes asociadas con el alto rendimiento a hogares, oficinas y espacios compartidos, en respuesta a problemas cotidianos como el estrés, el sedentarismo, la fatiga y la sobrecarga física. El objetivo comercial es convertir la recuperación en un hábito de bienestar y ampliar un mercado que durante años estuvo reservado a atletas y centros especializados.
La irrupción de estos dispositivos refleja un cambio más amplio dentro y fuera del deporte. En un contexto en el que el rendimiento depende tanto del entrenamiento como de la capacidad de recuperarse, la tecnología aplicada al descanso, la prevención y el cuidado físico se convirtió en un nuevo terreno de competencia para clubes, atletas y empresas.
