Mitos y verdades de la nueva TV

¿Es gratis el fútbol? No. En muchos lugares del país (de Clorinda a Pico Truncado, pasando por Río Cuarto y Chamical) hay que estar suscripto a un sistema de videocable para ver Canal 7 y las otras señales abiertas. Sólo con el paso del tiempo sabremos cuántas personas de la Capital y el Gran Buenos Aires cancelaron su abono ante esta libre disponibilidad del juego por la televisión abierta. De todas maneras, el concepto de “fútbol gratis” apunta pertinentemente a la desaparición del codificado, de pagar para ver cinco partidos, entre ellos los de Boca y River.

¿El fútbol es para todos? Todavía no. Hay un 10% de habitantes que no tiene televisor porque no le llega ninguna señal. LS 82 TV Canal 7 presenta 293 repetidoras por el territorio nacional. No le alcanza para cubrir todo el país y debe modernizarse tecnológicamente para estar a la altura del desafío. En Santa Fe, los transmisores tienen 20 años de antigüedad y emiten una señal muy débil. En los partidos con dúplex, la imagen del 7 salió perjudicada con relación a la de su “compañera”. Desde el Comfer, aseguran que todo cambiará cuando, en marzo de 2010, se instale el nuevo sistema satelital estatal con diez señales propias, incluida la del fútbol. Derribados los eslóganes de fútbol gratis y para todos, se impone una conclusión muy positiva: hay una puerta de acceso al fútbol mucho más grande. Este fin de semana, muchos más argentinos vieron en directo los partidos de la primera fecha del Apertura 09 y no tuvieron que esperar hasta las 10 PM del domingo para ver los goles.

Se escucharon otras voces en relatos, comentarios y análisis, a cargo de ex futbolistas. Bienvenida la diversidad. Las transmisiones mostraron mucho juego, sin tanto detalle de técnicos e hinchadas. La pantalla estuvo despojada de comerciales (¿no extrañaron las zapatillas de Zanetti?). Con más resúmenes de la fecha por TV abierta, ahora hay competencia. Sin la exclusividad, será necesario aportar capacidad y valor agregado para enriquecer los programas. El cachetazo no viene mal en un medio donde creemos que el rating es de los periodistas y no del fútbol. El juego es mucho más importante que cualquiera de nosotros.

Pasó la primera fecha con números de rating altísimos (Boca llegó a los 21 puntos de pico sumados América y el 7). Sin embargo, deja una luz amarilla de alerta. Si no se establecen algunas reglas con relación al uso de los contenidos, se corre el riesgo de saturar con el fútbol. TN pasó el primer gol de Godoy Cruz ante GELP apenas un minuto más tarde que el remate de Jara. Los sitios de internet de Clarín e Infobae también reprodujeron al instante los goles, aun antes de que finalizara el partido en cuestión. Los noticieros deportivos del cable emitieron largos compactos de los encuentros. La fragmentación de la fecha en diez franjas horarias distintas huele a exageración. Ya era demasiado el esquema anterior con siete u ocho espacios distintos. Con este nuevo orden de fútbol por TV abierta, no hay restricciones externas (como el codificado) para ver los partidos. Si uno no los ve es porque no quiere o elige hacer otra actividad en ese momento del día. Ofrecer los goles a toda hora y en todos los canales puede quitarle audiencia a la transmisión en vivo. El deporte también se alimenta con el deseo, con la expectativa. Comer todos los días el plato más rico también cansa.

El cambio fue muy brusco respecto del esquema anterior; de un extremo a otro. Pasamos de esperar hasta las 10 PM del domingo a verlos miles de veces en todos los canales. En este país de compulsivo consumo futbolero, hace falta una regulación de los contenidos para cuidar y proteger el producto. Definir quién, cuándo, cómo y dónde puede pasar los goles. El jueves pasado, la Presidenta aludió al secuestro de los goles y lo vinculó con los desaparecidos. Con todo respeto, creo que cometió un error no forzado, manoseando los derechos humanos. Además, a su lado estaba Julio Grondona, presidente de AFA desde 1979 (año de dictadura). Ovacionado por cadena nacional, el entregador de los goles cobraba por esta concesión 14 millones de pesos anuales sin hacer ninguna coparticipación de ese dinero con los clubes.

Grondona no escarmienta. No permitió que los asesores legales de los clubes se llevaran una copia del borrador del contrato. Les dio cinco minutos para que lo revisaran y listo. Todavía no sabemos cómo será la distribución del dinero entre las instituciones. Pero la AFA no podrá esconder el documento durante mucho tiempo. Su socio es el Sistema Nacional de Medios Públicos y el contrato podrá ser leído por cualquier persona que lo pida. Ojalá sea subido al sitio oficial de la Jefatura de Gabinete para cumplir con una de las premisas enunciadas por Cristina: la transparencia. “El fútbol es un gran negocio con ganancias extraordinarias”, dice otro eslogan. Depende de para quién. No todos ganan con el fútbol. ISL, una empresa de marketing que Grondona conocía muy bien por su vínculo con la FIFA, quebró escandalosamente. Muchos clubes argentinos están fundidos por malas administraciones. Por ejemplo, uno muy grande incluyó para maquillar su presupuesto 2009/10 un ingreso de 55 millones de pesos en concepto de ventas futuras que no sabe si va a generar.

¿Quién controlará a los dirigentes de los clubes en la administración de estos nuevos recursos? Descartemos al fantasmal Tribunal de Cuentas. Más allá de las promesas de Grondona, la AFA ya ha demostrado su incapacidad y su desidia para controlarse a sí misma. El Estado puede hacerlo a través de la Inspección General de Justicia. Sin embargo, la IGJ ha sido denunciada por la diputada Delia Bisutti y la Fundación Salvemos al Fútbol a raíz de su no intervención en el asunto. Pero ahora el Estado pone mucho dinero y debería averiguar para qué se usa y en qué se gasta. Son 600 millones de pesos anuales más una fuerte inversión en producción para generar las señales. A diferencia de TSC, no recibirá dinero con la parte proporcional de los abonados al cable. Tampoco licitará los partidos. Se los entregará a América, Canal 9, Telefé (si quiere) y se quedará con cuatro juegos, entre ellos el más importante. La venta de publicidad estará a cargo de una Unidad de Coordinación entre la AFA y el Estado. Según el tarifario vigente, con precios que van de los 600 a los 2000 pesos el segundo, cualquier ecuación que se haga no alcanzará para recuperar la inversión. Por ejemplo, una venta anual de 1000 segundos de promedio por partido (16 minutos, una barbaridad casi imposible) entre la tanda y los zócalos de pantalla generaría un ingreso de 350 millones de pesos. Monto muy pero muy optimista, no sería suficiente para cubrir la inversión inicial. Los socios confían en generar más ingresos con la comercialización con la telefonía celular, un nicho de negocio aún no explorado. De todas maneras, será difícil que Claudio Morresi, secretario de Deporte, reciba dinero procedente de las ganancias para la promoción del deporte olímpico. En lugar de enfocarse en la valiosa renta social que una política de Estado debe promover, el Gobierno sigue hablando de un gran negocio cuando, en realidad, no hay mercado para recuperar ese volumen de dinero.

Para finalizar, una confesión. Han sido los 45 días más intensos en mis casi 20 años de carrera. Días de poner el cuerpo desde una posición difícil pero muy interesante, casi ideal. Días de debates ardorosos y de chicanas cruzadas. Pero si hay una lucha que vale la pena, es la de los argumentos para defender una idea. En el medio de una pelea entre Frankenstein y Drácula, no hay manera de evitar la trompada. Pertenecer tiene sus privilegios y sus costos. Y está bueno asumirlos. Al fin y al cabo, este lugar tampoco es gratis.