El US Open fue escenario del fin de una racha que acompañaba al tenis masculino desde el nacimiento de los torneos de Grand Slam. La derrota de Stefanos Tsitsipas ante el estadounidense Ben Shelton no solo marcó la eliminación del griego, sino también la desaparición del último revés a una mano que permanecía en competencia en Nueva York.
Shelton, número 8 del ranking ATP, se impuso con autoridad por 6-2, 6-3 y 6-4 en los octavos de final. El partido terminó con una imagen cargada de simbolismo: ante el saque del estadounidense, Tsitsipas devolvió largo justamente con su revés a una mano y dejó escapar la última posibilidad de sostener una marca iniciada hace casi un siglo y medio.
Por primera vez desde 1877, una temporada concluirá sin ningún jugador con revés a una mano entre los semifinalistas de alguno de los cuatro Grand Slams. El dato requiere una precisión: no significa que todos los grandes disputados durante estos 149 años hayan contado con un representante de esa técnica entre los cuatro mejores, sino que nunca Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open habían completado una misma campaña sin ninguno.
El último encargado de defender la racha fue Tsitsipas, quien incluso había bromeado sobre la dimensión del desafío antes de salir a la cancha. «Tengo una racha de 150 años que salvar», escribió en sus redes sociales. Su recorrido, sin embargo, terminó frente a la potencia de Shelton, que ahora se medirá con Carlos Alcaraz por un lugar en las semifinales.
I’ve got a 150-year streak to save.— Stefanos Tsitsipas (@stefanos) September 5, 2026
No se trataba de un jugador cualquiera utilizado para completar una estadística. Tsitsipas fue número 3 del mundo, permaneció cinco temporadas consecutivas dentro del Top 10, ganó el Masters de fin de año y disputó dos finales de Grand Slam. En Roland Garros 2021 llegó a estar dos sets arriba antes de perder con Novak Djokovic, quien también lo venció en la definición del Abierto de Australia 2023.
Su presente es muy diferente. El griego cayó hasta el puesto 53 del ranking y lleva varias temporadas sin recuperar el nivel que alguna vez lo proyectó como uno de los posibles herederos del denominado Big Three. Aun así, su avance hasta la segunda semana del US Open lo había convertido, casi sin buscarlo, en el último guardián de una técnica que pierde presencia dentro del circuito profesional.
La advertencia más contundente había llegado el 19 de febrero de 2024. Luego de la salida de Tsitsipas, por primera vez desde la creación del ranking ATP en 1973, ninguno de los diez mejores jugadores del mundo utilizaba el revés a una mano. La tendencia se profundizó y, al 31 de agosto de 2026, solamente cinco integrantes del Top 100 conservaban ese golpe: Lorenzo Musetti, Denis Shapovalov, Tsitsipas, Daniel Altmaier y Aleksandar Kovacevic.
La histórica racha estuvo cerca de sobrevivir en el Abierto de Australia. Musetti ganaba por dos sets ante Djokovic en los cuartos de final y necesitaba uno más para convertirse en el único semifinalista con revés a una mano de la temporada, pero una lesión lo obligó a retirarse y terminó con aquella posibilidad.
Durante décadas, el golpe estuvo asociado con algunos de los mejores tenistas de la historia. Desde que comenzó a elaborarse el ranking ATP, 11 de los primeros 28 jugadores que alcanzaron el número uno utilizaron una sola mano: Ilie Nastase, John Newcombe, John McEnroe, Ivan Lendl, Stefan Edberg, Boris Becker, Thomas Muster, Pete Sampras, Patrick Rafter, Gustavo Kuerten y Roger Federer.
Federer fue su principal exponente contemporáneo, mientras que su compatriota Stan Wawrinka prolongó su vigencia al conquistar el Abierto de Australia 2014, Roland Garros 2015 y el US Open 2016. Gastón Gaudio, Dominic Thiem y otros campeones también demostraron que esa técnica podía conducir hasta los títulos más importantes, pero el escenario cambió con la evolución física y táctica del deporte.
La elegancia del revés a una mano de Federer. Para muchos expertos, fue el mejor de todos los tiempos. (Foto: AP)
El revés a dos manos ofrece más fuerza, estabilidad y control, especialmente durante las etapas de formación. También permite absorber con mayor facilidad una pelota pesada, defender en movimiento, responder servicios potentes y controlar los golpes que suben por encima del hombro. Por ese motivo, los entrenadores suelen enseñarlo desde edades tempranas y los resultados aparecen con mayor rapidez.
El revés a una mano exige más coordinación, una preparación más extensa y un punto de impacto preciso. En un circuito caracterizado por la velocidad de los intercambios, la potencia de los jugadores y el predominio del juego desde el fondo, disponer de menos tiempo representa una desventaja cada vez mayor.
La técnica clásica todavía conserva algunas virtudes: ofrece mayor alcance, favorece la ejecución del slice y facilita la transición hacia la volea. El problema es que esas cualidades responden parcialmente a un tenis en el que las aproximaciones a la red tenían mucha más presencia. Con el paso de las décadas, el juego se desplazó hacia peloteos más largos e intensos desde la línea de base.
Hasta quienes mantienen vivo el golpe reconocen esa diferencia. Musetti admitió que el revés a dos manos proporciona una ventaja dentro del tenis moderno, mientras que Federer relacionó el fenómeno con los cambios en las raquetas, las cuerdas, las pelotas y las superficies, además de la menor atención que actualmente reciben las transiciones y las voleas durante la formación.
Existe también un efecto generacional. Durante años, los jóvenes podían observar a Sampras, Federer, Wawrinka o Thiem y comprobar que era posible ganar un Grand Slam con una sola mano. Ahora miran a Alcaraz, Jannik Sinner, Djokovic y a casi todos los integrantes de la elite: el 95% de los 100 mejores del mundo ejecuta el revés con las dos manos.
La derrota de Tsitsipas confirmó así una transformación que llevaba varios años gestándose. Después de 149 temporadas, Australia, Roland Garros, Wimbledon y el US Open terminarán sin un solo tenista con revés a una mano entre sus semifinalistas. Quizás todavía sea temprano para decretar la muerte definitiva de uno de los golpes más elegantes del deporte, pero su lugar en la elite nunca había sido tan reducido.
Tsitsipas perdió con Shelton y terminó con una racha vigente desde 1877. (Foto: Reuters)
