Corría septiembre de 2023 y Javier Milei ya no era un candidato outsider más. Tras su sorpresiva victoria en las PASO, se encaminaba a una batalla final contra el peronismo en el camino a la Casa Rosada. En ese marco, le concedió una entrevista al comentarista político de extrema derecha Tucker Carlson en la que dejó una más de sus tantas sentencias. «No solo no voy a hacer negocios con China, no voy a hacer negocios con ningún comunista», dijo Milei alzando la voz.
El tiempo -además de la necesidad de inversiones y financiamiento- fue aflojando aquella retórica. Apenas un año después, ya como presidente en una entrevista con Susana Giménez, Milei descubrió que China era «un socio comercial muy interesante». «No exigen nada, lo único que piden es que no los molesten», dijo en esa ocasión.
Esa serpenteante relación se mantiene hasta hoy en el marco de un gobierno tironeado entre los beneficios que aporta China como inversor, financista y socio comercial, y el lobby cada vez más notorio de la administración de Donald Trump dirigido a minimizar la influencia del gigante asiático entre sus socios regionales.
«En términos diplomáticos, la relación entre Argentina y China es fría, pero correcta, mientras que en lo económico, más allá de las ideologías, la relación avanza por inercia: se puede postular no querer hacer negocios con China, pero luego la realidad se impone», dijo a El Economista Patricio Giusto, director ejecutivo del Observatorio Sino-Argentino. «El gobierno busca avanzar por un camino estrecho entre las necesidades económicas y las presiones de Estados Unidos, pero más que nada cediendo y expresando un alineamiento total con el gobierno de Trump, lo que lleva a que empiecen a aparecer conflictos concretos», agregó.
La medida más concreta que refleja en los hechos el alineamiento político y económico del gobierno de Milei con la Casa Blanca es la imposición de las denominadas «cláusulas anti-China» en grandes licitaciones. En respuesta al fuerte lobby estadounidense, los pliegos de Belgrano Cargas y Logística, la Hidrovía del Paraná y el proyecto eléctrico AMBA I incluyeron entre sus condiciones una restricción que impide participar a empresas controladas por estados extranjeros. Aunque sea general, esa condición parece apuntar directamente contra la participación china.
En todo caso, la injerencia estadounidense no se limitó a esas cláusulas. A mediados de agosto directivos de la cooperativa eléctrica CALF, de Neuquén, denunciaron ante el Congreso de la Nación aprietes de Estados Unidos tendientes a que dieran de baja un acuerdo tecnológico con la empresa china Huawei para el tendido de fibra óptica y la proyección de un centro de datos en Vaca Muerta. Según el embajador estadounidense, Peter Lamelas, ese acuerdo representa un riesgo directo para la seguridad de los datos críticos y la seguridad nacional dado que Huawei está obligada a cooperar con los servicios de inteligencia de Beijing. Lamelas amplió la mira a otras compañías chinas como ZTE, Hikvision, Hytera, Dahua y dji.
La ola china no paraEl lobby estadounidense en contra de las empresas chinas es ejercido a cielo abierto en Argentina, pero eso no implica -ni mucho menos- que la ola de inversiones, financiamiento y comercio de China se haya frenado. «La injerencia inaceptable de un embajador extranjero generó mucho rechazo no solo del sector político, sino del privado dado que se mete curiosamente en un asunto entre privados, uno de los dogmas de la visión libertaria», dijo Giusto. «Sin embargo, más allá de las cláusulas en los pliegos de licitación, las empresas chinas en general están aprovechando los marcos de promoción de las inversiones que lanzó el gobierno de Milei», añadió.
En un contexto de caída de la Inversión Extranjera Directa (IED) -se derrumbó 73% interanual en 2025, según la Organización y la Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE)-, las inversiones de capital de riesgo lideradas por empresas chinas en sectores como la minería, las telecomunicaciones, las plantas industriales y los parques de energía eólica se vuelven cada vez más relevantes para la economía argentina. «Si se analiza, por ejemplo, la minería, las empresas chinas son las que más han invertido en la era Milei», señaló Giusto.
Ganfeng Lithium, por ejemplo, tiene la principal participación accionaria en Cauchari-Olaroz, uno de los mayores proyectos de litio del país. La particularidad es que, a contramano de la retórica, el consorcio liderado por la empresa china obtuvo la aprobación oficial para que la expansión de esa iniciativa pueda adherirse a los beneficios del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI). Las ventajas impositivas, aduaneras y cambiarias del RIGI también impulsan a Zijin Mining, empresa china que produce litio en el Salar Tres Quebradas, en Fiambalá, Catamarca.
En el comercio, tampoco la relación parece haberse resentido. Entre enero y julio de este año, las exportaciones a China sumaron U$S 5.589 millones, un aumento de 36,7% con respecto a igual período de 2025. En tanto, luego de un salto del 54% registrado el año pasado, las importaciones totalizaron en los primeros siete meses del año U$S 9.495 millones, una caída de apenas el 2,6% interanual producto del estancamiento del consumo y de la actividad.
El boom de las importaciones de bienes finales se percibe, por ejemplo, en la proliferación de locales chinos de bazar y regalería en Buenos Aires y otras ciudades del país. A eso se agrega que siete de cada diez prendas importadas provienen de China, en muchos casos a partir de compras en plataformas como Shein y Temu. Gran parte de esa invasión fue propiciada por el gobierno de Milei con la ampliación en diciembre de 2024 de los límites a las compras online en el exterior. La medida incrementó de U$S 1.000 a U$S 3.000 el monto máximo permitido por paquete en las importaciones eventuales (courier) y el régimen de pequeños envíos, además de que las compras de hasta U$S 400 para uso personal quedaron exentas de aranceles.
Con eso, las importaciones vía courier explotaron. Según la consultora Analytica, en junio pasado ascendieron a U$S 125 millones, un salto del 641,5% con respecto al mismo mes de 2024, antes que de que entrara en vigencia la actual norma. Analytica señaló que «las importaciones a través de los servicios postales representan el 40% de lo que se vende en indumentaria, artículos deportivos, electrónicos, amoblamientos, decoración y juguetes en los más de 70 centros comerciales (más de 6.000 negocios) que releva el Indec en la encuesta de centros de compras de todo el país, cuando en 2024 era menos del 10%».
El avance chino incluye hasta ciudades modulares. El caso más resonante es el del Proyecto Vicuña, en San Juan, una iniciativa minera que importará una ciudad para albergar a unos 5.000 trabajadores. En junio pasado, el consorcio liderado por PowerChina, junto a Beijing Chengdong y la firma santafesina RAFA S.A., obtuvo el contrato para importar desde China una ciudad construida a partir de módulos prefabricados con estructura de acero, que se ensamblan y apilan en la montaña, listos para su uso.
En cambio, donde sí hubo un quiebre es en la cooperación científica y tecnológica estatal. A fines del año pasado, el gobierno interrumpió el desarrollo del radiotelescopio argentino-chino (CART), un proyecto impulsado desde 2015 por la Universidad Nacional de San Juan, el CONICET y la Academia China de Ciencias en el Parque Nacional El Leoncito, en San Juan. La iniciativa debía inaugurarse en marzo de este año, pero la falta de renovación del convenio binacional y la retención de equipos en la Aduana dejaron la construcción paralizada.
«Argentina se ha pegado varios tiros en los pies cuando redujo a prácticamente a cero la cooperación internacional en términos científicos y tecnológicos, muy especialmente la cooperación educativa», dijo a El Economista Gustavo Girado, director de la Carrera de Posgrado de Especialización en Estudios en China Contemporánea en la Universidad Nacional de Lanús (UNLa). «No solo por el Observatorio de San Juan, sino porque muchos planes de trabajos de investigación para hacer en forma conjunta fueron desarmados», añadió.
Entre las resistencias iniciales y las necesidades actuales, el gobierno de Milei mantiene con China una relación mucho más cercana en los hechos que en lo discursivo, un escenario que volvió a evidenciarse en agosto pasado con la renovación del swap de monedas por cinco años. «El swap es indispensable para mantener las reservas en determinado nivel, y, a pesar de las presiones del Departamento de Estado de Estados Unidos para que Argentina rompiese el acuerdo de intercambio de monedas que el país tiene con China, el gobierno no lo hizo», dijo Girado. «La posición del gobierno argentino con respecto a China no se trata de pragmatismo, sino de necesidad», agregó.
